08 noviembre 2009

El golfo de los Poetas de Fernando Clemot

«Notamos que se ha vuelto frágil nuestra osamenta cuando empezamos a recelar de cualquier caída, debe de existir un instinto que nos dice que nuestros huesos ya no son elásticos, que el cartílago se ha ido transformado en piedra y leña, pronto en cristal, que debemos obrar con cautela en los gestos que ejecutábamos sin pensar». Página 17.

«La calima había deshecho la lluvia de la tarde y al acercarnos al barranco vimos que la luna asomaba entre una celosía de nubes. Relucía preñada como una becerra, nos miraba, hay algo de mágico en los ojos de una embarazada, hinchada de blanco estaba aquella luna, luz mil veces repetida en el socavón de las canteras de mármol».
Página 28.

«Dios nos libre de la sinceridad de los amigos, Val, de sus palomas mensajeras y sus repartos de culpas, de los necios con sus aduanas e impuestos, de las estúpidas verdades de la gente decente».
Página 46.

«...la propiedad es el cordón umbilical que nos une al mundo, nos radica en él… Nuestra vida es una lucha por aumentar nuestro ejército de pertenencias. Somos fieros aprendices de conquistadores, cuantas más posesiones mayor ambición, narcisos que desean ver su reflejo en multitud de aguas. Si pudiéramos seguiríamos llevándonos ese patrimonio a la tumba, como en Etruria o Egipto, no para disfrutar de él sino para que no volviera a pertenecer a nadie».
Páginas 104-105.

«El esqueleto es un hermano mayor sabio y hermético, probablemente no sea el hombre más que una oscura edad en el largo devenir de los huesos».
Página 184.

Una novela que, al poco de empezar (página 8) te «ataca» con las siguientes palabras:

«Se deshace todo lo humano como un trozo de pan seco y ni el arqueólogo más tenaz encontraría un resto de legiones en el lago Trasimeno, ni balas o morteros en Anzio o en Montecassino; todo queda cubierto de zarzales y sotobosque… La naturaleza es más sabia que el hombre y no gusta de recuerdos, tritura lo que no le sirve, hace abono y siembra de sus muertos, vapor de sus lamparones»


es, sin duda alguna un reto para la fortaleza del lector. El golfo de los poetas cuenta una historia que ya ha sido desmenuzada otras veces, pero, como diría Poe si hubiera nacido en los noventa de nuestro siglo, «el secreto está en la forma». Porque la manera de relatarnos esas circunstancias que ya inspiraron a otros es sumamente peculiar. Quizá porque el narrador es un alcohólico que, tras un accidente, ha sufrido daños en el hipocampo y pierde la memoria reciente. Aunque en más de un momento de la novela cabe la pregunta de si es el accidente o su propio organismo el que le impide recordar el pasado más fresco, y por tanto la herida todavía dolorosa. Las cicatrices antiguas parecen arañar nuestra piel con los cambios de tiempo, los cumpleaños y las fechas determinadas, pero se trata de un ruido sordo, lejano, por mucho que en su día fuera una sutura infectada y purulenta. El pasado emponzoñado llama a la puerta con cierta niebla en el puño. Sin embargo el ayer que se toca con la mano todavía sangra.

Hace días, al reseñar Todas las maldiciones del mundo, comentaba los libros que hablan de la pérdida de la memoria. Aún podré añadir un tercero en breve a esta lista, si las circunstancias me lo permiten, pero la grandeza de la Literatura es comprobar los diferentes enfoques y puntos de partida que toma cada autor.

Fernando Clemot
parece influido por la figura del escritor dado a los excesos: alcohólicos, sexuales… todo lo material o bestial que subyace en el ser humano y que es tan ser humano como su parte más elevada. Surgen en la mente Hemingway, Bukowski, y la Generación Beat al completo. Juega con la bisexualidad cuando la inminencia del deseo lo domina todo, y sugiere pasados de noches de juerga y noches gloriosas que quedarán para siempre en la telaraña del alcohol sin que nadie pueda rescatarlas.

Hay muchos aciertos en esta obra sobre la memoria: el concepto de las «ideas bisagra»; la estructura en siete días, como los que tardó Dios en crear el mundo y descansar; la localización en Carrara y en el llamado Golfo de los Poetas, siempre sugerentes y que le permiten imágenes sensuales muy poéticas rezumantes de fluidos; la crudeza y dulzura combinadas en dosis de acertado equilibrio; el combate psicológico del hombre contra sí mismo y su naturaleza…

La historia transcurre por los lentos cauces del tren antiguo, no por las rápidas autopistas contemporáneas sin límite de velocidad, dejándonos observar el paisaje exterior e interior del protagonista, auténtico laberinto de barrancos por el que resulta fácil caer a las playas de riscos. Por eso mismo la historia no está llena de acción, sino de un lento transcurrir por las imágenes grabadas en la mente obsesiva y adicta del protagonista.

