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22 noviembre 2010

Casos de amor - Pietro Aretino





“Caso XXVII
Sor Marta de lujuria se moría
y queriendo sus carnes lacerar [...]

Resolución XXVII
[...] luego, si para matar el veneno,
que atascaba sus oraciones
rompióse culo y coño la sor Marta,
sacrílega no era, sino santa”.

Página 99.

Pietro Aretino fue un poeta nacido en el señalado año de 1492. Reconquista de Granada, descubrimiento de América, unificación de estados en embrión como el español o el francés… ¿Y en Italia? ¿Qué sucedía en Italia? Subía al trono pontificio Rodrigo Borgia, es decir, Alejandro VI el segundo papa de origen valenciano. Menciono a los Borgia porque podrá generar en el pensar colectivo un escenario adecuado en el que encuadrar estos poemas, por más que se dieran cuando los valencianos, o catalani como los llamaban en la península itálica, ya hubieran pasado, en su mayoría, a mayor gloria. La corte papal era mucho más liberal y “disoluta” vista con criterios morales contemporáneos que muchas de las sociedades que nos rodean, y León X, llevando la tiara, fue un símbolo de una época de refinamientos y placeres donde estos poemas pornográficos tendrían probablemente más cabida que en la mayoría de las casas de la Italia de hoy.

Los poemas que se contienen en este volumen, fantásticamente editado de forma bilingüe (que es la manera mejor de traducir poesía y no traicionarla desde mi punto de vista), y acompañado de dibujos algo más que insinuantes, son casos en los que se somete “a juicio” si las actitudes sexuales de hombres y mujeres son condenables a tenor del Derecho Romano, el Derecho Canónico… De hecho, como jurista ha sido muy grato poder leer el nombre de Ulpiano (gran nombre dentro del mundo del mencionado Derecho Romano), en un contexto tan humanizado, tan alejado del concepto mismo de la fría legislación que, en su intento por asegurar el orden, parece ignorar tantas veces la naturaleza humana. Ver por ejemplo la Resolución XXII que menciona a Ulpian y la ley inter artífices de solutione pero también la de industria personae así como la de pollicitatione.

Pero, a pesar de lo que pudiera hacer pensar su título, la obra no contiene románticas declaraciones ni historias de Romeos y Julietas del Renacimiento. Muy al contrario nos expone a frailes y monjas, a infieles y embarazadas dejándose llevar por la pasión o la lujuria, con gran deleite y goce. Los versos, digámoslo ya, son pornográficos, en toda la extensión de la palabra, y por ello nos noquean con la realidad de un mundo que a pesar de sus cambios sigue “pecando” por los mismos motivos; con la imagen de un hombre que, a pesar de los avances y distancias que median entre aquel siglo y el nuestro, comparte una naturaleza tendente al placer y a la perpetuación de la especie de forma indisoluble e inconsciente. Pero aquí el poeta encuentra que no sólo es nuestra propia constitución la que aprueba, con el placer, los actos del hombre, sino también las propias leyes humanas. Es capaz de encontrar, interpretando de una forma muy sui generis, o muy heterodoxa, o incluso “torticeramente”, justificación a los comportamientos que por lo general se denominarían en la época gula, lujuria, adulterio, sodomía. He aquí la grandeza de sus rimas.

Se discute si fue Aretino su autor, puesto que el escritor demuestra un gran conocimiento de leyes que según historiadores y biógrafos le fue ajeno a Pietro, pero está claro, continúan, que si no de él, los casos provienen de su entorno y están imbuidos de su filosofía, de su forma de escribir libre y sin las ataduras de contenido “correcto” de las que se reía. Lo que hoy se llamaría un transgresor o un provocador o un escritor políticamente muy incorrecto. Afortunadamente estas denominaciones le quedan tan lejanas como impropias. Él mismo afirmaba: “Soy libre por la gracia de Dios, no un esclavo de los pedantes… ¿Qué más podría desear si con mi pluma y unas cuartillas me burlo del universo?”. La lección, desde luego, es infinita. Y si bien es cierto que su contenido ofenderá a muy pocos, enmarcado en su época, en pleno apogeo de la lectura del Decameron, y en una Italia fragmentada políticamente, a expensas de las fuerzas extranjeras, con una atmósfera insalubre, una gran mortandad y un hambre generalizada, habrá que tener en cuenta que el Carpe diem tenía más sentido que nunca.

Como última prueba de su libérrima voluntad y de su ecuanimidad para todos diremos que en su saco de pecados (no punibles para él) entran por igual cornudos y adúlteras, hombres y mujeres, seglares y religiosos, dados a las prácticas heterosexuales o bien a las homoeróticas, y como prueba un botón en la parte final del volumen titulada “Otros casos de amor en cuartetos acoplados”:

Caso XV

En la canícula de julio fray Alberto,
para esquivar el ocio y otros vicios
meneaba cipotes de novicios.
¿Fue profana obra, o fue de acierto?

Animo a quienes quieran saber la solución de este caso, ir a las librerías, o incluso a las bibliotecas. No es común que los editoriales se dediquen a estos clásicos olvidados y traer un fragmento así del Renacimiento más “ignorado” a nuestras vidas dinamitará, cuando menos, nuestro aburrimiento.

No apto para pusilánimes o apocados.

17 noviembre 2010

Aretino. Casos de amor



Con traducción de José Antonio Bravo y tintas de Perico Pastor, Barataria publica por primera vez en español los Dubbii amorosi de Pietro Aretino. Son los Casos de amor que aparecen en la colección Uno más uno, que reúne textos con imágenes. Sus octavas y cuartetos acoplados tienen una estructura binaria en la que se plantean a Ser Agnello –una autoridad en la materia- diversas dudas sobre asuntos eróticos de burdeles o conventos para que proponga una respuesta. Muy probablemente se trata de una parodia de las estructuras retóricas de la escolástica universitaria y los studia medievales. Una parodia de estilo, de tono y de tema, porque estos textos descarados y audaces son el reverso de Savonarola. Sus tecnicismos jurídicos, su jerga frailuna y su latín macarrónico se dedican a explorar el territorio pecaminoso del onanismo, la sodomía o la lujuria en todas sus variantes y a manifestar el anticlericalismo de aquella época vitalista. Forman parte de una línea literaria heterodoxa y secreta que frecuentó el Renacimiento y que dio lugar a numerosos textos que circularon en copias manuscritas o en ediciones ilustradas y clandestinas. Azote de príncipes y pornógrafo famoso, Pietro Aretino (1492-1556) fue uno de sus más caracterizados representantes, hasta el punto de que su fama hizo que se le atribuyesen textos que no escribió. Tras publicar sus Sonetos lujuriosos en 1525, sufrió un atentado con arma blanca tras el que se refugió en la más tolerante Venecia, donde pudo haber compuesto estos Casos, de dudosa atribución. En todo caso, si no los escribió Aretino, fue alguien de su escuela, su tono y su talante quien compuso cuartetos como estos:

Dubbio V

Destossi l'abadessa con gran furia
sognando di mangiar latte e giuncate,
trovossi in bocca il cazzo dell'abbate.
Fu peccato di gola o di lussuria?

Risoluzione V

Non fu gola o lussuria, è risoluto,
perché questo caso accidentario;
ben se l'avesse avuto in tafanario
o in potta dubitar s'avria potuto.

Por uno de esos raros caprichos del calendario, Aretino murió cuando la Iglesia celebraba en Trento un concilio que le iba a apretar las tuercas inquisitoriales de la ortodoxia al Renacimiento, a la literatura y a la vida.

24 septiembre 2010

La falsificación (casi) como una de las Bellas Artes


J.S. de Montfort
Escritor en Allak




Quizá lo más sabroso de los (Dudosos) Casos de amor de Pietro Aretino que acaba de publicar la editorial Barataria sea justamente la dudosa atribución sobre la autoría de la obra.
Y es que, de veras, es bastante dudoso (valga la redundancia) que estos (Dudosos) Casos de amor (en adelante Los Casos) hayan sido efectivamente escritos por la pluma de Pietro Aretino.

Lo cual, claro, no es óbice para su disfrute y menos aún para su lectura.

Pero, vayamos por partes; no sea que se nos pierda el lector. Que estamos en el siglo XXI y de lo que hasta aquí se ha hablado sucedió en el Cinquecento italiano; así, hacia el siglo XVI.

