14 diciembre 2011
22 marzo 2011
Cuentistas (VII): Fernando Clemot
Sergi Bellver
22/03/2011
Colaborador asiduo en varias revistas literarias, el también filólogo, editor y profesor Fernando Clemot es una rara avis en el cuento español, pues recoge e interpreta la mejor tradición del relato europeo y permanece ligado a una estirpe de narradores más mediterránea que anglosajona. En su literatura, Clemot investiga en los procesos de la memoria y nos recuerda que debemos atesorar cada momento presente, pues está condenado a ser único. Desde Barcelona responde, honesto y sin artificios, a las preguntas que poco a poco van dibujando en este ciclo una suerte de mapa del cuento español contemporáneo.
¿Por qué el cuento, Fernando? ¿Qué te llevó a combinar en tu actividad como escritor la novela con el relato breve?
Llegué primero al cuento que a la novela. Fue de una forma casual, en un concurso de mi antiguo trabajo, y un poco tardía, ya que no escribí ningún cuento antes de los veinticuatro años. En cuanto a compaginar novela con cuento no me crea ningún tipo de cambio en la forma de trabajar. El vehículo de la narrativa, como el de la poesía, el ensayo o cualquier género literario, es la palabra. Esa es la herramienta. La única diferencia es la aplicación de las técnicas propias de cada género en el momento de creación, utilizar el ritmo de cada género y los recursos del mismo. Un lector de cuento no va a aceptar un mal principio de cuento ni tolerará barrigas en el desarrollo de la narración mientras que el lector de novela es más paciente, permite que desarrolles con mayor tranquilidad las tramas y derivadas de la acción principal.
Paradigma de lo que Juan Carlos Márquez llamó “Generación plica”, te has abierto camino por tu trabajo y sin padrinos. ¿Qué han significado en tu trayectoria los premios a tus textos, como el Kutxa Ciudad de San Sebastián o, en especial, la concesión del Premio Setenil a un libro como Estancos del Chiado, escrito y publicado desde el margen del mundo editorial?
La verdad es que ha sido así. No he tenido ninguna vinculación familiar, social o personal con el mundo literario o editorial hasta hace poco. No me siento mejor ni más orgulloso por ello, todo lo contrario, hubiera agradecido tener algún vínculo que allanara el camino.
Los escritores de la generación Plica, que tan bien definió Juan Carlos, nos fogueamos durante los años de formación en el mundillo de los concursos literarios. Supongo que en un primer momento de afirmación como escritor es útil esta vía; consideras que es un método “democrático” de poder entrar en el mundo editorial y afortunadamente hay un espacio no manchado de premios “cocinados” en la narrativa breve. También apartarse de los concursos literarios es una decisión que se ha de tomar en un momento u otro. Presentar cuentos de una forma sistemática a concursos hace que acabes repitiendo esquemas narrativos y temas que sabes que pueden gustar a los jurados. Acabas escribiendo relatos “concurseros” y puedes acabar convirtiendo lo que escribes en un mantra autocomplaciente.
¿Cómo ves el supuesto auge del cuento en España? ¿Crees que ese, a veces, raro ecosistema editorial y los medios están de veras por la labor? ¿Qué crees que podría y cabría hacerse (y si debe o no hacerse) para que el relato breve, definitivamente, recibiera atención como lenguaje literario a la altura de cualquier otro?
Creo que es un auge real y esperanzador. El género estuvo relegado al ostracismo durante décadas y parece que en los últimos diez o doce años se ha creado una nueva percepción e interés por él. Parte de la culpa de este renacer lo tienen una serie de editoriales pequeñas y medianas que han apostado de forma definitiva por el cuento. Es aquí donde realmente se está fijando el futuro del cuento, en la apuesta de estas editoriales, muchas veces vocacionales, por autores que estábamos fuera del foco del gran público. En cuanto a las grandes editoriales es muy difícil que apuesten por proyectos de escritores que no tengan un nombre consolidado. Esperemos que finalmente el impulso de las pequeñas obligue a las grandes a realizar apuestas de riesgo pero soy muy escéptico respecto a esto.
En cuanto al lenguaje literario aplicado al cuento no encuentro diferencias respecto a los otros géneros. Quizá debe limitarse la utilización de grandes descripciones o de cargas que eviten un desarrollo eficaz del relato. El relato se basa generalmente en un protagonista único que debemos conocer a través de sus actos, es un personaje en plena acción y lo debe ser desde la primera línea hasta la última. Debemos dibujar al personaje por sus acciones y su pensamiento más que por nuestras descripciones. Quizá esta sea una de las principales diferencias del cuento respecto a los otros géneros.
¿Qué delata para ti a un buen cuento? ¿Cuál sería esa seña de identidad en tus mejores cuentos?
Un cuento, desde mi punto de vista, rondaría la excelencia cuando permite un final con varias lecturas, cuando no se queda únicamente en la descripción precisa de unos hechos o una vivencia. El gran cuento debe penetrar varios niveles en la percepción del lector, permitir a éste adivinar diversos desenlaces o continuaciones de la trama, también el lector debería poder trazar su propio recorrido mental que le lleve a un final propio, abierto e incluso paradójico.
En este sentido un cuento ideal debería revelar sentidos diferentes en cada uno de los lectores, conseguir conectar al lector con una realidad propia, a menudo subconsciente o no aflorada, y hacerla llegar más allá del tiempo de la lectura del mismo. Un gran cuento ha de ser la revelación para el lector de una realidad propia, un descubrimiento.
El espacio y, en cierto modo, el viaje (interior y exterior), tienen relevancia en tus libros. Tu novela en Barataria, El golfo de los Poetas, es un buen ejemplo (Italia). Y con Estancos del Chiado la cuestión se hace evidente (Portugal). ¿Cómo trabajas este aspecto en tu narrativa?