Un libro para deleitarse con la escritura. Un libro para sufrir el progresivo descenso de un ángel oscuro que arrastra con sus metálicas alas el recuerdo, el presente recién acontecido y todo cuanto se encuentra a su paso, incluido pedazos de cielo.

Guillermo Arroniz
El Libre Pensador

Fernando Clemot gana el Setenil 2009


Fernando Clemot gana el premio Setenil 2009 al mejor libro de cuentos publicado en España.

El jurado del VI Premio Setenil acordó conceder el galardón a Fernando Clemot por su libro Estancos del Chiado, publicado por Paralelo Sur Ediciones, de Barcelona. El jurado estuvo compuesto por Javier Tomeo, José María Pozuelo Yvancos, José Belmonte Serrano y Manuel Moyano. El premio lo concede el Ayuntamiento de Molina de Segura (Murcia), tiene una dotación de 12.000 euros, e incluye también la inserción de anuncios en prensa, así como la edición de una separata con uno o varios relatos del ganador.

Los finalistas del premio han sido:
Juan Carlos Márquez, Oficios, Castalia.
Juan Bonilla, Tanta gente sola, Seix Barral.
Arturo Enríquez, El espacio alrededor, De la luna libros.
Juan José Millás, Los objetos nos llaman, Seix Barral.
Juan Ramón Santos, Cuaderno escolar, Editora Regional de Extremadura.
Vicente Molina Foix, Con tal de no morir, Anagrama.
Jon Bilbao, Como una historia de terror, Salto de Página.
Fernando Clemot, Estancos del Chiado, Paralelo Sur.
Carlos Salem, Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, Escalera.
Andrés Pérez Domínguez, El centro de la tierra, Paréntesis.

Fernando Clemot, acaba de publicar su primera novela, El golfo de los Poetas con Barataria.
Con sus relatos ha obtendido premios como el Julio Cortazar del Instituto Cubano del Libro en 2006, el Ciudad de Cádiz en 2006 y el Premio Internacional de la UNED 2003.
Colabora también en revistas literaria como Quimera, Barcarola, Literaturas, Paralelo Sur, La Jiribilla, El Otro Mensual y La Siega.
El golfo de los Poetas, ha sido finalista de los premios Ateneo de Sevilla y Ciudad de Logroño en 2008.

02 noviembre 2009

El golfo de los Poetas de Fernando Clemot

Fernando Clemot consigue embriagarnos por completo con su libro El golfo de los poetas. Siempre queremos más, unas palabras, unas páginas. Cuesta soltarlo. Es como el trago ardiente que espera su protagonista, aquel que le hará sentirse mejor. La espera para retomar su lectura se convierte en una angustia vital. Consigue que su personaje Leo Carver nos hipnotice y cautive mediante su personalidad de despojo humano. No hay muchos alcohólicos, adictos al sexo y a las drogas en la literatura con su fina mirada y su afilada autocrítica, paradójicamente sobrio en la definición de los detalles, que tristemente olvidará en unos minutos.
El catalán ha escrito un libro maduro, adulto, aspero como el primer empellón a la botella. Exigente consigo mismo vierte en la almazara de su composición un vocabulario denso, oleoso, pocas veces sucio, del cual exprime y extrae un rico lenguaje armoniosa, ordenado, fabricado con frases largas pero sostenidas y párrafos plenos de reflexiones entrelazadas. Una estructura clásica que sin embargo soporta una novela moderna, actual, viva y audaz.
Siete días de vacaciones en Italia con Leo Carver, escritor en línea descendente, con su vida al borde del abismo, llevada al límite de la autodestrucción, pero sin atisbo de suicidio. Treinta años antes aquel mismo lugar supuso un amargado hito en su existencia. Val su amante de dos meses aparece con su pelo rizado y su pecho breve y un poco vencido en cada esquina, en cada rayo de sol, en cada curva de otra mujer. Los recuerdos de entonces regados con el alcohol actual queman la mortaja que le supone su cuerpo hinchado y premuerto por los abusos. Rocío su mujer actual molesta más que ayuda, mientras el único consuelo de cincuentón que le queda es la vitalidad de su hija Selma.
Su enfermedad de hipocampo le impide recordar lo reciente, lo diario. No obstante a nosotros nos lo cuenta en alta definición sin enturbiarlo con su estado ebrio. Anna, una jovencita admiradora, Molisse, el administrador de la casa, Walter, un antiguo compañero de los años de Val, junto con Rubén su editor, suponen las etapas alternadas mil veces, los secundarios de la maraña de presente y pasado bañados en coñac y tabaco, en sexo y arena, en realidad y fantasía de una búsqueda incoherente y sin sentido.
Con esto nos bastaría, Clemot habría conseguido un libro superior a la media. Pero su talento abunda aún más y la resolución documental del affaire de hace tres décadas junto con el último escorzo sobre el vacío que redefine todo lo anteriormente leído, elevan el nivel y el interés, para subyugarnos y atarnos al infierno emocional que atormenta al personaje de Leo.
Tensión sostenida y creciente, elegancia de estilo, composición armoniosa y un personaje que debería hacer historia, tienen su comunión en un texto que difícilmente olvidaremos, no apto para cualquiera, amargo, seco, duro, estriado y cortante hasta la hemorragia, pero del que un paladar gourmet literario sabrá extraer y destilar hasta la última gota de una esencia única.