Quien nos ocupa, Pietro Aretino (1492-1556), hijo de zapatero y prostituta, nacido el mismo año en que Colón descubrió América, es conocido por haber escrito los satíricos Sonetti lussuriosiSonetos), “una selección de dieciséis sonetos que comentan un número parejo de dibujos de Giulio Romano en los que se ilustran de manera más que explícita dieciséis escenarios para dieciséis posturas amorosas” (en adelante, los
[1].
Como dije al principio, pues, la atribución de la autoría de estos Dubbi amorosi a Pietro Aretino es harto dudosa ya que las ediciones más antiguas que se conocen de esta obra fueron impresas dos siglos después de la muerte del “supuesto” autor.

La edición de Barataria viene en edición bilingüe (italiano/español) y con el aderezo, además, de unas tintas adecuadamente obscenas de Perico Pastor.

Se afirma de la traducción de José Antonio Bravo que es la primera traducción al castellano, pero ha de tenerse en cuenta que existe en el catálogo de la British Library la obra Sonetos lujuriosos & pasquines del Aretino, seguidos de otros sonetos lujuriosos, dudas amorosas y otras dudas amorosas de autores anónimos de tradición aretinesca y de un soneto de Giorgio Baffo, traducción de Sarandy Cabrera, Montevideo: Vintén, 1991
[2] y que tiene todos los visos de incluir ya los sonetos traducidos ahora por Bravo.
Casos
, en la edición de Barataria, consta de dos partes: Casos de Amor (31 casos) y Otros casos de amor en cuartetos acoplados (17 casos).

La idea básica de los Casos es la apelación al misterioso sabio “don Agnello” para que aclare cada uno de los casi cincuenta casos que “en el burdel hoy armaron gran revuelo”
[3], siguiéndose del formato planteamiento del caso/ingeniosa resolución.
Paul Larivaille
es un teórico italiano que propuso en los años ochenta un sistema narratológico conocido como el sistema quinario y que es una variante de la teoría literaria clásica, en la que partiendo el relato de un equilibrio inicial, aparecerían enseguida una o varias fuerzas dinámicas que lo alterarían, para finalmente encontrar la trama acomodo en una resultante fuerza estática, calmada y ya conclusiva.

Más o menos la secuencia (en la esfera micro, claro) que se sigue en cada uno de los Casos.

Pues bien, según Larivaille, el misterioso “señor Agnello” al que se le confía la resolución de los casos, podría corresponderse con alguno de los tres hermanos Agnelli -con los que Aretino se carteaba regularmente-, y esto justificaría la hipótesis de que esta obra fue escrita por Pietro Aretino.

Es una hipótesis, entre otras.

Aunque es cierto que se menciona a un tal Benedetto Agnello en la obra teatral de AretinoLa Cortesana.

En cualquier caso, los Dubbi Amorosi no pasan de ser un divertimento y, como bien dice Mirko Visentin demuestran que “el interés de una obra no estriba en su paternidad sino en el contexto socioliterario en que se ha producido”
[4].
Y aquí se plantea el primer inconveniente que presenta el volúmen, pues que el público actual, así en general, no es ya ducho en latín (normal, por otra parte), y menos aún lo es en lo referente a las costumbres y legislaciones propias del renacimiento italiano, por lo que la sátira à-la-Aretino (poco importa al fin quién la haya escrito), al contar con tales apoyos como pilares fundamentales de su poética, se tambalea.

Porque los Casos entran fundamentalmente en conflicto con la religión y la jurisdicción legal imperante (en los tiempos del Renacimiento).

Y como suele suceder con la sátira, pierde ésta su efecto si se desconoce el referente, pues aquí se manejan además muchos nombres de cortesanas famosas en la época e igualmente nombres de curas que seguro les eran conocidísimos a aquellos que escribieron los Casos.

Aunque bien es cierto que el ingenio que se palpa aquí en los Casos, no existe ni remotamente en los Sonetos. Lo cual, además, le salvaguarda a Vd, lector contemporáneo de los Casos.

O dicho en otras palabras, que aunque se nos pierdan un conjunto importante de alusiones que el texto maneja, igualmente podemos disfrutar de su artificioso gracejo y su febril socarronería.

Pues donde los Sonetos basaban la profundidad de su sarcasmo en lo estrictamente pornográfico, en la publicitación de una sexualidad esperpéntica, aquí, en los Casos, el argumento de valor reside en la resolución del enigma, de la triquiñuela legal o moral que se le plantea al sabio de “don Agnello”,y en la sorpresa genial con la que éste siempre resuelve el inextricable conflicto ético de los putañeros del burdel.

Así, serían los Casos una suerte de deontología irónica del libertino.
Y aquí es donde halla más fuerza su propuesta, a pesar de que medien cinco siglos entre nosotros y la sociedad veneciana en la que se movían estos ingenioso puteros farsantes que utilizaron la pluma de Pietro Aretino para echarse (no a su costa, sino probablemente con él) unas buenas risas.
Que Vd. se las eche también lector, que buena faltan nos hacen en estos tiempos aciagos de pesadumbre, dolor y rabia.


[1], [3] & [4] Pietro Aretino. Casos de Amor. Traducción de José Antonio Bravo y tintas de Perico Pastor. Ed. Barataria. Barcelona. Septiembre de 2010. [págs. 17, 27 & 23]

[2] El libro lo cita Cesáreo Calvo Rigual en su artículo Sobre la recepción de Aretino en España a través de sus traducciones. Quaderns d’Italià 6, 2001. No dispongo del ejemplar para su consulta, pero por tema y semejanza, cabe la duda razonable de que se pueda tratar de la misma secuencia de poemas, en este caso considerados de autoría anónima.




18 junio 2010

Colores de Remy de Gourmont y Odilon Redon en Culturalia



Orgía simbolista policroma: Colores de Remy de Gourmont y Odilon Redon

Es de agradecer que en medio de la crisis más que económica algunas editoriales decidan mojarse con obras que superan la calidad media, como si con su apuesta quisieran decirnos que otro tipo de edición es posible. Las penurias monetarias han llevado al sector a una situación que en muchos casos se traduce, si bien durante este período han surgido sellos más que interesantes, en publicaciones donde, más que la magia del libro, se pretende vender un contenido textual desnudo. A veces el envoltorio, lo que da caché a la obra por belleza y cuidado en los detalles, está en su interior. Sucede en la joya que nos brinda Barataria, alhaja simbolista en la que un escritor de gran sensibilidad, Remy de Gourmont, se une a un pintor precursor, Odilon Redon, para hablarnos de personalidades, amor, hombres y mujeres.
Colores parte de una premisa y la cumple. La narrativa tendría que ser escrita como si de poesía se tratara. Así fue en Grecia y así tendría que ser en la contemporaneidad. Los motivos son simples. Cada frase ha de contener una fuerza que además del mensaje considere el encanto del verbo en grado superlativo para evitar nimiedades, rellenos que anulan virtudes. Gourmont nos regala 18 pigmentos que son los estados anímicos y sentimentales del alma humana. El escritor sufrió una enfermedad degenerativa que fue deformando sus facciones. Su obsesión por lo bello es comprensible, y en sus breves cuentos, delicias acompañadas por el pincel de Redon, aprehendemos las varias parcelas que configuran el amor y el palpitar. A veces no basta con un abrazo o un beso, cuenta más el después, la reacción de la amada tras los actos supremos, que pueden desvanecerse si las clavijas no se sitúan en el punto justo de cocción, que es la comprensión del otro, empatía que produce la unión de los parecidos en un magma indisoluble que en ocasiones se limita a una gozosa temporalidad.
Las historias de Colores son una Biblia abierta que incita a meditar más sobre los que nos rodean. Todos tendríamos que ser el juez que a partir de la lectura de unos ojos puede entender sin pestañear los entresijos de la joven acusada de envenenar a su dueña, verdes pupilas de vida y efemérides aun por ocurrir, futuros encerrados en partes corporales que admiramos pero no solemos tomar demasiado en serio. Dentro de nuestra sociedad impresionista se tiende a ir demasiado deprisa con las minucias significantes, cuadros reales que transmiten verdades desdeñadas por la aceleración. Gourmont da al todo un dramatismo propio de su época, exceso de la inquietud que en la segunda parte del libro, Antigüedades, adquiere trazos de anómala filosofía del espacio. Memorable es el fragmento dedicado a la Tour Saint Jacques, construcción pasada de moda que por eso mismo, a la vejez viruelas, es protegida por rejas que la preservan de la estupidez y la degradación. Otras piezas se sumergen en el surrealismo y plantean situaciones inverosímiles. Un hombre accede a una especie de reserva protegida donde conoce las exquisiteces de la mujer, un animal desconocido, una bestia sublime que lo descoloca y le hace comprender donde recae la soberanía estética. Pues si algo depara la lectura de Colores, y sus magníficas ilustraciones que merecerían otro artículo, es comprobar sin asombro, porque quien escribe es devoto, que la feminidad es un arma del deleite, y no sólo desde una perspectiva publicitaria, sino desde una totalidad eterna que se puede apreciar plenamente mediante rayos que iluminan el camino y lo hacen más transitable, digno y embelesador. Detalles.