Trato de no enfrentar a los personajes del cuento a contextos que me sean demasiado familiares. Difícilmente situaría una novela o un cuento en Nueva York, Tokio o Acapulco ya que nunca he estado allí y son ámbitos que me resultan desconocidos y en los que no puedo identificar un paisaje o sensación. No me dicen nada personal, nada fuera del cliché.
En esa línea creo en cierto sentido mediterráneo de la narración, algo más rica y sonora que en los clásicos anglosajones, que se traslada también al paisaje. Mis personajes se suelen mover mejor en este medio, en un paisaje que me resulte cercano y amable.
Háblanos de cómo vives el proceso creativo, de cómo te planteas el camino desde la idea inicial al texto definitivo, de cómo surgen tus textos. ¿Qué arranca el motor de la escritura en tu caso? ¿Una frase desencadena el resto? ¿Planificas todo con antelación, corriges a partir de un torrente inicial o cada relato te pide una estrategia distinta (ninguna, incluso)?
Pongo especial atención en los inicios de los cuentos o de los capítulos de la novela. Trato de transmitir verdad, también contundencia. Ese es el momento de crear un clima de complicidad con el lector, de cierta intimidad. El lector ha de seguir la narración como si se la estuviera contando un amigo, se ha de crear en los primeros párrafos ese clima de familiaridad íntima que he señalado.
Si se trata de un libro de cuentos con un eje temático muy definido la tarea es más complicada. Se ha de buscar con mucho cuidado una red de pequeños pespuntes que sujeten cada una de las narraciones y la relacione con las demás. Este tipo de libro de cuentos ha de ser un pequeño ecosistema en que cada una de las narraciones alimente y dé pistas sobre las demás.
En cuanto a la forma de trabajar suelo escribir de tirón y luego corrijo bastante. Posiblemente disfruto en el proceso de corrección más que con la propia escritura. Me resulta un trabajo más placentero.
Aparte de las diferencias formales en cada caso, ¿cómo sabes cuándo una idea, una imagen o una frase te llevarán a escribir un cuento y no una novela?
Generalmente cuando la idea no se disipa con facilidad. Suelo apuntar las ideas en una libretilla y luego las paso a un documento. Si al cabo de unas semanas sigue emanando algo de aquel primer apunte es un buen indicio de que la idea tenía fondo y posiblemente será atractiva dentro de un desarrollo narrativo.
Desde el inicio de este ciclo repito una pregunta que, de una manera curiosa, está produciendo dos interesantes grupos de respuestas. Hablo del supuesto salto generacional en el cuento español, una zona de penumbra en la que, salvo excepciones, veteranos y jóvenes no parecen compartir referencias ni se leen demasiado entre sí. ¿Crees que hay en nuestro país un espacio literario en blanco entre las nuevas generaciones y las anteriores?
Creo abiertamente en la necesidad de leer a los clásicos, sean de la novela, el pensamiento o del cuento. En mi caso buena parte de mis referentes, extranjeros y nacionales, no son de mi generación, ni siquiera de mi siglo. Por poner un ejemplo no creo que nadie haya escrito en lengua española con mayor calidad y recursos que Quevedo en Los sueños o Vida de Marco Bruto. Me gusta leer autores no contemporáneos y no creo que una carrera literaria pueda tener una base firme sin la lectura exhaustiva de los clásicos de la narrativa.
En cuanto a lo de la zona de penumbra es verdad, en el cuento tal vez debido también a cierto abandono o a la poca atención que sobre el género hubo durante décadas.
Una de las editoriales españolas especializadas en ese género, Menoscuarto, publicó el pasado año la antología Siglo XXI, para la que Fernando Valls y Gemma Pellicer seleccionaron tu trabajo. En 2011 también participas en otros proyectos colectivos, para editoriales como Escalera y Libros del Silencio. El golfo de los Poetas te llevó a representar a España en el First Novel Festival de Budapest y has intervenido en festivales como I luoghi delle parole, en Italia. A raíz de esta mayor visibilidad, ¿recibes alguna respuesta de tus nuevos lectores o de otros autores, compañeros o no de antologías?
Tener visibilidad, se confiese o no, es una de las grandes preocupaciones de cualquier escritor aunque siempre se ha de evitar que no degenere en una búsqueda compulsiva de notoriedad. En mi caso esta visibilidad llegó con la concesión del premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en España, al que le debo buena parte de lo bueno que vino después. A partir de entonces el libro cobró otra dimensión y pude compartir experiencias y sensaciones con muchos lectores, circunstancia que me ayudó sobremanera. Un libro que no lo lee nadie o no tiene repercusión impide esta conexión, sin duda enriquecedora.
También me hizo especial ilusión representar a España en el First Novel Festival ya que el Ministerio de Cultura premiaba la que consideraba mejor primera novela de un autor español. Competía con autores a los que respeto y admiro con novelas excelentes. El hecho de que la novela se hubiera publicado en una editorial independiente como Barataria también me hizo sentir muy satisfecho ya que en cierta manera reconocía su apuesta y su trabajo.
Hablando de antologías, ¿te resulta complicado escribir por encargo sobre un tema?
Bastante. Trato de limitar mucho este tipo de trabajos y cuando los tengo que hacer intento que entren en conexión de una forma profunda con mis intereses, con lo que tengo la necesidad de escribir.
Escribir una novela de encargo me resultaría absolutamente insoportable e incluso iría contra el sentido de lo que entiendo que tiene que ser el oficio.
¿Qué cuento crees que podría sorprender y conmover más a un lector que se acerque por primera vez a tu libro Estancos del Chiado? ¿Hay alguno que, a tu juicio, resuma con un efecto más claro tu poética personal en narrativa?
Los dos cuentos con los que me siento más identificado son el que da título al libro, “Estancos del Chiado”, y “El verano del cortapichas”, el que puede leerse esta semana en Revista de Letras. En ambos el protagonista es un trasunto de mí mismo y me baso en experiencias personales filtradas, y en algunos casos infectadas, con historias que intuí o escuché. Creo que en ambos relatos la voz es sincera, directa y puede emparentar al lector con el relato.