El Placer de la Lectura

28 octubre 2009

El golfo de los poetas de Fernando Clemot


Clemot recorre «El golfo de los Poetas» en clave de novela.


El escritor barcelonés publica su primera novela en el sello Barataria.


Mucho ha rodado la primera novela de Fernando Clemot, El golfo de los Poetas, antes de encontrar su destino en la imprenta. Finalista de premios prestigiosos Ateneo de Sevilla y Ciudad de Logroño, ha sido finalmente la editorial Barataria -que no se caracteriza precisamente por tener mal olfato en la caza de talentos- el sello que la ha sacado a la luz.
Barcelonés de 1970, este joven escritor bien conocido en varios galardones literarios de toda España -ha obtenido entre otros el Julio Cortázar, el Ciudad de Cádiz y el UNED- y asiduo colaborador de revistas como Quimera, Barcarola o Literaturas, se atreve con la narrativa de largo aliento con profundidad, estilo propio y no poco aliento lírico.
«Siempre hay un tiempo en que todas nuestras expectativas parecen prestas a colmarse; esta ahí, guardamos una estación hermosa en cada uno de nosotros, un lienzo de paraíso, una edad feliz en que cada paso parece destinado a lo sublime». Con estas palabras arranca El golfo de los Poetas, una novela que discurre, en palabras de Jordi Gol Corzo, paralela a dos ejes temáticos principales: la memoria y el absurdo existencial.
El protagonista es Leo Carver -en cuyo apellido tal vez quepa reconocer un homenaje implícito al maestro americano del relato corto-, una figura lúcida que, lejos de aceptar la ausencia de sentido de la vida, se enfrenta al mundo desde una actitud trágica, a través del exceso alcohólico, sexual y social, aún sabiendo que su lucha ante el vacío está condenada de antemano al fracaso.
Buscando algo que justifique su vida, se embarca en un viaje en busca de una memoria imposible. Incapaz de retener sus recuerdos recientes, lo que le obliga a apuntar todo en una libreta, trata de dar un mínimo sentido a su vida reconstruyendo un momento fundamental de su trayectoria vital a través del contacto con lugares y personajes del pasado. Pero su visión deformada de la realidad se interpone constantemente y crea una historia distinta, una realidad subjetiva que se impone a la objetiva, creando un escenario paralelo, más real si cabe para la torturada mente de Carver.
Entre los hallazgos de la novela, Gol Corzo destaca los conceptos-bisagra, elementos que actúan como ideas que abren puertas a otras ideas, así como un sutil manejo del recurso de la ironía.
Casi simultáneamente a la salida de El golfo de los Poetas, la editorial Paralelo Sur ha lanzado una colección de relatos de Fernando Clemot reunidos bajo el título Estancos del Chiado, dividido en tres partes: Mitologías -con recreaciones de personajes o sucesos históricos-, El jardín de la memoria -los relatos más recientes y personales- y Ocasos, donde prevalece la mirada al pasado.



23 octubre 2009

Esa luz que nos quema de José María Millares

Una nota de la editorial advierte al frente de este volumen:

José María Millares Sall, autor de este poemario, murió el 8 de septiembre de 2009 a los ochenta y ocho años en su Canarias natal, cuando ya había revisado las últimas pruebas de esta edición. Queremos expresar aquí nuestro reconocimiento y admiración por el poeta y el hombre.