29 mayo 2010

Erotismo hiperreal




Es difícil pensar en una evolución cualitativa del sexo. A diferencia de otras experiencias lineales —en consonancia con un acervo cultural que premia la acumulación de capitales, ya sean de tipo intelectual, económico, simbólico, etcétera—, la metáfora que rige el sexo y las relaciones amorosas no es el vector sino el loop: el sexo viola ese código de lo novedoso determinante en la modernidad y en su expresión amplificada en nuestros días. El cuadro sintomatológico —físico y emocional— presente en la conducta de los amantes está condenado a repetirse: «Un día le dije que tal vez buscábamos a un solo hombre con muchos rostros [...] puesto que no podemos poseer a una sola persona completamente, optamos por la multiplicidad», formula una de las narradoras de Erótika. Sabemos que el sexo es un catálogo de lugares comunes en gran parte mediados por el discurso audiovisual, y que la persecución de la perversión inédita tiene naturaleza de intento frustrado. Luego su carácter previsible, en desacuerdo con lo que la recepción suele exigir a una expresión artística, justifica de largo un panorama poco favorable, razonablemente escéptico hacia la literatura erótica. No obstante, avalada por una cuidadísima y arriesgada edición de Barataria, que incorpora fotografías de Ana Moreno Meyer, de Souza ejerce como desfibrilador que pone a funcionar de nuevo el miocardio de su platea. Veamos.

A pesar de que la intención germinal de la autora descansa en la normalización del deseo y el análisis de la identidad femenina, lo cierto es que la importancia sobresaliente del texto que de Souza propone reside paralelamente en el tránsito que tiene lugar de la familiaridad de semejantes y prototípicas «escenas de la vida sexual», a la neurosis: el desarreglo emocional cuya proximidad sobrevuela violento, siempre al acecho en la época posmoderna. Y de vueltas con la imagen del bucle, figura como tema —desasosegante— la insatisfacción de los personajes en un sentido circular: Primero, una imposibilidad patente para evitar el heraclitismo de las emociones; el individuo que, alcanzada la comunión con el sujeto de deseo erótico, aspira en balde a satisfacer su deseo de ser amado: la confirmación transcendental de ese primer orgasmo sin que los deseos del otro le correspondan. Después, ese otro individuo que, participante en el autismo de la pareja —«forzado a multiplicar las repeticiones onanistas y las reiteraciones solipsistas del animal enjaulado», diría Michel Onfray—, ansía ser libre. O como enuncia en “El otro”: «siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto, pero ¿es siempre necesaria esa división?»

De Souza, cuya narración esquiva con éxito cualquier riesgo de afectación excesiva, propone una radiografía completa de semejante neurosis. Piénsese en el mito del primer amor (“El primer hombre”), la guerra psicológica en el seno de la pareja, o su glosa del ménage-à-trois. Si entendemos ésta última como una práctica de orden superior, ya sea para colmar la clase de fantasías no amateurs inoculadas por un inconsciente colectivo, o bien, simplemente, en la medida que transgrede el hipotético aburrimiento de la pareja, lo cierto es que el balance final de los participantes termina siendo negativo para al menos uno de ellos (v.br., “Ella no está”): ¿Amor libre? Difícil, la concepción de un reparto equitativo de afectos sin abrazar la culpa típica de Occidente: «toda falta, toda carencia, nos hace, aunque no lo deseemos, responsables: culpables, culpables». Tampoco escapan de sus observaciones la castración, la postfeminidad o la inferioridad autoinfligida del varón. Así, si el psicoanálisis explica los conflictos sexuales masculinos a partir de las proyecciones que pueden hacer creer al hombre que no le está permitido gozar, o de la actitud idealizadora ante la mujer, llama la atención entre el léxico de De Souza el apelativo «melancólico» para describir a algunos de los hombres que pueblan sus relatos: «hombres frágiles, aquellos que nunca se sienten bien en su rol masculino, y se hunden en la melancolía, aquellos que tienen un aire de indefensión que desarma, y que suelen ser leales.» He aquí, pues, un ejemplo de convivencia genial entre la fantasía erótica y realismo más contemporáneo.

04 marzo 2010

Erotismo hiperreal

Revista Quimera
El Quirófano

Antonio J, Rodríguez

Erótika. Escenas de la vida sexual
Patricia de Souza
Barataria. Sevilla, 2009. 154 págs.

Es difícil pensar en una evolución cualitativa del sexo. A diferencia de otras experiencias lineales -en consonancia con un acervo cultural que premia la acumulación de capitales, ya sean de tipo intelectual, económico, simbólico, etcétera-, la metáfora que rige el sexo y las relaciones amorosas no es el vector sino el loop: el sexo viola ese código de lo novedoso determinante en la modernidad y en su expresión amplificada en nuestros días. El cuadro sintomatológico -físico y emocional presente en la conducta de los amantes está condenado a repetirse: "Un día le dije que tal vez buscábamos a un solo hombre con muchos rostros [ ... j puesto que no podemos poseer a una sola persona completamente, optamos por la multiplicidad", formula una de las narradoras de Erótika. Sabemos que el sexo es un catálogo de lugares comunes en gran parte mediados por el discurso audiovisual, y que la persecución de la perversión inédita tiene naturaleza de intento frustrado. Luego su carácter previsible, en desacuerdo con lo que la recepción suele exigir a una expresión artística, justifica de largo un panorama poco favorable, razonablemente escéptico hacia la literatura erótica. No obstante, avalada por una cuidadísima y arriesgada edición de Barataria, que incorpora fotografías de Ana Moreno Meyer, de Souza ejerce como desfibrilador que pone a funcionar de nuevo el miocardio de su platea. Veamos.

A pesar de que la intención germinal de la autora descansa en la normalización del deseo y el análisis de la identidad femenina, lo cierto es que la importancia sobresaliente del texto que de Souza propone reside paralelamente en el tránsito que tiene lugar de la familiaridad de semejantes y prototípicas "escenas de la vida sexual ", a la neurosis: el desarreglo emocional cuya proximidad sobrevuela violento, siempre al acecho en la época pos moderna. Y de vueltas con la imagen del bucle, figura como lema -desasosegante- la insatisfacción de los personajes en un sentido circular: Primero, una imposibilidad patente para evitar el heraclitismo de las emociones; el individuo que, alcanzada la comunión con el sujeto de deseo erótico, aspira en balde a satisfacer su deseo de ser amado: la confirmación transcendental de ese primer orgasmo sin que los deseos del otro le correspondan. Después, ese otro individuo que, participante en el autismo de la pareja -"forzado a multiplicar las repeticiones onanistas y las reiteraciones solipsistas del animal enjaulado" diría Michel Onfray-, ansia ser libre. O como enuncia en "El Otro": "siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto, pero ¿es siempre necesaria esa división?"
De Souza, cuya narración esquiva con éxito cualquier riesgo de afectación excesiva, propone una radiografía completa de semejante neurosis, Piénsese en el mito del primer amor ("El primer hombre"), la guerra psicológica en el seno de la pareja, o su glosa del ménage-a-trois. Si entendemos ésta última como una práctica de orden superior, ya sea para colmar la clase de fantasías no amateurs inoculadas por un inconsciente colectivo, o bien, simplemente,
en la medida que transgrede el hipotético aburrimiento de la pareja, lo cierto es que el balance final de los participantes termina siendo negativo para al menos uno de ellos (v.br., "Ella no está"): ¿Amor libre? Difícil, la concepción de un reparto equitativo de afectos sin abrazar la culpa típica de Occidente: "toda falta, toda carencia, nos hace, aunque no lo deseemos, responsables: culpables, culpables". Tampoco escapan de sus observaciones la castración, la postfeminidad o la inferioridad autoinfligida del varón.
Así, si el psicoanálisis explica los conflictos sexuales masculinos a partir de las proyecciones que pueden hacer creer al hombre que no le está permitido gozar, o de la actitud idealizadora ante la mujer, llama la atención entre el léxico de De Souza el apelativo "melancólico" para describir a algunos de los hombres que pueblan sus relatos: "hombres frágiles, aquellos que nunca se sienten bien en su rol masculino, y se hunden en la melancolía, aquellos que tienen un aire de indefensión que desarma, y que suelen ser leales." He aquí, pues, un ejemplo de convivencia genial entre la fantasía erótica y realismo más contemporáneo.