No reniego del resto de cuentos del libro, ni mucho menos, pero creo que en estos dos relatos es donde sentí con mayor intensidad esa necesidad de asociar experiencia personal con literatura, de encontrar en lo personal y en la memoria, y no en lo anecdótico ni en tramas externas, una vía para desarrollar una dialéctica propia.
La unidad en un libro de cuentos nace sobre todo de la propia escritura, de la voz del autor, aunque varíe de registro en cada relato. Estancos del Chiado es una compilación de cuentos premiados anteriormente y, por lo tanto, no partió de una idea unitaria previa, aunque luego destila un aroma general, cierta temperatura narrativa. ¿Qué piensas de este asunto? ¿Le pides como lector a un libro de cuentos un hilo conductor o te seduce (aparente o no) la anarquía?
Sí, Estancos del Chiado recoge relatos que van del año 1999 al 2005 y creo que por el camino hubo incluso cambios en mi sensibilidad sobre lo que debe ser un relato y lo que no. En este caso pienso que el único vínculo se puede encontrar en cierto gusto por un lenguaje elaborado o rico. Jordi Gol, el editor de Paralelo Sur, supo encontrar una suerte de coherencia en la aparente anarquía del libro y creo que a él le debo también buena parte del éxito que tuvo después. Convirtió una recopilación de cuentos en un libro de cuentos.
He de decir que me seducen más en los últimos tiempos libros donde haya algún nexo unificador entre los cuentos. Cada relato ha de poder funcionar de forma independiente, ha de tener una lectura exenta, pero a la vez ha de ser parte de un puzzle más grande, ha de crear un correlato con los otros cuentos del libro.
¿Qué te interesa o te llega más de un cuento, la emoción provocada, la idea contenida o la perfección formal? ¿Cuál de ellas te parece más importante en un buen cuento?
De todas las sensaciones que me señalas tal vez las que más valoro son la idea contenida en el texto y la perfección formal. Puedo admirar perfectamente un cuento que no desarrolle una gran historia pero que me traslade a cierto goce intelectual o estético. Algún cuento de Tabucchi en Se está haciendo cada vez más tarde sería buena muestra de ello. Si este factor de goce estético se combina con una idea fuerte, una metáfora global que lleve a la apertura de una puerta hacia una reflexión personal o profunda, estaremos ante un cuento extraordinario.
En cuanto a las emociones desconfío de los relatos que encierran sorpresas o emboscadas, también de las emociones inmediatas. La búsqueda de emociones puede generar relatos tramposos o superfluos. Por poner un símil cinematográfico, buscando la emoción podríamos crear un Cinema Paradiso, de Tornatore. Si buscamos la emoción podemos acabar creando un relato afectado, lleno de trampas y de ñoñería.
Impartes clases en el Laboratorio de Escritura de Barcelona y en la UAB, entre otros centros. Hago de abogado del Diablo y te pregunto, ¿no crees que el verdadero escritor ya entra en el aula como tal? ¿Se le puede enseñar algo de veras nuevo en los talleres, acaso a leer, a corregir, a hacer criba?
Creo en la utilidad de los talleres literarios, siempre que el docente tenga el bagaje suficiente, siempre que tenga algo que explicar y compartir.
Estoy convencido de que el talento no se enseña, el que lo posee llega con él y que pueda desarrollar una carrera literaria no dependerá de lo que se pueda enseñar en un taller literario pero posiblemente sí que se lleve a cuestas algunos buenos consejos. Creo que la misión de los talleres ha de ser crear un gusto literario en el alumno, hacer crecer en él la atención al texto, orientarlo y estimularlo. También en muchos casos se pueden solventar tics y errores que de otra manera sería difícil que se solucionaran y quedarían encubiertos por la crítica buenista que le pudieran dar las personas que le rodean.
Desgraciadamente, a los talleres literarios les ha hecho bastante daño cierto intrusismo. Creo que para impartir un taller hay que tener un bagaje literario amplio y no únicamente recitar con soltura un temario bien aprendido.
Escribir cuentos requiere un especial trabajo de precisión y renuncia. Por razones parecidas, leer un buen cuento demanda una predisposición a lo que de tarea tiene la lectura. ¿Crees que el lector de cuentos es, en general, un lector más exigente? ¿Viene de ahí tal vez que el cuento, todavía hoy, parezca asunto de minorías inquietas?
El cuento literario tiene en la concisión y la repetición dos factores que lo diferencian al resto de géneros literarios. El cuento se alimenta en sí mismo, crece a base de repetir lo escrito anteriormente. También la forma de leer un cuento lo delimita: se suele leer de una vez, como la poesía, por lo que está sujeto a algunos recursos propios y únicos del cuento.
No creo que haya un público especializado en cuentos, no creo que exista ese lector fuera de los críticos o los propios escritores de cuentos leyéndonos los unos a los otros para ensalzarnos o sacarnos las tripas.
Esta semana “la pregunta del lector” nos la envía un anónimo, aunque yo mismo tenía reservada una similar para cuando llegara el primer escritor nacido en Barcelona, al hilo de polémicas estériles sobre la lengua y recientes los libros de escritores como Juan Marsé. El anónimo dice (edito): “En Wikipedia hay un enlace a un vídeo tuyo en TV3, hablando en catalán. ¿Vas a escribir siempre en castellano?”
Creo que seguiré con el castellano. Me apena ser tan categórico. Me encantan la lengua y literatura catalanas (aunque no creo que pase ésta por su mejor momento) y me gustaría poder moverme con la suficiente desenvoltura en ella. No creo que tenga el nivel lingüístico para poder escribir en catalán sin sentirme maniatado por un pensamiento que funciona, indefectiblemente, en lengua castellana.