Esta luz que nos quema es una antología plural de su poesía inédita entre 2002 y 2009. Acaba de publicarla Barataria en una esmerada edición de Selena Millares, que ha escrito un espléndido prólogo -Entre la piedra y la luz- sobre el autor y su trayectoria literaria, sobre la aventura de sus Planas de poesía, la revista que publicó entre 1949 y 1951, y sus avatares con la censura, sobre esta poesía última y alta, en la que vuelan pájaros, viven la luz y la memoria y la palabra del poeta se eleva más libre y ambiciosa que nunca:

No
tenía cancelas
aquella casa del jardín
ni aquella cuerda que de la luz colgaba
ni aquella sombra que le unía
a la memoria cuando aquel niño dormía
y soñando era la palabra
que jugaba en un rincón con la maleza
y con las hojas secas
y con las hormigas que corrían y apresuradas
arrastraban sus mercancías que iban
y venían y entre ellas
conversaban y entre las ramas secas
por un agujero se perdían
y así aquel niño con las palabras
que se le ocurrían
unas tras de las otras convertía
en guijarros y levantaba torres y paredes
y páginas que los sueños
sin él quererlo construía y eran palotes
y eran letras que por la noche
mientras dormía
sonaban y con los años seguían y con los años
cantaban y con los años eran libros
que los ojos de otras sombras a escondidas
leían y no tenía cancelas
ni muros aquella casa y sólo una cuerda
donde la luz
se colgaba.

Articulada en torno a nueve núcleos temáticos cuya sola enumeración permite un primer acercamiento al mundo literario de José María Millares -Marina, Música, Memoria, Playa, Aguaviva, Tinta, Luciérnaga, Celan y Umbría-, Esa luz que nos quema indaga en la memoria y cultiva la sugerencia en una continua aspiración de luz, una presencia o una búsqueda constante en estos poemas. Es la luz que arde en la palabra y la escritura, la que persiste en la memoria del mar de la infancia y las azoteas, la que conjura la serena tristeza de Haendel o del violonchelo de Pablo Casals, pero también la que ilumina, como la luminaria del Guernica de Picasso, los crímenes de la guerra civil y el franquismo, aquel tiempo de horror que cegaba a la palabra, con sotanas siniestras y censuras.

La palabra depurada y contenida de José María Millares, su verso recortado y la emoción encauzada en los límites métricos expresan con admirable transparencia de estilo una experiencia abisal llena de lucidez y ambición imaginativa. Es la palabra que construye un universo literario autónomo y poblado de símbolos.

Muchos de esos símbolos que recorren la obra de José María Millares están expresados en algunos de los títulos que ha ido publicando o dejando inéditos en estos treinta años: Hago mía la luz, En las manos del aire, Los espacios soñados, Azotea marina o Regreso de la luz contienen las claves de un mundo poético en el que la memoria se proyecta más en el espacio que en el tiempo y la palabra es búsqueda incansable de la luz:

arriba más arriba donde
nunca te encuentres
allí
estará la luz.

Santos Domínguez
Encuentros de lecturas

22 octubre 2009

Barataria destapa el otro «boom» latinoamericano


Carola Moreno apuesta por los abuelos rebeldes del «boom» latinoamericano con su nueva colección de bolsillo «Humo hacia el sur». Precursores como el chileno Juan Emar o el peruano Martín Adán asaltan el catálogo de Barataria.

Raros, incomprendidos y muchos de ellos todavía desconocidos fuera de sus países de origen. «Fueron malditos involuntarios, porque nadie entendía lo que estaban haciendo», dice la editora de Barataria, Carola Moreno. Se refiere a Juan Emar, Martín Adán o Macedonio, los grandes nombres de la vanguardia latinoamericana cuyo legado aún hoy permanece oculto.
Moreno recupera esos nombres, junto a otros como el cubano Lorenzo Garcia Vega o el guatemalteco Luis de Lión, en su nueva colección en formato económico (10 euros) Humo hacia el sur. «Todavía se tiene la idea errónea de que el boom latinoamericano surgió de la nada. La idea de esta colección es dar a conocer a los precursores de esa explosión literaria, los que la propiciaron», explica.
Con una docena de títulos al año, a razón de dos por bimestre, la serie Humo hacia el sur saldrá a la venta el próximo 15 de noviembre. Primero en España y luego también en Estados Unidos, a través de la gigántesca distribuidora de Chicago IPG Books, que cuenta con una importante sección de libros en español y nutre de obras en dicha lengua a las bibliotecas y universidades americanas. En poco tiempo Moreno planea extender la distribución a toda América Latina, porque es consciente de que a «pesar de ser autores imprescindibles, son poco conocidos en Latinoamérica, fuera de sus respectivos países».