17 junio 2009

Patricia de Souza en The Barcelona Review


«
Las mujeres no hablan del cuerpo con mucha libertad»

Patricia de Souza nació en Perú, en 1964. Ha realizado estudios de ciencias políticas, periodismo y filosofía. Su primera novela fue Cuando llegue la noche (Lima, 1994). Ha publicado en Líneas aéreas (Lengua de Trapo 1999). La mentira de un fauno, su segunda novela, fue publicada en España y el Perú. El último cuerpo de Úrsula (Seix Barral) ha sido traducido al alemán y la revista literaria francesa de l'NRF (Gallimard), publicó el texto corto Désert. Recientemente ha publicado dos libros: Ellos dos (Ed. San Marcos, Lima, 2007) y Erótika, escenas de la vida sexual (Jus, México 2008, Barataria, Barcelona, 2009). Escribe para diferentes periódicos en Madrid y el Perú.

P: ¿Qué caminos fue tomando la literatura erótica después de los 60 y 70? ¿Hay algo nuevo en lo que poder indagar con este género?

R: Yo creo que en los años 60 y 70 vivimos los privilegios que dejó el pensamiento de Freud y de Simone de Beauvoir y Lévi-Strauss. Lo que se escribe sobre erotismo en este tiempo se inscribe en ese contexto, salvo en España, donde había una total ausencia de libros de este tipo a raíz de la censura.

¿Hasta dónde crees que se puede llegar, literariamente hablando, con la literatura erótica?

Creo que se puede llegar muy lejos. Al menos, es lo que he visto en mi caso. Al pedírseme que escriba sobre el tema, me he dado cuenta de que no solo hay una reescritura de libros que ya había leído sino que debía asumir una posición política en el instante en que iba a tratar el tema.

¿Se escribe mayormente por mujeres?

Mmm…. Yo creo que es al revés. Hace poco Georges Steiner se quejaba de que no existiera un Casanova femenino, ni un Sade, la voici !!!, como se dice en francés. Yo quería que este libro tuviese dentro su propia explosión simbólica.

¿Qué teóricas contemporáneas te parecen más interesantes en relación a este género?

No sé si hay teorías, en la literatura es difícil teorizar y le temo un poco a esta palabra, creo que hay interpretaciones, la de Roland Barthes sobre el marqués de Sade es interesante, él lee en su trabajo un sistema político subvesirvo y fríamente calculado.

¿Crees que aún las mujeres tienen más dificultades para acceder al espacio de lo literario?

Creo que las mujeres tienen muchas cosas que decir. Creo que los géneros son culturales y no naturales. La manera de pensar no la define el sexo, sino la experiencia. Las mujeres no hablan del tema del cuerpo con mucha libertad. Si nos ponemos a pensar existen pocas descripciones del propio cuerpo en las novelas contemporáneas y menos de un coito, por lo que pensé que sería interesante que la voz que hablase fuese en la primera persona del femenino. Como decía Flora Tristán, las mujeres tienen también que nombrar.

He leído en algunas entrevistas que te hacen que manifiestas una resistencia total a los géneros literarios. ¿Es así? ¿Ha dificultado esto tu trayectoria como escritora?

La resistencia es a la imposición de un canon literario. Asumo la literatura como una exploración y una resistencia a la autoridad. Como ejercicio de libertad. Cuesta, sí, liberarse de esos lastres académicos que nada tienen que ver con escribir. No escribo pensando en que voy a hacer un cuento o una novela, simplemente escribo.

En Erótika dices que has intentado contar tu historia, ¿Qué relación ves entre autobiografía y literatura? ¿Te interesa la autoficción?

¡Claro que me interesa la autoficción!, porque creo que la primera persona siempre es ficción. Cuando haces un libro te planteas qué persona vas a usar y muchas otras cosas más. Yo no he hecho una autobiografía porque hay ficción. Yo he querido, lentamente crear un rostro de mujer en el que otras personas, mujeres, hombres, ancianos, se reconozcan.

Recordé mucho el libro de C. Millet: La vida sexual de Catherine M. ¿La tienes como referente literario? ¿A qué otras autoras?

Mmm, sí leí a CM y me gusta mucho su trabajo, es inteligente, audaz, intenso. Pero he leído mucho los clásicos, Sade, Choderlos de Laclos, Pauline Réage, curiosamente, son casi todos franceses, ¿por qué?... porque los franceses, desde Diderot y su religiosa, tienen una fascinación por el pensamiento libre… sí, creo que es eso.

Si bien planteas el libro como escenas de la vida sexual, pienso que solamente al principio se cumple esa primicia, en los dos o tres primeros textos, y luego te insertas en narraciones extensas y con otro nivel de profundización, en donde lo erótico pasa a segundo plano y trabajas más que nada relaciones de poder, infancia, sentimientos como el amor, etc. ¿Es lo erótico una vía de trabajo para acercarse a otros planos de la realidad?

Nadie puede hacer nada contra su carácter. Es cuestión de personalidad. Lo erótico me ha llevado a indagar otros temas, a cerrar ciclos sobre una reflexión sobre el cuerpo, su rol social, su capacidad de trascendencia. Este libro se parece y a la vez es muy distinto de El último cuerpo de Úrsula

¿En qué proyectos trabajas actualmente? ¿Qué publicarás este año?

Estoy por publicar una reedición de El último y luego sale Ellos dos en México… En setiembre Aquella imagen que transpira en España y México, con las mismas editoriales que Erótika