Eres lector que bebe de diversas fuentes. Para atestiguarlo ahí está tu trabajo como antólogo, En la frontera. I megliori racconti della letteratura chicana, con el gran Rolando Hinojosa, entre otros, y publicado en Italia. Además de la italiana, también las literaturas rusa, francesa y portuguesa te han aportado mucho. Y también en parte los norteamericanos, claro, como Carver (Raymond, no ahora Leo, el protagonista de El golfo de los Poetas). ¿Qué huellas e influencias literarias de autores concretos (en especial de relato breve) podríamos rastrear en tus propios cuentos?
El caso de En la frontera fue un trabajo de encargo para una editorial italiana (Gran Vía, de Milán) y me gustó poder colaborar en el conocimiento de una narrativa nueva como la chicana, una literatura en proceso de crecimiento y reconocimiento pero que ofrece ya autores de primer nivel como Hinojosa, Sandra Cisneros, Norma Elia Cantú o Miguel Méndez.
En cuanto a mis referentes he de decir que en general siempre me he fijado más en autores de literaturas próximas como la italiana, portuguesa o francesa que en los anglosajones. Dicho esto destaco algunas influencias, también de autores norteamericanos, como pueden ser Salinger, Capote, Fante o Foster Wallace pero a los que me siento más ligado quizá serían Moravia, Tabucchi, Perec, Bulgákov, Eça, Lispector, Lobo Antunes, Cortázar, Barthes o Bataille. De los españoles me quedaría con Aldecoa, Umbral, Baroja, Vila-Matas, Marías y Cela.
¿Qué autores de relatos (españoles, latinoamericanos o de cualquier otro lado) te parecen más destacables en los últimos años? ¿Qué libros de cuentos más o menos recientes te han dado mayores alegrías como lector?
Podría citar a muchos pero por señalar algunos me quedo con Eloy Tizón, Menéndez Salmón, Óscar Esquivias o Juan Carlos Márquez. También me interesa mucho lo que puedan publicar Eduardo Halfon, Ester García Llovet, Andrés Neuman, Jon Bilbao, Cristina Cerrada o Matías Candeira. Me parecieron muy prometedores también los libros de Miguel Serrano Larraz y Carlos Frühbeck.
En literatura portuguesa contemporánea, aunque no sean cultivadores de narrativa breve, sigo a Peixoto y Valter Hugo Mãe. Este último es un descubrimiento reciente.
¿Qué obsesiones personales crees que has convertido en literatura más a menudo?
Posiblemente la memoria y sus laberintos sean el punto central de lo que he escrito recientemente. El proceso que conecta lo cotidiano con la memoria me parece uno de los grandes temas en los que fijar la atención desde la literatura. Hay un campo muy extenso y apasionante: la recreación de estos recuerdos, lo insondable de los recuerdos no aflorados, los engaños de la memoria, la mención y redescubrimiento de lo oído y lo observado… No quiere decir que siempre escriba sobre ello pero en este momento la plasmación de este mecanismo me tiene muy ocupado.
Por no citar sólo una obsesión, pues creo que tengo muchas, también me preocupa la repetición de las formas de la naturaleza en la tierra, en las obras humanas, en el cuerpo y en cualquier objeto.
¿Tienes algún proyecto literario concreto en este momento?
Tengo una novela y un libro de cuentos que espero que vean la luz en breve. El libro de cuentos se titula Safaris inolvidables y plasmará algo de las inquietudes que he señalado en la pregunta anterior: memoria y repetición de formas.
17 enero 2010
Revista el Ciervo
Luis Fernández Zaurín
año LIX
enero 2010
nº 706
21 diciembre 2009
La biblioteca imaginaria

A veces pienso que las casualidades no existen, que tiene que haber algo más para que se den las coincidencias. Tan sólo un ejemplo para reafirmar lo que digo: existen en el mundo lugares mágicos, localizaciones que atraen por igual a novelistas y poetas a lo largo de los siglos. No, no creo que sea casual, pero, ¿qué tendrán estas localizaciones para que resulten tan magnéticos, tan evocadores, tan profundamente inspiradoras? Tal vez lo averigüemos tras la lectura de El golfo de los poetas, la última novela de Fernando Clemot.
El protagonista y narrador de esta historia no es otro que Leo Carver, ese escritor en decadencia que ya sólo escribe best-sellers para mitómanos, el hombre infiel por naturaleza, el que todo tiene que apuntarlo en sus libretas pues ya apenas consigue recordar nada de lo que ha hecho o dejado de hacer recientemente. Se trata éste de un narrador engañoso, demasiado subjetivo, tremendamente influenciado por el alcohol, la autocompasión, los recuerdos que le atormentan desde hace tiempo, la falta de memoria y el egocentrismo. Es un guía atormentado, una sombra de lo que un día fue o él cree que fue, que no deja de darle vueltas a los mismos asuntos, con una intensidad sobrecogedora. A veces parece dirigirse a sí mismo en su discurso, otras veces se dirige a las mujeres a las que ha amado, o más bien, con las que ha compartido lecho, como si de verdad alguna vez le hubieran importado las relaciones que con ella mantuvo.
Leo Carver, como decíamos anteriormente, no está sólo en esta idílica localización. Le acompañan, por citar tan sólo algunos de los personajes secundarios, su compañera, Rocío, esa mujer con la que apenas comparte el lecho; Selma, la preciosa hija adolescente de Carver y Mery, ese ser incómodo que no dice ni una palabra en todo el libro, la amiga que se antepone entre Rocío y Carver.
Nunca he estado en el Golfo de los Poetas, tal vez debería ir un día allí. O tal vez no, porque puede que el sitio real no me agrade tanto como el que he conocido en esta novela. Lo que sí puedo decir es que merece la pena adentrarse en El Golfo de los Poetas de Fernando Clemot. ¿Te lo vas a perder?