La serie arranca con la novela Un año (1935), de Juan Emar -el Kafka chileno, como lo llamaba Neruda-, con prólogo de Enrique Vila Matas. Juan o Jean Emar, seudónimo de Álvaro Yáñez (1893-1964) derivado de la expresión francesa «J'en ai marre» (estoy harto), fue además pintor y defensor acérrimo de las vanguardias europeas que, como amigo íntimo de Huidobro, se encargo de difundir en su célebre poema Altazor. Al morir, Emar, dejó una novela inconclusa de más de 5.000 páginas que hoy ya es leyenda. Le sigue La casa de cartón, la primera novela del hermético poeta peruano Martín Adán, por quien Allen Ginsberg sintió devoción, con prólogo de Vicente Luis Mora. Se trata de una novela publicada en 1928, cuando el autor contaba sólo con 20 años, y que significa unos de los primeros brotes del vanguardismo europeo en tierras de ultramar: en un balneario de Barranco, y sin que se atisbe una trama argumental convencional, el autor profundiza en las reflexiones de un joven con una prosa hermética que demuestra una profunda inclinación metafísica. Y para la tercera y próxima entrega, Barataria promete los Papeles de recienvenido, de Macedonio Fernández, uno de los escritores más desconocidos pero, a la vez, más importantes en el cambio del siglo XIX al XX. Amigo en su juventud del padre de Borges, Macedonio trabajo en los campos de la poesía, el periodismo y el ensayo. Papeles de recienvenido y continuación de la nada se publicó originalmente en 1929, y es uno de los ensayos que ayudaron a cimentar su prestigio en las letras argentinas.


Matías Néspolo

Tendències

El Mundo


21 octubre 2009

El golfo de los poetas de Fernando Clemot

Leo Carver es un veterano novelista venido a menos que llega a una villa de alquiler cerca de Carrara. Al escritor le acompañan: Rocío, su jovencísima mujer; Mery, una hermética amiga de Rocío a la que Leo no soporta, y Selma, la única hija de Leo, todavía adolescente.
Estamos en los últimos días del verano y todo parece acompañar a unas vacaciones deliciosas pero pronto queda claro que no va a ser así de ninguna forma. Leo está nervioso, ha dejado su medicación y está próximo a la neurosis. Le obsesiona el alcohol y su absoluta falta de memoria reciente. Nada de lo que le rodea le ayuda a salir de esta pesadilla. Conoce el escenario (estudió en la Universidad de Pisa treinta años atrás) y los recuerdos más oscuros de aquel tiempo le asalten por donde quiera que vaya. De entre toda la memoria de aquel tiempo le perturba especialmente la imagen de Val Gale, una joven poetisa inglesa con la que salió en sus tiempos en la Universidad y cuya muerte se empeñará en aclarar treinta años después.
La novela discurrirá encajonada entre el dolor de los recuerdos que atormentan al protagonista y el hastío que le produce lo cotidiano. Leo Carver nos propone una aventura, un viaje a tumba abierta hacia las raíces de la memoria, de la reciente que se le escapa y de la lejana que lo acosa pero que también le sirve de acicate. En esta búsqueda febril topará con dos personajes que tratarán de ayudarle: Walter, un antiguo compañero de estudios que le acompañará en la investigación sobre Val, y Anna, que lo deslumbrará por su frescura. El personaje de Anna almacena todo lo que el protagonista ha ido perdiendo por el camino, promete una redención imposible, alumbrará con su deseo al final de lo oscuro. El relato abre en canal la memoria del protagonista que puede ser también la memoria de todos: la memoria desgajada como un puzzle, con sus laberintos y sus juegos, la memoria como dolor y vida pero también como engaño.
En lo estructural El golfo de los Poetas tiene una disposición peculiar: se divide en capítulos que tienen una correspondencia con los días de la única semana que el escritor permanecerá en Carrara. Domingo veintiocho, lunes veintinueve… cada día establece una sincronía entre el pensamiento del escritor y las anotaciones fracturadas en su libreta de desmemoriado.
El golfo de los Poetas es una novela cruda e íntima, exigente pero también con gancho puesto que el interés por el desenlace funciona en todo momento. Puede que esta combinación sea la clave de la novela… Cabe destacar por último la prosa cuidada (aunque no farragosa) en que se articula el relato.
La narración discurre paralela a dos ejes temáticos principales: la memoria y el absurdo existencial. Leo Carver es una figura lúcida que, lejos de aceptar la ausencia de sentido de la vida, se enfrenta al mundo desde una actitud trágica, a través del exceso alcohólico, sexual y social, aún sabiendo que su lucha ante el vacío está condenada al fracaso. Buscando algo que justifique su vida, se embarca en un viaje en busca de una memoria imposible. Incapaz de retener sus recuerdos recientes, lo que le obliga a apuntar todo en una libreta, trata de dar un mínimo sentido a su vida reconstruyendo un momento fundamental de su trayectoria vital a través del contacto con lugares y personajes del pasado.
Pero su visión deformada de la realidad se interpone constantemente y crea una historia distinta, una realidad subjetiva que se impone a la objetiva, creando un escenario paralelo, más real si cabe para la torturada mente de Leo Carver.
De esta forma, y a través de una singular interpretación de la novela memorialística, ya que se organiza en una compleja estructura –instalada en el tiempo subjetivo de la geografía mental del protagonista- de fechas, vivencias y anotaciones en las libretas, el punto de vista de Leo Carver lo invade todo y nos cuenta su propia realidad a través de su personal hermenéutica de los acontecimientos. El personaje se constituye en centro de la novela y de él emana la narración. De ahí que el lector, seducido por la personalidad de Carver, se deje arrastrar, llevado por su percepción del mundo, pero manteniendo siempre una sombra de duda, de sospecha de que es más la voluntad de Carver la que impone los hechos que estos por sí mismos. Dentro de este contexto Carver se exhibe a sí mismo como un ser torturado, en lucha constante contra un absurdo existencial que no comprende y que se niega a aceptar.
Un personaje de tragedia clásica en busca del error trágico que lo condujo a su caída, pero mantiene una dignidad titánica en su particular descenso sin retorno a los infiernos. Un personaje cuya talla moral no viene dada por sus obras y sus actos (que más bien resultan amorales) sino por su capacidad de rebelión ante lo que cree absurdo, aunque sepa que esa rebeldía solo le va a conducir al desastre.
Todo ello narrado con un estilo personal, de una coherencia impecable con hallazgos tan fascinantes como los “conceptos-bisagra” (conceptos que abren puertas a otros)- y con un fino manejo de la ironía que alcanza todo su esplendor en la parte final de la novela.
La obra fue finalista de los premios Logroño de Novela y Café Gijón en el año 2007 y del premio Ateneo de Sevilla en el 2008.