Claudia Apablaza
The Barcelona Review

31 mayo 2009

Colores de Remy de Gourmont y Odilon Redon

CUENTOS
REMY DE GOURMONT: CALORES Y COLORES

Remy de Gourmont defendía que toda novela que se preciase debía ser concebida y ejecutada como un poema. Ponía como ejemplos la versificación de la Odisea o la Eneida, pero también señalaba que Pantagruel, Don Quijote o Salambó estaban vertebradas mediante un informulado ritmo poético. Para reforzar esta afirmación, citaba la correspondencia de Falubert donde este revela las lógicas narrativas de Madame Bovary: «Es preciso dar a la prosa el ritmo del verso (dejando la prosa muy prosa; sin alterarla, eso sí, en lo más mínimo) y escribir la vida corriente como se escribe la historia o la epopeya.» Además de poetizar su prosa, Remy de Gourmont requería en el cuento otra condición imprescindible. «Es necesario, para escribirlo, la ilusión, por lo menos fugaz, de que se es feliz.» Escribir, para Remy de Gourmont, suponía un acto donde se armonizaba la poética y la experiencia gozosa.
En el último tercio del siglo XIX y principios del XX coincidieron en Francia un elenco de escritores. Destacar entre esos eximios literatos, incluso poseyendo talento y modos, suponía una ardua tarea. Remy de Gourmont (1858-1915), aunque de manera discreta, lo lograría. Tras estudiar Derecho en la Universidad de Caen, se instalará en París en 1879. Allí dirigirá una sección de la Biblioteca Nacional y, al mismo tiempo, colaborará en el diario Le Contemporaine y en la revista de arte La Vogue. A finales de los años ochenta se emparejará con Berthe de Courrière, modelo y heredera del escultor Auguste Clèsinger. En su novela Sixtina (1890), Remy de Gourmont se inspirará en su amante. Joris-Karl Huysmans también recurrirá a Berthe de Courrière como referente para su novela Lá-Bas. Por un artículo publicado en 1891 (Le Joujou Patriotisme), donde critica el chovinismo francés, Remy de Gourmont recibirá virulentas críticas, será despedido de la Biblioteca Nacional y los diarios en los que colaboraba le cerrarán las puertas. Sólo pudo seguir escribiendo en el Journal, gracias a la intermediación de su amigo Octave Mirbeau. En 1889, Remy de Gourmont, junto con Alfred Vallette, Louis Dumur, Ernest Raynaud yJules Renard fundará la revista Mercure de France, complementada cinco años después con una editorial que todavía perdura (actualmente pertenece al grupo Gallimard) y que tuvo a principios del siglo pasado una influencia hegemónica en los medios literarios franceses. Paul Léautaud, en su extenso journal littéraire, ha dado minuciosa cuenta de la fecunda trayectoria literaria de los escritores que participaron en Mercure de France. Afectado por un lupus que le iba deformando físicamente, Remy de Gourmont se retirará de la vida mundana parisina. Morirá en 1915 a causa de un infarto cerebral. Su obra abarca la poesía (Jeroglíficos,
Oraciones malas), el teatro (Lilith, Teodato) y la novela (Merlette, Sixtina, Prosas morosas, Una noche en Luxemburgo, Un corazón virginal); no obstante, a mi entender, es en los artículos periodísticos y los relatos breves, reunidos luego en libros, donde su estilo brilla con más intensidad y mejor aquilata el sentido de los temas tratados.
Podemos constatar una muestra de ese talento narrativo en Colores, compilación de relatos breves, que exquisitamente acaba de publicar Ediciones Barataria, acompañados con dibujos simbolistas de Odilon Redon (la mayoría de ellos, coloreados con mórbidos tonos pastel, representan a mujeres espectrales o con los ojos cerrados evocando un mundo onírico). En esta edición, junto a los trece relatos que componen Colores y que dan título al libro, se agregan otros dieciocho textos bajo el epígrafe de "Antigüedades". Todos los relatos tienen a la mujer como protagonista. Son concisos y directos, con prosa (poética) elocuente y precisa, más cercanos al naturalismo que al simbolismo. En Colores, Remy de Gourmont vincula simbólicamente un determinado tono cromático con un aspecto voluptuoso de la mujer. Los personajes femeninos que describe pertenecen a diversas clases sociales: campesinas, princesas, viudas burguesas, niñas párvulas, solteronas, beatas en lo público e infieles en lo privado, amigas o hermanas compitiendo entre sí en la artera caza de un marido... Son mujeres que entregan fácilmente su cuerpo, avariciosas, calculadoras, pérfidas e incluso criminales. Los hombres -sin coste social o moral- son los principales beneficiarios de esos cuerpos, cuya relajada sexualidad temen y, a la vez, anhelan.
En años de vida de Remy de Gourmont proliferaron los discursos misóginos. La constricción de la mujer a un modelo predeterminado ya no se ejercía a partir de la religión, sino desde la moral burguesa, usando para ello la literatura, el arte y determinadas disciplinas médicas. Brani Dijkstra, en su excelente ensayo Ídolos de perversidad, pormenoriza, especialmente en el arte, los distintos imaginarios femeninos que transgredían o cuestionaban el canon burgués de mujeres castas, sumisas, maternales y recluidas en su casa como "sacerdotisas de la inanidad virtuosa" o "monjas hogareñas". Las mujeres que se desviaban de ese modelo canónico serán consideradas infames, diabólicas (como las calificaría en una de sus obras Jules Barbey d'Aurevilly) o bien enajenadas. Uno de los paradigmas de perversión por entonces, como señala Elisabeth Roudinesco en Nuestro lado oscuro, será la mujer anómica a la que tipifican y medican- como histérica. Asimismo, los tratados médicos de antaño adjudicaban a las mujeres un remanente de animalidad que les hacía proclives a los placeres impúdicos y desordenados. Las mujeres perversas, en tanto que encarnación del mal, seducen fatalmente al hombre (Circe, Dalila, Judith y Salomé), le tientan para apartarle de su recto proceder (como a San Antonio), se aferran a él hasta hundirle (metáfora de las sirenas) o le absorben su vida y fortuna (súcubos y vampiras). Al cabo, la imagen misógina por excelencia es aquella que presenta a la mujer como atracción carnal que esconde, al mismo tiempo, una amenaza mortífera en potencia. Ese sentimiento ambivalente, de deseo y terror, es atávico en el hombre.
Los cuentos de Remy de Gourmont reunidos en Colores y Antigüedades -epígonos de las Thérèse Raquin, Nana o Madame Bovary- contribuyeron también en la estigmatización de la mujer perturbadora o perversa. Qué duda cabe que hoy en día son cuentos "políticamente incorrectos". No obstante, ese prejuicio sexista que los fundamenta no empaña su excelente factura literaria. Gourmont no juzga a las mujeres, sólo expone un determinado carácter voluptuoso tópico en su época. Incluso, se podría decir, que en estos relatos hay una cierta ternura y comprensión a favor de la mujer "ligera" o "perdida". Una última consideración respecto a este tipo de relatos: la mayoría de los autores no tenían como prima ratio una intención misógina, sino que alardeaban de expertos conocedores del alma femenina. ¡Qué ilusos!

Alberto Hernando
Revista Letras Libres
Mayo 2009


14 abril 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza


Patricia de Souza, peruana que vive entre Francia y México, tiene ya acreditada una sólida carrera como narradora. Erótika, escenas de la vida sexual, que tuvo una primera edición el año pasado en México, aparece ahora en España de la mano de Barataria.

Erótika es un conjunto de relatos concebidos, escritos y protagonizados desde una óptica femenina. En algunos ámbitos aún puede resultar chocante que las protagonistas y narradoras de estos textos sean mujeres que no sólo buscan el placer sino su propia identidad a través del cuerpo y la experiencia sexual desinhibida de prejuicios sociales.

Las mujeres que aparecen en estos relatos de intensa brevedad llevan la iniciativa del encuentro, seducen por su fuerte sexualidad y provocan una inversión de los roles tradicionales en la relación sexual, ante hombres frágiles y vulnerables, de los que dice una de ellas: su vulnerabilidad me estimula sexualmente, como si a través de ellos yo encontrase intacta una parte que también poseo y que he tratado de disfrazar de fortaleza.

Deseo y mujeres se habitan o se poseen mutuamente en estos textos de delicado dramatismo en los que se suceden la experiencia y el recuerdo, el deseo y la transgresión, el temor y el placer. Iniciaciones sexuales y soledades, fantasías, búsquedas y sublimaciones, encuentros y heridas antiguas componen este mapa dibujado por mano de mujer, esta carta escrita con sinceridad desgarrada - de sí misma a sí misma- con letra femenina, con una mezcla eficiente de coraje y buena literatura.

Yo, Clelia, Octavia, Elena, la mayor y la menor en esta cadena de mujeres -escribe Patricia de Souza en una nota introductoria-, no tengo miedo de seerguir mi deseo. Al final sé que sólo me puede llevar hacia mí, aunque me pierda y dé muchas vueltas: es mi laberinto.

Yo me he ofrecido como espejo, lo sé, en esa cadena de rostros prestados, yo he intentado escribir mi propia historia.


Mayra Vela.
Encuentros con las letras.

31 marzo 2009

Colores de Remy de Gourmont y Odilon Redon

Barataria, una de las siete editoriales a las que se concedió el Premio Nacional a la Mejor Laboral Editorial 2008, comienza el año con la creación de una nueva colección, que bajo el título de «Uno más uno» agrupa en las mismas páginas a un autor y un ilustrador. Esta circunstancia los hace especiales, pero su formato -16x 15 cm- los convierte también en un auténtico lujo de bolsillo. Los dos primeros títulos de la colección tienen a la mujer y al erotismo como centro temático. Erótika, escenas de la vida sexual de la escritora peruana Patricia de Souza, habla de un tema que a muchos les parecerá revolucionario: la aceptación del cuerpo y la búsqueda del placer, no sólo como una experiencia sensorial y sexual, sino también como una búsqueda de identidad. Sus relatos están protagonizados por mujeres que explotan y aceptan su sexualidad, y a la vez por hombres seducidos por la fuerza sexual de algunas mujeres. El libro ha sido ilustrado con fotografías de Ana Moreno Meyer. Por otro lado, Colores, del escritor normando Remy de Gourmont, se compone de dos partes. En la primera, titulada de forma homónima, hay trece cuentos, trece colores, uno para cada mujer, cada carácter y cada aspecto del erotismo: la ávida, la masoquista, la ridícula, la perversa, la sádica, la inocente, la iluminada, la asesina... En la segunda parte, Antigüedades, los relatos son como pequeños poemas en prosa de un erotismo doloroso y ambiguo. El libro está ilustrado por las imágenes del pintor francés Odilon Redon, considerado uno de los precursores del surrealismo.