Cristina Monteoliva
La biblioteca imaginaria

Hoy tenemos el gusto de ofreceros en
En fin, amigos, que no os entretengo más, aquí os dejo con la entrevista:
¿Cuándo comenzaste a escribir?
¿En qué género te encuentras más cómodo?
¿Imaginas tu vida sin la literatura?
Este año has publicado El golfo de los poetas y te han concedido el premio VI Setenil al mejor libro de relatos publicado en España, ¿qué ha supuesto todo esto para ti?
¿Cómo surgió la idea de escribir “El golfo de los poetas”?
¿Cuántas veces has estado en el lugar donde transcurre esta historia?
¿Y has escrito allí?
¿Te sientes identificado con Leo Carver?
¿Crees que si su vida hubiera sido de otra manera si los hechos terribles de su juventud no hubieran llegado a suceder?
¿Qué esperas que encuentren los lectores en El golfo de los poetas?
¿Tienes ya nuevos proyectos?
Muchas gracias, Fernando, por tus respuestas, tu tiempo y tus fotos de la presentación de El golfo de los poetas. Esperamos que el 2010 te sea tan favorable como el 2009, tanto en lo literario como en lo demás.
A vosotros, como siempre, queridos lectores, gracias por estar ahí un semana más.
Cristina Monteoliva
15 diciembre 2009
Generación.net

Por Guillermo Arroniz
Generación.net: Enhorabuena por tus recientes laureles. ¿Cómo te sientes?
Algo sorprendido con los del premio Setenil al mejor libro de relatos. Me consideraba ya bastante halagado con que Estancos del Chiado estuviera entre el grupo de finalistas y quedar ganador por delante de libros de cuentos tan buenos como los de Jon Bilbao, Millás, Molina Foix o Bonilla me hace sentir muy bien. Creo que es una buena noticia también para las pequeñas editoriales. El libro fue publicado en una editorial pequeñísima, con una distribución manual y ha superado a otros libros que no tenían nada que ver con este perfil. Parece que queda un pequeño espacio para las editoriales independientes y para los nombres nuevos. Por ello, doblemente satisfecho.
G.n: ¿Qué significa para ti la memoria y qué papel juega, en tus palabras, en El golfo de los Poetas?
La memoria es posiblemente uno de los campos más ámplios y desconocidos de la inteligencia humana. Sabemos qué es pero no conocemos demasiado como funciona. Por otra parte la memoria rescata recuerdos que permanecían a oscuras de una forma que a menudo podría parecer arbitraria, podemos estar contemplando una farola y que esa contemplación nos evoque una boda de hace veinte años o la entrada del colegio al que íbamos de niños. Entrelazamos recuerdos de forma caótica o desordenada, pero creo que simplemente desconocemos los mecanismos profundos de la selección que realiza nuestro cerebro.
Para un novelista la explicación de esta aparente arbitrariedad o su simple constatación puede dar alimento suficiente para una carrera literaria. La memoria representa en estos momentos una aventura para cualquier escritor, nos debería poner los pelos de gallina, como a aquellos exploradores de mitad del XVI que observaban un globo vacío en un mapa con el nombre de «terra incógnita».
G.n: ¿Cómo puede un hombre tan joven vestirse de un ánimo tan cansado, tan devastado como lo está el del protagonista? ¿Algún método Stanislavsky para escritores?
No, la verdad es que no he utilizado ningún método para meterme en la piel de un personaje tan desgastado como Leo Carver. La observación y experiencias personales bastan para elaborar una personalidad como la de él. El alcohol y el desengaño, la heroicidad y la miseria moral las encontramos expuestas en cualquier rincón. En cualquier bar podemos encontrar a alguién que nos contaría una historia que superaría a la que se narra en El golfo de los Poetas.
G.n: ¿Es mejor recordar u olvidar el dolor?
El dolor es una experiencia intrínseca al hombre. Lo sentimos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. No lo podemos rodear. Quizá la mejor actitud ante él es trivializarlo, convertirlo en algo cotidiano; el dolor chaconvertido en rutina no asusta tanto, se deshace como un azucarillo en un mar de aburrimiento. Sería conveniente verlo tan natural como la felicidad o la apatía.
G.n: Siempre se ha dicho que de las equivocaciones se aprende, de hecho un método lleva el nombre «ensayo-error». ¿Tú crees en esa afirmación o eres de los que piensas que el hombre, no sólo es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, sino que está eternamente condenado a darse de bruces?
El hombre es una animal tan orgulloso que raramente toma nota de sus errores con lo que se condena a repetir de forma continua los mismos, como en un cinta de Moebius. Socialmente, incluso se condecora a algunas conductas erróneas diciendo que pertenecen a personas «con carácter», que serían las personas que ahondan una y otra vez en los mismos errores y carencias. En esre aprendizaje estamos en la cola de cualquier especie, pero esa misma arrogancia nos hace a la vez interesantes.
El hecho que el personaje central sea un escritor me permitía jugar con un lenguaje, si se quiere llamar así, más alambicado, en el que me siento también bastante cómodo. El lenguaje es parte fundamental de la literatura, si nos limitamos a escribir crónicas o imitar el lenguaje periodístico. ésta acabará convirtiéndose en guiones o en puro periodismo, en imagen al fin y al cabo y, en una pugna de imagen, siempre vencerá la televisión o el cine. La lucha por que el lenguaje tenga peso por sí mismo, tenga una significación que muy a menudo se rechaza, es uno de los tableros de juego en los que se está moviendo el futuro de la literatura de los próximos años.
www.generacion.net
01 diciembre 2009
El golfo de los Poetas de Fernando Clemot
Blues toscano: El golfo de los poetas de Fernando ClemotHay algo meritorio si un narrador se fija en la influencia que el espacio puede generar sobre sus personajes. Ser humano implica oler y prenderse de las auras que rezuman los lugares. En el caso de Leo Carver, escritor de éxito sumido en una destructiva vorágine, volver al golfo de los poetas es una última oportunidad de encontrarse y cerrar agrias cuentas con sus años mozos. La vida le ha sonreído y el exceso ha sido su fiel compañero de viaje. Sin embargo, entre el vicio múltiple y las noches en blanco emerge un hombre lúcido que en plena edad madura revisita su existencia, balcón al que se asoma desde una casa toscana en la que transcurre sus vacaciones junto a su hija Selma, su segunda mujer, una amiga de la misma y un infinito surtido de licores, dulce y borrosa compañía de angustia y reflexión.