20 octubre 2009

Humo hacia el sur

Antes del bum.

Antes de Gabo, antes de los autores del bum, hubo quien trabajó para que esa detonación fuera lo eficaz que acabo siendo, autores latinoamericanos vanguardistas cuya labor se ha visto sepultada por el ruido y los cascotes de la explosión.
De ellos se trata en la nueva colección que pone en marcha Barataria, Humo hacia el sur, en la que aparecerán 12-15 (el número final aún no está decidido) autores pre-bum en un pequeño catálogo que nos permitirá saber de dónde sale todo esto, y éstos: Gabo, Vargas Llosa, Donoso, Cortázar…
La colección aparecerá en librerías el día 15 de noviembre, libros en un formato económico (PVP 10 euros) que saldrán cada dos meses y de dos en dos. La remesa de salida promete: Un año, del chileno Juan Emar, con prólogo de Enrique Vila-Matas, y La casa de cartón, del peruano Martín Adán, con prólogo de Vicente Luis Mora. Luego vendrán autores brasileños, bolivianos, uruguayos, argentinos… sí, también mujeres (que no es una seña geográfica).

18 octubre 2009

Filologia catalana, memorias de un disidente de Xavier Pericay

Tuve el honor el jueves pasado de presentar, en Literanta, las memorias de Xavier Pericay (Filología catalana. Memorias de un disidente, Barataria, 2009 y Filologia catalana. Memòries d’un dissident, Destino, 2007). Son unas memorias “una mica particulars, una mica decantades cap a l’assaig polèmic”, y, yo diría, político, en las que la combinación de lo biográfico –vida vivida, experiencias, historia- y lo político, va alimentando una reflexión extraordinariamente iluminadora del hoy catalán y, más ampliamente, español.
Javier es catalán y filólogo. Filólogo lo es académicamente, puesto que es licenciado en filología catalana, lo ha sido profesionalmente durante quince o veinte años, y lo es en tanto que ciudadano ya que como filólogo-ciudadano llevó al espacio público sus cualificadas propuestas sobre la lengua –Grup d’Estudis Catalans. Sin embargo no es, curiosamente, filólogo catalán:

“Com més hi penso, més convençut estic que la filologia catalana no té gran cosa a veure amb la filologia. […]
[A] un filòleg català […] se li reconeix una autoritat en tot el que guarda relació amb Catalunya i els seus problemas. […] En realitat, en la mesura en què són experts en la llengua i en la mesura en què tota llengua, d’acord amb la teoria romàntica vindicada per gairebé tots els nacionalismes i, de forma notable, pel nacionalisme català, reflectéix una cosmovisió, se’ls fa dipositaris preferents d’aquesta cosmovisió. Si dominen la llengua, ¿com no han de dominar alhora el món que n’emana?”(p. 210)

Leo estas palabras de Javier como el punto de llegada de su reflexión de filólogo y de ciudadano, como el final de un largo diálogo de veinte o veinticinco años con su país y con sus colegas. Imagino que Javier comenzó ese diálogo pensado que él era un filólogo catalán –doblemente catalán: por catalán y por su especialidad filológica- para acabar constatando su exclusión de esa categoría dada la imposibilidad de una filología “normal” en Cataluña: la que correspondería a una lengua instrumental frente a la lengua simbólica del nacionalismo.