Alex Oviedo
La Pérgola
El Periódico de Bilbao

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza

Barataria, una de las siete editoriales a las que se concedió el Premio Nacional a la Mejor Laboral Editorial 2008, comienza el año con la creación de una nueva colección, que bajo el título de «Uno más uno» agrupa en las mismas páginas a un autor y un ilustrador. Esta circunstancia los hace especiales, pero su formato -16x 15 cm- los convierte también en un auténtico lujo de bolsillo. Los dos primeros títulos de la colección tienen a la mujer y al erotismo como centro temático. Erótika, escenas de la vida sexual de la escritora peruana Patricia de Souza, habla de un tema que a muchos les parecerá revolucionario: la aceptación del cuerpo y la búsqueda del placer, no sólo como una experiencia sensorial y sexual, sino también como una búsqueda de identidad. Sus relatos están protagonizados por mujeres que explotan y aceptan su sexualidad, y a la vez por hombres seducidos por la fuerza sexual de algunas mujeres. El libro ha sido ilustrado con fotografías de Ana Moreno Meyer. Por otro lado, Colores, del escritor normando Remy de Gourmont, se compone de dos partes. En la primera, titulada de forma homónima, hay trece cuentos, trece colores, uno para cada mujer, cada carácter y cada aspecto del erotismo: la ávida, la masoquista, la ridícula, la perversa, la sádica, la inocente, la iluminada, la asesina... En la segunda parte, Antigüedades, los relatos son como pequeños poemas en prosa de un erotismo doloroso y ambiguo. El libro está ilustrado por las imágenes del pintor francés Odilon Redon, considerado uno de los precursores del surrealismo.

Alex Oviedo
La Pérgola
El Periódico de Bilbao

27 febrero 2009

Buscando vivir a Eros

“Días atrás comentábamos brevemente la última obra de Patricia de Souza, Erótika escenas de la vida sexual, conjunto de cuentos de mujeres sudamericanas que encuentran su placer y su historia en su cuerpo. Un libro que hace tan sólo unos años habría levantado ampollas en nuestra sociedad y que ahora presenta una interesante ventana a las Patricia de Souza formas de sentir de algunas mujeres de nuestros días. Entrevistamos a la autora de Stabat Mater, Debate, 2001, Electra en la ciudad, Alfaguara-Perú 2006, y Erótika… para Ellibrepensador.

ELLIBREPENSADOR: Empecemos por una pregunta quisquillosa y netamente lingüística: ¿Por qué Erótica, con k de kilo? ¿Buscabas modernidad, llamar la atención sobre el título?
PATRICIA DE SOUZA: Sí, la verdad que fue para darle un toque de modernidad. Honestamente no fue el título que yo deseaba, que era Venus proscrita, pero la editorial mexicana, con la que ya había firmado contrato, antes de hacer la edición española, no me dio tiempo de cambiarlo. La “K”, es una letra que se usa mucho en el quechua. Idioma peruano. Es importante porque reivindica un idioma marginal, proscrito, como muchas mujeres que desean ser “libres”. Si bien es cierto que este libro hubiese sido escandaloso hace unos años, ahora no lo es… pero… yo creo que hay una doble moral: lo aceptamos, lo leemos, y sin embargo no sé si consideramos por eso mismo la opinión de una mujer como importante… El otro día oía a George Steiner hablar de los libros que no había escrito y quejarse de la falta de literatura erótica hecha por mujeres. Decía que cuando lo hacían reproducían el imaginario masculino. Justamente, aquí el simbolismo erótico se aparta de su valor de cambio, se hace privado, se individualiza en cada una de estas mujeres que pueden ser latinoamericanas, chinas, o incluso, un hombre, como en Extraño deseo.
EL: Vamos ahora por una pregunta literaria: En tu libro se citan obras de contenido erótico y además transgresor como es el caso de Historia de O, y también a Simone de Beauvoir, por ejemplo. ¿Alguna otra obra para recomendar: La mujer rota, El segundo sexo, Electra, o incluso de autores masculinos como El amante de Lady Chatterley?
PdS: Historia de O es una joyita (en París vi una reedición con un texto inédito de Jean Paulhan, la historia que cuento en mi libro, es verdadera, ojo), La vida de Catherine M, es un libro también interesantísimo porque aplica el análisis del arte, la perspectiva clásica, al cuerpo, El amante de Lady Chaterly, sí, delicioso. Además existe una película de Pascal Ferran, muy buena. Luego, están los clásicos, las Memorias de Casanova, el Marqués de Sade, que me parece imprescindible. O los epistolarios, Las relaciones peligrosas y El Heptamerón, de Marguerite de Navarra (un amigo de Barcelona, me dijo que este texto le recordaba un poco el de M de N)…. Ah, El asno, de Luciano de Samosato, es genial y, por supuesto, La noche sexual y el sexo y el miedo, de Pascal Quignard… Y Electra, ¿¿¿era mi Electra de la que hablaban??? (risas) .
EL: Una pregunta muy relacionada con la anterior, ¿crees que existe la literatura de mujeres o para mujeres? ¿O crees que es una cuestión de publicidad y ventas, una búsqueda de público que compre porque se le convence de que algo se ha escrito para su gusto, pensado en él?
PdS: No, no creo que exista una literatura hecha por mujeres y para mujeres, lo que existe es la necesidad de romper con los mitos y leyendas sobre le rol de la mujer en la vida privada y en la pública; precisamente en el sexo, que es donde se originan la repartición de roles, pasivo, activo, arriba, abajo, superior, inferior. Es la única forma de que las mujeres se conviertan en sujetos libres para que los hombres estén frente personas autónomas. No olvidemos que el sexo es una actividad principal, muy básica, pero que puede ser una forma de trascendencia, una manera de afectarnos con la presencia de los otros. El sexo es mucho más complejo y no tiene nada que ver con la imagen que nos imponen desde fuera que, no creo que tenga que ver con la necesidad de afecto que poseemos todoas… (la a es añadida). Se trata entonces de crear sus propios contenidos, sus propios códigos, que pueden enriquecer la lectura de la vida erótica, del eros que circula entre hombres y mujeres sin imponerle categorías. No hay cosa más enervante que las teorías esencialistas de masculino y femenino que siguen dominando, pese al Segundo sexo, pese a los análisis de Pierre Bordieu o los textos psiconalíticos de Melanie Klein
EL: Cambiemos a lo social, ¿crees que queda mucho por avanzar en la realización sexual de la mujer? Es evidente que los países van a diferentes ritmos pero, según tu punto de vista ¿cuáles están más avanzados y en qué sentido se entiende ese avance?
PdS: Hace unos meses Le corrier international publicaba una serie de reportajes sobre en qué país, occidental, las mujeres se sentían más libres. Concluían que en Francia (parece que los hombres reconocen a la inteligencia como la cualidad más importante en ellas). Yo creo que en Francia hay un androcentrismo institucional, pero que las mujeres no se sientan a esperar (pienso en la frase de Segolene Royal: soy una mujer de pie, o en Simone Veil, por citar algunas) sino que salen al frente. No son la mayoría, Steiner tiene razón que muchas tenemos miedo de romper las reglas de la tribu, sin embargo creo que en América latina se puede esperar que, como los cortes sociales se mueven constantemente, la falta de un control (digo esto porque se controla que las mujeres procreen) permita una participación más importante de las mujeres. En realidad existe, pero de forma simbólica porque no son siempre las que generan los contenidos y se alienan muy fácilmente con el poder, y con las ideas sobre él. En su Segundo sexo, Simone de Beauvoir citaba al escritor Francois Mauriac quien se burlaba de las mujeres diciendo que de maneras formas todas sus ideas venían de los hombres. Justamente, ese es el centro del tema y de la lucha por la libertad. Pensar solas, sin Dieu ni Maitre!!
EL: ¿Crees que tu libro será considerado agresivo o incluso copiando formas del antiguo machismo en su claridad y a veces en sus líneas rectas, directas al objetivo?
PdS: Es curioso como relacionamos el lenguaje directo, la espontaneidad, a una actitud machista, ¿quiere decir que las mujeres debemos hablar indirectamente, con un lenguaje subliminal y no directo, que hay temas que no podemos tocar, etc.?
EL: Simone de Beauvoir exponía su opinión sobre qué definía o qué era la mujer en El segundo sexo, ¿qué identifica, según tú, a una mujer?
PdS: Cada mujer es una persona, un proyecto, una necesidad de trascendencia, una fragilidad en potencia, en resumen un ser humano. Y nada la define sino es su vocación por ser alguien que piensa, siente, y actúa libremente. Es a lo que aspiramos todoas, finalmente…
EL: ¿A qué autora te gustaría parecerte en tus cuentos? ¿Referencias inmediatas?
PdS: Me gusta siempre parecerme a mí misma, pero si elegiría a alguien, tal vez me siento cercana de Simone Weil… la filósofa, o no sé, a una Patricia de Souza que vive en constante mutación…
EL: ¿Han entendido las españolas las formas de entender la sexualidad de tus protagonistas o te han planteando dudas y extrañezas?
PdS: Creo que como es un lenguaje directo, pero que exige una dimensión poética al lenguaje, las mujeres, y hombres, se identificarán inmediatamente con los personajes. Esa es la epifanía de la literatura, que sucede conjuntamente con la lectura. El lector, o lectora, traduce el contenido a sus propios códigos y se apropia de él…
EL: Cuéntanos un secreto, Patricia: ¿Por qué tus historias parecen, con todas sus particularidades, pequeños momentos de tu vida, como si fueran pequeñas pinceladas autobiográficas? ¿O es sólo una apreciación nuestra?
PdS: Mnnnn…. Es imposible renunciar al Yo, pero tal vez yo he querido acercarme mucho a otras personas, a otras experiencias, como si fuese yo misma. Entre la realidad y esa ficción, no sé, ¿cuál es el límite? Me pierdo un poco y me satisface hacerlo. Tal vez la frase de Flaubert: Madame Bovary soy yo, lo explique mejor. Pero sí, hay un acto sacrificial en la escritura, lo digo en la nota de la autora, ese ponerse en el lugar de, de prestar su cuerpo, su cabeza, a otroas… Soy yo a través de ellos, de ahí ese flujo erótico, pienso… Esa es la paradoja. Para aquellos que se hayan quedado con más ganas de esta autora, pueden encontrarla en su blog personal: www.palincestos.blogspot.com