Fernando Clemot (Barcelona, 1970) ha creado una novela centrada en dos ejes de delirio y búsqueda. El primero articula todo el estilo narrativo y desde el empecinado alcoholismo del protagonista surca líneas en las que la confusión del pensamiento se expresa en redundancias amorosas y un deslizarse por marasmos conocidos a los que se vuelve por inercia y un cierto deseo de inmortalidad. Carver está en decadencia pero aun así conserva su halo carismático, lo que le permite tener una solvencia para con los demás que alarga su agonía entre devaneos amorosos, juergas demenciales parecidas a una ejecución cronometrada y un proceder que se sabe patético y sobrevive sólo porque el cuerpo resiste con plena independencia respecto a su dueño, obcecado en acceder a clavijas de su primera edad adulta, factor clave de su quete en pos de alcanzar verdades y saber si la muerte de su gran amor fue un accidente o un fatal error de sexo, drogas y rock and roll. Para descubrirlo y superar un dolor muy profundo quedará con el marginado de su pandilla de la universidad, un jurista con el que comparte abandono y pérdida bajo el signo de trágicas circunstancias ante las que el hombre común poco o nada puede hacer.
28 noviembre 2009
El golfo de los Poetas de Fernando Clemot

Juan Jacinto Muñoz Rengel
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08 noviembre 2009
El golfo de los Poetas de Fernando Clemot
«La calima había deshecho la lluvia de la tarde y al acercarnos al barranco vimos que la luna asomaba entre una celosía de nubes. Relucía preñada como una becerra, nos miraba, hay algo de mágico en los ojos de una embarazada, hinchada de blanco estaba aquella luna, luz mil veces repetida en el socavón de las canteras de mármol». Página 28.
«Dios nos libre de la sinceridad de los amigos, Val, de sus palomas mensajeras y sus repartos de culpas, de los necios con sus aduanas e impuestos, de las estúpidas verdades de la gente decente». Página 46.
«...la propiedad es el cordón umbilical que nos une al mundo, nos radica en él… Nuestra vida es una lucha por aumentar nuestro ejército de pertenencias. Somos fieros aprendices de conquistadores, cuantas más posesiones mayor ambición, narcisos que desean ver su reflejo en multitud de aguas. Si pudiéramos seguiríamos llevándonos ese patrimonio a la tumba, como en Etruria o Egipto, no para disfrutar de él sino para que no volviera a pertenecer a nadie». Páginas 104-105.
«El esqueleto es un hermano mayor sabio y hermético, probablemente no sea el hombre más que una oscura edad en el largo devenir de los huesos». Página 184.
Una novela que, al poco de empezar (página 8) te «ataca» con las siguientes palabras:
«Se deshace todo lo humano como un trozo de pan seco y ni el arqueólogo más tenaz encontraría un resto de legiones en el lago Trasimeno, ni balas o morteros en Anzio o en Montecassino; todo queda cubierto de zarzales y sotobosque… La naturaleza es más sabia que el hombre y no gusta de recuerdos, tritura lo que no le sirve, hace abono y siembra de sus muertos, vapor de sus lamparones»
es, sin duda alguna un reto para la fortaleza del lector. El golfo de los poetas cuenta una historia que ya ha sido desmenuzada otras veces, pero, como diría Poe si hubiera nacido en los noventa de nuestro siglo, «el secreto está en la forma». Porque la manera de relatarnos esas circunstancias que ya inspiraron a otros es sumamente peculiar. Quizá porque el narrador es un alcohólico que, tras un accidente, ha sufrido daños en el hipocampo y pierde la memoria reciente. Aunque en más de un momento de la novela cabe la pregunta de si es el accidente o su propio organismo el que le impide recordar el pasado más fresco, y por tanto la herida todavía dolorosa. Las cicatrices antiguas parecen arañar nuestra piel con los cambios de tiempo, los cumpleaños y las fechas determinadas, pero se trata de un ruido sordo, lejano, por mucho que en su día fuera una sutura infectada y purulenta. El pasado emponzoñado llama a la puerta con cierta niebla en el puño. Sin embargo el ayer que se toca con la mano todavía sangra.
Hace días, al reseñar Todas las maldiciones del mundo, comentaba los libros que hablan de la pérdida de la memoria. Aún podré añadir un tercero en breve a esta lista, si las circunstancias me lo permiten, pero la grandeza de la Literatura es comprobar los diferentes enfoques y puntos de partida que toma cada autor.
Fernando Clemot parece influido por la figura del escritor dado a los excesos: alcohólicos, sexuales… todo lo material o bestial que subyace en el ser humano y que es tan ser humano como su parte más elevada. Surgen en la mente Hemingway, Bukowski, y la Generación Beat al completo. Juega con la bisexualidad cuando la inminencia del deseo lo domina todo, y sugiere pasados de noches de juerga y noches gloriosas que quedarán para siempre en la telaraña del alcohol sin que nadie pueda rescatarlas.
