Cada vez que regreso a Brownsville es como si jamás me hubiera marchado. Así comienza el primer capítulo de Un paseante en Nueva York, la memoria que escribe en 1951 Alfred Kazin de un paisaje -el de su barrio neoyorkino- y de un tiempo – el de su niñez y su adolescencia en un barrio judío y pobre de Brooklyn. Del metro a la sinagoga es el primero de los cuatro capítulos de un paseo que es más interior que exterior y que culmina en El verano: de camino a Highland Park.Santos Domínguez
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