Guillermo Arroniz
El libre pensador

20 febrero 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza

No es la primera vez que leo una autora de “América Latina” expresando ideas sobre la libertad sexual, la realización del cuerpo, el deseo de ser en su deseo. Sin embargo la fuerza y el ardor de las mujeres de los relatos de Patricia de Souza no consumen la esencia ni la delicada literatura que vibra en ellos.
Los relatos, breves, exentos de acento dramático o desgarrador, pero intensos, auténticos, de una sinceridad en la voz que se agradece, parecen escenas extraídas aleatoriamente de la vida de una misma mujer que a veces podría creerse que es la propia autora en una autobiografía parcial o deformada por un espejo roto en muchos pedazos. Sin embargo quedan patentes los rasgos identificativos de esas protagonistas, rasgos que las diferencian, especialmente en sus historias, pues en los sentimientos no se muestran muy lejanas unas de otras. Hablan en primera persona de los apetitos sexuales, de sus preferencias, sus fantasías, su iniciación… y en ellas late un feminismo activo, a veces casi se diría que añorante de los hombres y de una libertad de culpa que se les (o nos) atribuye como género, valgan tres ejemplos: “Recuerdo que esa vez yo me estremecí de placer. Pero muy pronto comprendí que ese placer se me hacía sentir como una falta, algo sucio, como yo fuese un ser que carecía del órgano prominente que tenían los varones, y entonces empecé a sentir mucha frustración”.
El otro. Página 37.
“Para un hombre debe de ser lo mismo, con la diferencia de que ellos pueden sentirse menos afectados si separan el deseo del afecto. Están menos señalados por la sociedad y sienten menos culpa. En suma, siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto, pero ¿es siempre necesaria esa división? ¿Por qué de una maldita vez no podemos sentirnos unidas en el deseo? ¿Por qué no podemos vivir las cosas con libertad sin temer la mirada de los de más ni sus juicios? ¿Es un error querer aproximarse a una misma, aceptar las debilidades, los límites? Ésa ha sido mi gran pregunta y mi reclamo constante. Y siempre he sentido que hablaba en el vacío… ¡Ahhhh! Yo sé que me agota tratar de arrancarle a la vida lo que no te ofrece”.
El otro. Páginas 44 y 45.
“Se sentía culpable porque toda falta, toda carencia, nos hace, aunque no lo deseemos, responsables: culpables, culpables”.
El primer hombre. Páginas 60.
Además de esta necesidad por conquistar una libertad sexual y una realización del cuerpo y sus apetencias, que son la vida misma, la esencia de las historias, los personajes se quejan de los hombres, de su falta de compromiso, de su vacuidad, de su incapacidad para comprender el ánimo femenino, mucho más sutil, cambiante pero permanente, mucho más complejo: “Lo miró: no tenía nada de guapo, era una persona de físico insignificante, pero la mirada de su tía había despertado su deseo y construido una cierta mitología alrededor de aquel hombre que parecía ordinario: pocas ambiciones, ningún sueño. Se detuvo a mirar los estantes: vacíos, ni un solo libro, sólo revistas sobre autos o deporte”.
La habitación vacía. Página 24.
“Siempre me han hecho saber que soy muy atractiva, la mayoría de los hombres me estimaba por mi belleza más que por mis ideas, y era, la verdad, agotador. Gustar puede crear una esclavitud irreversible, puede ser una carga más que una liberación. Yo he estado atrapada en mi cuerpo, en la imagen de mujer atractiva que siempre me han impuesto, sin que pueda hacer nada. Un rostro es un rostro, pero un cuerpo… nadie sabe lo que es un cuerpo si no es a través de un rostro que lo contempla”.
Francisco y yo. Páginas 106 y 107.
Sin embargo los hombres y sus imperfecciones o virtudes no son el objeto central de la obra. Lo son las mujeres y su relación con el sexo y a través de este con la vida. Y en el desarrollo de sus ideas, de sus idas y venidas, de sus gustos literarios en lo erótico, de sus trabajos y las experiencias con sus amantes (mayores o más jóvenes que ellas según los casos), Patricia se nos revela como una escritora con una importante vena poética, cálida y húmeda como una flor en mitad de la selva, de un fuerte colorido que queda empañado por el vapor del mismo agua que la rodea: “Él llegó, hermoso como si fuese a una fiesta de bodas, o a un sacrificio. La camisa blanca marcaba sus músculos delgados y se había puesto una sortija en el dedo meñique”.
“Entonces imaginé una escena que siempre me ha acosado, la de Jacob en su lucha con el ángel, escena bíblica que para mí representaba la lucha que cada hombre (o mujer) tiene que librar contra su propio deseo; lucha que muchas veces exige ser valiente y perder el miedo a exponerse y entregarse”.
La escalera de Jacob. Página 77.
Por último, llama la atención la curiosidad de ver un Madrid de fondo en uno de los relatos, donde parece que la autora sitúa el antiguo ayuntamiento en la Plaza Mayor (quizá en realidad la Casa de la Panadería), lo que nos muestra una fisonomía de la ciudad subjetiva pero muy sugerente, pues es cierto que la fábrica no se diferencia demasiado de aquella de la Casa de la Villa: “Llegué antes de la hora y tuve que pasear bajo los soportales de la Plaza Mayor, observando a los vendedores de estampillas… No sé qué pudo suceder en aquel encuentro, pero mientras avanzaba para cruzar la plaza, un ruido agudo me atravesó los oídos, me hizo mirar la parte alta del ayuntamiento, como si algo me fuera a caer encima, produciéndome un sentimiento de pérdida y de vacío”.
La infancia. Página 110.
En resumidas cuentas una obra especial de pequeñas historias que nos hacen pensar sobre los deseos y el deseo de la mujer como algo siempre inexplorado y siempre inexplicado, incapaz de ser analizado bajo la luz de la lógica, sino de la carne y el ritmo, el alma y la apetencia. Una sucesión de relatos donde se defiende con rotundidad una forma y mil formas de situar el sexo en el corazón de la vida… de la mujer.

Guillermo Arroniz
El libre pensador


05 febrero 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza

«Si no hay amor no hay muerte»

La autora peruana publica «Erótika. Escenas de la vida sexual»

Patricia de Souza es autora de «Electra en la ciudad» (2006) y «El ultimo cuerpo de Ursula» (2000), entre otras obras. Aunque le gusta el frances como caja de resonancia, escribe en castellano para transformar lo que vive en autoficcion, «y a ser posible en primera persona porque es la trascendencia de la propia experiencia». Practica la novela de la reflexion, de la experiencia interior, «con rigor y sin horarios -a la manera proustiana-: cierro las cortinas y empiezo a imaginar, a sentir, a escribir». A caballo entre Lima, Mexico y Paris. «La errancia es mi mejor estado», dice.