Hay muchos aciertos en esta obra sobre la memoria: el concepto de las «ideas bisagra»; la estructura en siete días, como los que tardó Dios en crear el mundo y descansar; la localización en Carrara y en el llamado Golfo de los Poetas, siempre sugerentes y que le permiten imágenes sensuales muy poéticas rezumantes de fluidos; la crudeza y dulzura combinadas en dosis de acertado equilibrio; el combate psicológico del hombre contra sí mismo y su naturaleza…
La historia transcurre por los lentos cauces del tren antiguo, no por las rápidas autopistas contemporáneas sin límite de velocidad, dejándonos observar el paisaje exterior e interior del protagonista, auténtico laberinto de barrancos por el que resulta fácil caer a las playas de riscos. Por eso mismo la historia no está llena de acción, sino de un lento transcurrir por las imágenes grabadas en la mente obsesiva y adicta del protagonista.
Un libro para deleitarse con la escritura. Un libro para sufrir el progresivo descenso de un ángel oscuro que arrastra con sus metálicas alas el recuerdo, el presente recién acontecido y todo cuanto se encuentra a su paso, incluido pedazos de cielo.
Guillermo Arroniz
El Libre Pensador
Fernando Clemot gana el Setenil 2009

El jurado del VI Premio Setenil acordó conceder el galardón a Fernando Clemot por su libro Estancos del Chiado, publicado por Paralelo Sur Ediciones, de Barcelona. El jurado estuvo compuesto por Javier Tomeo, José María Pozuelo Yvancos, José Belmonte Serrano y Manuel Moyano. El premio lo concede el Ayuntamiento de Molina de Segura (Murcia), tiene una dotación de 12.000 euros, e incluye también la inserción de anuncios en prensa, así como la edición de una separata con uno o varios relatos del ganador.
Los finalistas del premio han sido:Juan Carlos Márquez, Oficios, Castalia.
Juan Bonilla, Tanta gente sola, Seix Barral.
Arturo Enríquez, El espacio alrededor, De la luna libros.
Juan José Millás, Los objetos nos llaman, Seix Barral.
Juan Ramón Santos, Cuaderno escolar, Editora Regional de Extremadura.
Vicente Molina Foix, Con tal de no morir, Anagrama.
Jon Bilbao, Como una historia de terror, Salto de Página.
Fernando Clemot, Estancos del Chiado, Paralelo Sur.
Carlos Salem, Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, Escalera.
Andrés Pérez Domínguez, El centro de la tierra, Paréntesis.
Fernando Clemot, acaba de publicar su primera novela, El golfo de los Poetas con Barataria.Con sus relatos ha obtendido premios como el Julio Cortazar del Instituto Cubano del Libro en 2006, el Ciudad de Cádiz en 2006 y el Premio Internacional de la UNED 2003.
Colabora también en revistas literaria como Quimera, Barcarola, Literaturas, Paralelo Sur, La Jiribilla, El Otro Mensual y La Siega.
El golfo de los Poetas, ha sido finalista de los premios Ateneo de Sevilla y Ciudad de Logroño en 2008.
02 noviembre 2009
El golfo de los Poetas de Fernando Clemot
El catalán ha escrito un libro maduro, adulto, aspero como el primer empellón a la botella. Exigente consigo mismo vierte en la almazara de su composición un vocabulario denso, oleoso, pocas veces sucio, del cual exprime y extrae un rico lenguaje armoniosa, ordenado, fabricado con frases largas pero sostenidas y párrafos plenos de reflexiones entrelazadas. Una estructura clásica que sin embargo soporta una novela moderna, actual, viva y audaz.
Siete días de vacaciones en Italia con Leo Carver, escritor en línea descendente, con su vida al borde del abismo, llevada al límite de la autodestrucción, pero sin atisbo de suicidio. Treinta años antes aquel mismo lugar supuso un amargado hito en su existencia. Val su amante de dos meses aparece con su pelo rizado y su pecho breve y un poco vencido en cada esquina, en cada rayo de sol, en cada curva de otra mujer. Los recuerdos de entonces regados con el alcohol actual queman la mortaja que le supone su cuerpo hinchado y premuerto por los abusos. Rocío su mujer actual molesta más que ayuda, mientras el único consuelo de cincuentón que le queda es la vitalidad de su hija Selma.
Su enfermedad de hipocampo le impide recordar lo reciente, lo diario. No obstante a nosotros nos lo cuenta en alta definición sin enturbiarlo con su estado ebrio. Anna, una jovencita admiradora, Molisse, el administrador de la casa, Walter, un antiguo compañero de los años de Val, junto con Rubén su editor, suponen las etapas alternadas mil veces, los secundarios de la maraña de presente y pasado bañados en coñac y tabaco, en sexo y arena, en realidad y fantasía de una búsqueda incoherente y sin sentido.
Con esto nos bastaría, Clemot habría conseguido un libro superior a la media. Pero su talento abunda aún más y la resolución documental del affaire de hace tres décadas junto con el último escorzo sobre el vacío que redefine todo lo anteriormente leído, elevan el nivel y el interés, para subyugarnos y atarnos al infierno emocional que atormenta al personaje de Leo.
Tensión sostenida y creciente, elegancia de estilo, composición armoniosa y un personaje que debería hacer historia, tienen su comunión en un texto que difícilmente olvidaremos, no apto para cualquiera, amargo, seco, duro, estriado y cortante hasta la hemorragia, pero del que un paladar gourmet literario sabrá extraer y destilar hasta la última gota de una esencia única.
El Placer de la Lectura
28 octubre 2009
El golfo de los poetas de Fernando Clemot
Barcelonés de 1970, este joven escritor bien conocido en varios galardones literarios de toda España -ha obtenido entre otros el Julio Cortázar, el Ciudad de Cádiz y el UNED- y asiduo colaborador de revistas como Quimera, Barcarola o Literaturas, se atreve con la narrativa de largo aliento con profundidad, estilo propio y no poco aliento lírico.
«Siempre hay un tiempo en que todas nuestras expectativas parecen prestas a colmarse; esta ahí, guardamos una estación hermosa en cada uno de nosotros, un lienzo de paraíso, una edad feliz en que cada paso parece destinado a lo sublime». Con estas palabras arranca El golfo de los Poetas, una novela que discurre, en palabras de Jordi Gol Corzo, paralela a dos ejes temáticos principales: la memoria y el absurdo existencial.