"Sí, jo, el traïdor, el botifler, l’espanyolista […] sóc dels que no varen escriure pràcticament mai ni una sola ratlla en castellà. Almenys fins al 2000. […] No sé fins a quin punt aquesta constància en l’ús exclusiu del idioma matern és fruit de la militància. O si cal atribuirla a la simple inèrcia. O la por de traspasar la línia. I encara caldria especificar de quina militància es tracta. Sense dubte, no de la patriótica. Sí, en canvi, de la que reclamava un espai no ideologitzat en el si de la lengua catalana, un espai neutre, desproveït d’abscessos sentimentals (p. 410).

El recorrido de Javier ha sido, sin duda, atípico: comienza en un impecable nacionalismo de izquierdas excelentemente adornado con su dedicación a la filología catalana, y acaba en el, digamos, exilio mallorquín y en el comienzo de su escritura en castellano. ¿Por qué? Sin duda por la confrontación entre sus ideas de libertad, de ciudadanía, de sociedad, de cultura, y las que se han desplegado en Cataluña en los últimos treinta años impulsadas por el nacionalismo catalán. O, quizás más exactamente, por la progresiva concreción de esas ideas frente a las del nacionalismo con su inequívoca sumisión de la libertad individual al proyecto colectivo, a cuyo servicio se ha puesto, también, la lengua.
Pero ¿por qué Javier se ha abierto a ciertas razones, a ciertos argumentos, que a muchos otros no han conmovido? ¿Por qué él ha llegado a un inequívoco rechazo del nacionalismo y tantos otros no? Para tratar entender eso sirven las memorias. Para tratar de entenderlo en Javier y para entenderlo en uno mismo, porque la peripecia de Javier y sus reflexiones pueden completar la propia experiencia y la propia reflexión.
Por ejemplo, Javier explica cómo era su medio familiar: su abuelo materno, médico, militante de la CEDA, fusilado al comienzo de la guerra. La familia de su padre, de izquierdas. Me pregunto si esa ascendencia diversa ideológica y socialmente puede haber ayudado a configurar una sensibilidad más abierta a la experiencia y a la reflexión y, por lo tanto, al cambio.
O su formación en el Liceo Francés, es decir, la relativa separación de los conflictos más puramente españoles y catalanes, y, a la vez, el contacto con la enseñanza pública francesa, con su expresa búsqueda del rigor y de la excelencia.
Y más allá de lo puramente personal está lo que pasaba alrededor, cosas que Javier no conoció cuando sucedieron, pero que nos cuenta ahora porque las considera enormemente significativas. Cosas que yo también ignoraba y que supongo que mucha gente ignora. Por ejemplo, la encuesta que la revista Taula de Canvi –revista de izquierdas, ya que estaba ligada al PSUC- dedicó a la cuestión “Escriure en castellà en Catalunya” en 1977. Se trataba de averiguar (cita de la revista):

“[si els] catalans (d’origen o de radicació) que s’expressen literàriament en llengua castellana […] són escriptors castellans o espanyols residents a Barcelona?,¿estan exclusivament vinculats a la cultura literària castellana o espanyola?,¿no pertanyen de cap manera a una cultura catalana no solamente tipificada por la llengua?,¿cal considerar-los com a fenomen conjuntural a liquidar a mesura que Catalunya assumeixi els seus propis òrgans de gestió política i cultural?” (p. 147).

El final del párrafo es demoledor: Fenómeno coyuntural a liquidar al disponer de órganos propios de gestión política y cultural. Los más conocidos hombres de letras contestaron en un sentido generalmente afirmativo a esta pregunta, lo que dice mucho del espíritu abierto, generoso e integrador con la que se iniciaba la nueva democracia.
Todas las respuestas merecen la pena, pero la de Luis Goitysolo me parece extraordinaria:

“després […] d’assegurar que només un referèndum podia dictaminar si els escriptors com ell eren un ‘fenomen conjuntural a liquidar’, concloïa el seu text de resposta –traduït del castellà, com indicava una nota a peu de plana- amb aquestes paraules: ‘Peró, no cal dir-ho, si el monolingüismo fos establert, jo l’acceptaria sense reserves. L’ùnica cosa inmodificable és que jo continuaré pensant i, per tant, escrivint, en castellà’.”

¿De dónde pudo salir tal sumisión, tal renuncia a la propia libertad, a la propia individualidad, como para aceptar que un referéndum pueda decidir en qué lengua se ha de poder escribir? Era, sin duda, el correlato perfecto de la convicción con la que los escritores en catalán manifestaban que, efectivamente, la escritura en castellano era un fenómeno coyuntural a liquidar.
Exactamente el espíritu contrario es el que muestran las memorias de Javier: independencia y valiente ejercicio de la crítica –incluida la crítica de sí mismo- frente a la presión de la tribu y a costa de la propia comodidad.
Volveré sobre ello.