«Hablo del cuerpo y el deseo. De la sexualidad como forma de acercarse, con miedo 0 no, a los demas», aclara con conviccion Patricia de Souza a proposito de su octavo libro, «Erotika. Escenas de la vida sexual» (Barataria), que viene a ser algo asi como leer a Cavalcanti con el cuerpo humedo, en un intento de sentirlo todo y de todas las maneras posibles -«el mejor modo de libertad es ir contra los cliches»-. Narrado con lenguaje directo, nos sitúa ante un cuadro cuajado de escenas, y cada «frame verbal» nos acerca a mujeres que desean demasiado y «hombres desfasados con el nuevo rol femenino», deconstruyendo asi las leyendas gestadas en torno a una hembra, su cuerpo y su ansia de trascendencia. «Somos, las escritoras y los escritores, el chivo expiatorio de un conglomerado de personas -matiza- que hacen su particular travesia de indagacion carnal y existencial». Sexo-festivo, sexo-sacrificio, dominacion, sumision ... Todo para recordarnos que «si no se ama no se entra en contacto con la muerte». Soez y refinado, el deseo mueve y conmueve a sus protagonistas, «que lo disfrutan y lo temen», ellas, las hijas de la revolucion cultural que preconizara Simone de Beauvoir, las mismas que se atreven a «salir de su prision» para descubrir placer con desconocidos, dejarse seducir por amantes mayores y que consuman -y consumen- sexo como puente hacia el otro, «como sueño de la union, desde la consciencia de que somos seres separados que no llegamos a trascender esa soledad» ... «A fin de cuentas -resume-, el deseo es lo contrario a la restriccion». Toda la obra de De Souza gira en torno al analisis del discurso ejercido por mujeres y a la demolicion de los generos. Atravesada par influencias eclecticas -lecturas clasicas y modernas; paganas y profanas-, no se siente nieta del boom latinoamericano y si algo proxima a la literatura confesional francesa: «Aunque trato de afinar mi canto para poder entonar mi propia cancion». En esa clave de sol afina las paginas de «Erotika», donde el sexo es «ese gesto humano, trascendental, que mantiene algo salvaje que nos pone en contacto con estados arcaicos y remotos». Como un retorno a la caverna.

Ángeles López
La Razón


02 febrero 2009

Colores de Remy de Gourmont y Odilon Redon


Si yo tuviese que escribir la vida de Cleopatra, la escribiría en verde, en verde Nilo, como es natural, y no creo que nadie se atreviera a contradecirme. Escribir vidas o cuentos en tal o cual color es lo que he intentado aquí.
De esa manera explicaba Remy de Gourmont el papel determinante que tienen los colores en la vida. Es parte del prólogo de un libro exquisito, Colores, que reúne a Remy de Gourmont (1858-1915) y a Odilon Redon (1840-1916). Lo publica Barataria en su colección Uno más uno.
La primera edición francesa (Couleurs, suivi de Choses anciennes) apareció en 1908 y en 1921 ya hubo una traducción española de Julio Gómez de la Serna en Biblioteca Nueva.
Entre colores fríos y calientes, entre el relato corto y las escenas de un diálogo teatral, en la primera parte del libro hay trece textos sobre trece colores, sobre trece mujeres y trece caracteres definidos por cada color, sobre trece maneras de vivir el erotismo. Subrayados por trece imágenes de Odilon Redon, un pintor contemporáneo de Remy de Gourmont, están aquí el amarillo de la moneda de oro, el negro inolvidable de una dalia en jardín normando, el alma azul de dos amantes adúlteros, el violeta de las solteras o la triste desazón del cinzolín, entre el violeta y el rojo.
Y es que –explica Remy de Gourmont- hay mujeres azules, las hay rosas, malvas o rojas. Es decir, que no puede uno representárselas más que asociadas a uno de los siete colores o a una de esas tonalidades.
El libro se completa en una segunda parte –Antigüedades- , con dieciocho cuentos cortos que están muy cerca en su técnica y en su tensión expresiva del poema en prosa. Frente al cromatismo intenso de las ilustraciones de la primera parte, predominan en estas Antigüedades los negros y los grises en una técnica expresionista que culmina en un Dibujo a lo Goya y en un magnífico texto, Iter ad Luxuriam.
Rubén Darío, que matizó el simbolismo cromático como nadie hasta entonces en español, habló de ambos, el escritor y el pintor, con fervor de discípulo y reconoció siempre en Gourmont un maestro del refinamiento que le enseñó a mirar la realidad y en Odilon Redon un ejemplo de
pureza y ensoñación visionaria.
Al evidente acierto de reunirlos en un libro se anticipaba Remy de Gourmont cuando escribió estas líneas: no pretendía con este entretenimiento reformar la estética ni revolucionar las normas del arte de escribir. Jugué, sencillamente, con una caja de lápices de pastel; me gustaban los colores por ellos mismos, uno por uno, como al singular y gran artista Odilon Redon, cuyas flores resultan tan vivas que quiere uno respirarlas.

Santos Domínguez
Encuentros de lecturas

28 enero 2009

Colores de Remy de Gourmont y Odilon Redon

Pocas veces se encuentra uno con ediciones de autores simbolistas, flor rara entre los estilos por su corta vida en comparación con otros, y menos aún con libros tan cuidados como éste.
Además de la novela A rebours, de Huysmans, y de fabulosos poemas, el simbolismo también abarcó los relatos, como es el caso y el mundo de las artes plásticas en general. Odilon Redon fue uno de los pintores que la crítica ensalzó por encima de otros con mayor dominio del dibujo, como podría ser Gustave Moreau, por ser un precursor del Surrealismo y avanzar en el sorprendente proceso evolutivo del arte. Sus dibujos y cuadros, sus pasteles, son un magnífico acompañamiento para esta obra, en la que cada cuento de la colección Colores es como una bella poesía en el mejor de los sentidos y sin perder su fuerza narrativa, absolutamente magnífica e ígnea. Ya en el “prólogo” el autor muestra su convencimiento de que una novela, si ha de ser algo, tiene que ser un poema “La novela no requiere una estética diferente a la del poema… de sus orígenes conserva la novela la posibilidad de cierta nobleza… toda novela que no es un poema, no existe”, página 7. “La novela no habla más de los amores posibles; la historia habla de los amores auténticos, atestiguados por cartas y reliquias” (Violeta, página 68).
La fuerza metafórica, simbólica, de las flores, las telas y los colores se hace presente a cada paso de esos relatos que nos presentan mujeres perversas, inocentes, avariciosas, lujuriosas o amorales en un espectro que abarca colores primarios, no-colores (blanco y negro) y tonalidades poco comunes como el cinzolín. La prosa es cuidada. Hay economía de palabras, de gestos, pero no de descripciones fundamentales y precisas, con la perfección de pinceladas geniales. “Era un camino hondo y abandonado que conducía a una antigua cantera. Ella andaba deprisa evitando las zarzas, rozando las retamas, las madreselvas, las digitales que se entretejían caóticamente en aquel agujero sombrío de arena y piedras que las ramas de las hayas, de los fresnos y de las encinas resguardaban con su manto verde y tupido” (Amarillo página 23).
Se respira una admiración y una crítica simultáneas a la mujer, muy en la línea de la idolatrada Salomé, mito del fin de siglo, aunque sin malditismo y sin deificación. “Un filósofo habría encontrado en aquella niña esa pasión por el sufrimiento que los curas han explotado tanto en las mujeres, que no es nada rara, y que enamora a los hombres porque halaga su vanidad…” (Cinzolín, página 98). “Pauline pasó en el confesionario media hora muy agradable. A medida que se desprendía de los pesados frutos del pecado, el árbol aligerado enderezaba sus ramas y recobraba su actitud primaveral” (Malva, página 133). Ni uno solo de los breves cuentos es desaprovechable. Todo es finura, precisión, belleza versicular.
Para terminar de completar el libro, se añaden una serie de relatos muy breves (hoy algunos estarían clasificados como microcuentos), bajo el título agrupador de Antigüedades, de un sarcasmo, de una violencia negra, amoral, definitivos. Para ilustrarlos se pasa al Odilon Redon
que seguía las lecciones de Goya en sus Pinturas negras, inquietantes, profundas, capaces de colarse en nuestros sueños para convertirlos en pesadillas inexplicables o en aventuras grises de viajes al subconsciente. “-Mire como son –murmuraba el viejo entristecido- estos viejos europeos… Guardar y rodear de verjas unas piedras deformes y decrépitas… ¿Y por qué? Porque son viejas” (La torre Saint-Jaques, página 181).
En conjunto la obra destila una ligera amargura triste mezclada con una sensibilidad para captar los pequeños rincones de la vida y disfrutarlos siquiera de lejos, como espectador con microscopio; una ironía punzante con un detenimiento propio de abeja que liba para dar la mejor de las mieles, aunque a veces la flor pueda llevar en su polen un poco de veneno. “-Vengo –dice la Sombra- para recordarte también el olor de las cicutas, de las supremas cicutas cortadas en el verdor matinal; para recordarte la cicuta y su olor insólito y asesino” (Las alegrías elementales, página 201).
¿Quién puede pedir más?

Guillermo Arroniz
El libre pensador