El protagonista es Leo Carver -en cuyo apellido tal vez quepa reconocer un homenaje implícito al maestro americano del relato corto-, una figura lúcida que, lejos de aceptar la ausencia de sentido de la vida, se enfrenta al mundo desde una actitud trágica, a través del exceso alcohólico, sexual y social, aún sabiendo que su lucha ante el vacío está condenada de antemano al fracaso.
Buscando algo que justifique su vida, se embarca en un viaje en busca de una memoria imposible. Incapaz de retener sus recuerdos recientes, lo que le obliga a apuntar todo en una libreta, trata de dar un mínimo sentido a su vida reconstruyendo un momento fundamental de su trayectoria vital a través del contacto con lugares y personajes del pasado. Pero su visión deformada de la realidad se interpone constantemente y crea una historia distinta, una realidad subjetiva que se impone a la objetiva, creando un escenario paralelo, más real si cabe para la torturada mente de Carver.
Entre los hallazgos de la novela, Gol Corzo destaca los conceptos-bisagra, elementos que actúan como ideas que abren puertas a otras ideas, así como un sutil manejo del recurso de la ironía.
Casi simultáneamente a la salida de El golfo de los Poetas, la editorial Paralelo Sur ha lanzado una colección de relatos de Fernando Clemot reunidos bajo el título Estancos del Chiado, dividido en tres partes: Mitologías -con recreaciones de personajes o sucesos históricos-, El jardín de la memoria -los relatos más recientes y personales- y Ocasos, donde prevalece la mirada al pasado.

21 octubre 2009
El golfo de los poetas de Fernando Clemot
Estamos en los últimos días del verano y todo parece acompañar a unas vacaciones deliciosas pero pronto queda claro que no va a ser así de ninguna forma. Leo está nervioso, ha dejado su medicación y está próximo a la neurosis. Le obsesiona el alcohol y su absoluta falta de memoria reciente. Nada de lo que le rodea le ayuda a salir de esta pesadilla. Conoce el escenario (estudió en la Universidad de Pisa treinta años atrás) y los recuerdos más oscuros de aquel tiempo le asalten por donde quiera que vaya. De entre toda la memoria de aquel tiempo le perturba especialmente la imagen de Val Gale, una joven poetisa inglesa con la que salió en sus tiempos en la Universidad y cuya muerte se empeñará en aclarar treinta años después.
El golfo de los Poetas es una novela cruda e íntima, exigente pero también con gancho puesto que el interés por el desenlace funciona en todo momento. Puede que esta combinación sea la clave de la novela… Cabe destacar por último la prosa cuidada (aunque no farragosa) en que se articula el relato.
La narración discurre paralela a dos ejes temáticos principales: la memoria y el absurdo existencial. Leo Carver es una figura lúcida que, lejos de aceptar la ausencia de sentido de la vida, se enfrenta al mundo desde una actitud trágica, a través del exceso alcohólico, sexual y social, aún sabiendo que su lucha ante el vacío está condenada al fracaso. Buscando algo que justifique su vida, se embarca en un viaje en busca de una memoria imposible. Incapaz de retener sus recuerdos recientes, lo que le obliga a apuntar todo en una libreta, trata de dar un mínimo sentido a su vida reconstruyendo un momento fundamental de su trayectoria vital a través del contacto con lugares y personajes del pasado.
Pero su visión deformada de la realidad se interpone constantemente y crea una historia distinta, una realidad subjetiva que se impone a la objetiva, creando un escenario paralelo, más real si cabe para la torturada mente de Leo Carver.
Todo ello narrado con un estilo personal, de una coherencia impecable con hallazgos tan fascinantes como los “conceptos-bisagra” (conceptos que abren puertas a otros)- y con un fino manejo de la ironía que alcanza todo su esplendor en la parte final de la novela.
La obra fue finalista de los premios Logroño de Novela y Café Gijón en el año 2007 y del premio Ateneo de Sevilla en el 2008.
04 octubre 2009
29 septiembre 2009
La editorial Barataria ofrece para este otoño poesía y novela
Una de estas publicaciones es la obra póstuma del canario José María Millares Sall, fallecido el pasado 8 de septiembre. Con Esa luz que nos quema el lector podrá recordar un elemento esencial en la poesía, la memoria, ya que «sólo la palabra puede redimir del olvido los reinos perdidos y también los robados». Estas palabras que inician el prólogo han sido escritas por su sobrina, Selena Millares. En esta antología se recogen versos inéditos de la etapa de madurez del autor.
Sin embargo, la prosa es el elemento fuerte para el último trimestre con obras como la novela de Patricia de Souza. La peruana, cuyo último libro publicado por la editorial fue Erótika, escenas de la vida sexual, explica que Tristán «es una novela con imágenes». Escrita en primera persona su argumento gira «en torno a lo que nos sucede a todos cuando alguien se va. Lo que queda es la imagen que se desvanece con el tiempo».
Por su parte, El golfo de los poetas, de Fernando Clemot, que discurre sobre dos temas como son la memoria y el absurdo existencial, es definida por su autor como «una obra intimista y dura». Narrada a modo de diario, la trama cuenta la historia de un escritor que va a pasar unos días con su mujer y su hija. Debido a sus problemas con el alcohol «las vacaciones se convierten en un infierno personal».
Para terminar, la editorial recupera un clásico universal. Las ruinas de Palmira del Conde de Volney, editada por primera vez en Londres en 1807, fue incluida entre los libros prohibidos del Vaticano por igualar el catolicismo al resto de religiones. Con la traducción de Juan Diego Martín regresa esta reflexión sobre la vanidad de la religión que oprime a la sociedad.
Pilar Salcedo
Diario de Sevilla