Gonzalo Lozano
Notas

17 octubre 2009

Filologia catalana, memorias de un disidente de Xavier Pericay

AMOR A LA FILOLOGÍA

En alguna otra ocasión he señalado el relevo generacional que se está produciendo en el seno de nuestra literatura memorialística Ivan Tubau, Paloma Diaz Mas, Laura Freixas, Agustí Pons. Mariasun Landa, ahora Xavier Pericay, todos ellos nacidos entorno a los años cincuenta, son autores de obras autobiográficas cuyas lineas de fuerza no pasan ya por la Guerra Civil, el exilio o la inmediata postguerra, sino por el posíbilismo sobre el que construyeron su identidad en una sociedad moralmente desgarrada por múltiples fracturas.
Algunos de ellos (Tubau Pons, Freixas) ya señalaron el conflicto linguistico y cultural -parte de ese posibilismo en que se vivía- y que les suponía disponer de una lengua materna distinta de la lengua oficial y única, con todas sus con tradicciones. porque no se trataba tanto de un conflicto linguistico, que también. como de un problema político y, nuevamente, mural, es decir, que afectaba a la forma de enfrentarse a la vida cotidiana Ahora Pericay convierte ese conflicto, nunca bien resuelto para desgracia y vergüenza de todos, en el eje de su obra Filologia catalana. Memorias de un disidente (publicada en 2007 en catalán y traducida al castellano por él mismo).

REFLEXIÓN VALIENTE. Título y subtitulo no ofrecen dudas: en efecto, se trata de unas memorias políticas, pero no de las escritas por un político profesional (perfectamente factibles sin necesidad de cambiar el título), sino por alguien que, al margen del poder, ha puesto en los últimos años su capacidad y su talento al servicio de una causa: el no nacionalismo catalán. Una causa que Pericay viene legitimando con la historiografía literaria (sus dos tibios escritos en colaboración con Ferran Toutain, Verinosa llengua y El malentès del noucentisme, fueron una valiente reflexión sobre la forma en que se conducía la normalización lingüística y literaria en Cataluña), la consulta de archivos y hemerotecas (léase su estudio mas reciente, Josep Pla el viejo periodismo, sobre los años de formación del ampurdanés) y la preocupación por la verdad. que siempre tiene su reflejo en la palabra
También lo ha intentado con la política- y de ahi su participación activa en la fundación de un partido fallido, Ciutadans de Catalunya. En todo caso, la causa del no nacionalismo catalán tiene mucho mar de fondo, porque en Cataluña el hecho de escribir, o hablar, en castellano viene de lejos, pero está fatalmente asociado al franquismo, la opresión o la subcultura. De modo que quienes defienden que se acepte la realidad de una cultura (catalana) felizmente bilingüe y enriquecedora como expresión de una vida democrática que ha sabido dejar atrás el odio y la hostilidad se enfrentan a un muro de piedra. La denuncia de Xavier Pericay en su libro es clara: la muerte de Franco y el paso de una cultura resistencial a una institucional no favoreció un cambio de actitud sino de fuerzas.

A CONTRACORRIENTE. En Filologia catalana se recorre el hilo vital bajo la luz de esta disidencia: los orígenes (catalanes), la vida familiar tejida en torno a la figura del, padre, Pere Pericay -un catedrático de griego siempre rodeado de libros-. y de una madre fuerte pero marcada por el asesinato de su propio padre, el cirujano Alfons Hosta Bellpuig, a manos de la izquierda revolucionarìa, el propio carácter del narrador, empequeñecido por la sombra poderosa de los hermanos mayores y ansioso por encontrar su lugar en el mundo.
El autor tiene el acierto de estructurar su libro en tres secciones -filología francesa, catalana e hispánica- que por si mismas ya sugieren la fidelidad de su compacta vocación tanto como la evolución de su ideologia gestada a contracorriente del pensamiento oficial. Y no oculta que el fracaso de algunos proyectos personales ha motivado la decepción y el rechazo. Siempre es así, porque nuestra ubicación en el mundo está en función de las razones e intereses que nos mueven en él. Para el ser humano no existe un lugar definitivo sino espacios que fluyen o se derivan de lo que se hace y nos hacen. ¿Pero qué ocurre cuando uno se mueve en un espacio socialmente estigmatizado? «Se trata de no verlo como un desastre, como una tragedia», escribe Pericay. encarándose con el aislamiento al que su disidencia de la «filologia catalana» le ha conducido en los últimos años Para él Ilegó la hora de darle la espalda.

Anna Caballé
ABCD