Mostrando entradas con la etiqueta Xavier Pericay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xavier Pericay. Mostrar todas las entradas

05 enero 2010

Revista de Libros


Me he mostrado tal como fui
Miquel Porta Perales
CRÍTICO Y ESCRITOR

Revista de Libros nº 157 · enero 2010

Xavier Pericay
FILOLOGÍA CATALANA. MEMORIAS DE UN DISIDENTE
Barataria, Sevilla 406 pp. 21 €

Frente a una autobiografía o un libro de memorias, existe la tentación de empezar con la cita de algún teórico del género que explique y explore las conexiones entre el relato de la propia vida y la realidad; que hable del carácter ficticio del sujeto autobiográfico; que aborde, en suma, la complejidad de esa escritura referida a los hechos que definen una trayectoria particular en un tiempo concreto, la relación entre la biografía, la sociedad, la cultura, la política y la historia; todo aquello que conforma la experiencia de la identidad. No resistiré dicha tentación pero, en lugar de referirme al innovador Roland Barthes, me inclinaré por el clásico Jean-Jacques Rousseau.
Hay algo de Jean-Jacques Rousseau en Xavier Pericay. Si en las Confesiones el ginebrino desvela su singularidad a través del «me he mostrado tal como fui», lo mismo puede decirse del barcelonés en Filología catalana. Xavier Pericay, como Jean-Jacques Rousseau, además de relatar su conversión en otro hombre al percibir la existencia de otro mundo, persigue la honestidad. Si Jean-Jacques Rousseau se sentía filósofo «por el entusiasmo de la verdad, de la libertad, de la virtud», Xavier Pericay se siente filólogo por similares razones críticas. Si la filología catalana constituye, como dice el autor, «el nervio de aquel proyecto de país que había que reconstruir, tras cuarenta años de dictadura, dos siglos y medio de infamia castellana, o cinco de maleficio dinástico», la crítica filológica de esta filología –léase ideología–, como cemento y sostén del pensamiento único nacionalista dominante en Cataluña, deviene en una manera de aproximarse a la verdad, la libertad y la virtud.

El trabajo de Xavier Pericay –filólogo, periodista, escritor, traductor y profesor universitario– responde al proyecto de cartografiar el pasado –y el presente– y conocerse y explicarse a sí mismo. Y mostrar todo ello a los demás. La carta levantada revela la obsesión identitaria del nacionalismo catalán, así como el deseo igualmente obsesivo de llevar a puerto la llamada reconstrucción nacional de Cataluña. Revela la prevalencia de los supuestos derechos nacionales en detrimento de los individuales, la existencia de un certificado de catalanidad y españolidad concedido a los afectos y desafectos a la causa, la omnipresencia de un victimismo que cuenta con una sociedad civil –financiada por el poder político regional– que es la force de frappe del designio nacionalista. Y revela el empeño de un socialismo catalán que se adueña y nutre del nacionalismo pujolista. En la carta se constata, en fin, que en Cataluña no puede cuestionarse el escalafón lingüístico que concede al catalán el lugar de privilegio, que en Cataluña no se respeta el derecho a la libertad de elección de lengua, que el catalán se ha convertido en un objeto de culto, que el nacionalismo de derecha e izquierda pretende que el catalán sea la única lengua institucional. ¿La política de inmersión lingüística? No conduce a ninguna parte más allá de alimentar a la bestia nacionalista.

Por qué el autor –que, de una u otra manera, participó en el juego ocupando, por ejemplo, cargos de responsabilidad en el Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona– ha tardado tanto en formular sus críticas? Xavier Pericay –explicándose a sí mismo, decíamos– se sincera: «Los que teníamos que plantar cara no lo hicimos. Ese es el tema. O huimos de la realidad o hicimos la vista gorda. O, lo que es peor, colaboramos, militamos en la causa nacional. Yo, por ejemplo, hice un poco de todo. En especial huir. Tener la cabeza, cómodamente, en otra parte». Y, recordando un caso de persecución ideológica a un compañero de universidad, pregunta y responde: «¿Por qué reaccioné con el silencio, cobardemente, mirando para otro lado? Lo ignoro, aunque puedo imaginármelo: por miedo a poner en peligro mi trabajo, por simple comodidad y porque ni yo mismo, ¡ay!, estaba seguro de que Marín no hubiera hecho lo que tenía que hacer». Quien habla es Xavier Pericay, pero son muchos los ciudadanos de Cataluña que podrían decir lo mismo.

Cuentan las biografías de Jean-Jacques Rousseau –sigo con una analogía que no incluye ni la ingenuidad, ni la emoción, ni la iluminación y otras hierbas rousseaunianas– que el filósofo, entre otras ocupaciones, fue copista, grabador y botánico. Si bien se mira, Xavier Pericay ejerce también estos oficios al registrar y estampar los sonidos, imágenes y personajes de la Transición. En este sentido, Filología catalana es un libro de historia –de historia oral, me atrevo a decir– en que echa a andar ante el lector la flora y fauna de la Barcelona franquista y posfranquista. La fenomenología de la clase media, el catalanismo infiltrado, la rebelión juvenil, el devaneo anarquista, la prensa, la universidad y las Ramblas: todo ello y más es descrito y hablado –novelado, incluso– por un autor que no omite nada con la intención de que la realidad se haga presente para quien quiera verla y leerla. Vitam impendere vero, decían los clásicos. Y para ello, Xavier Pericay, utilizando la figura del padre y la madre –ahí sí hay algo de Roland Barthes– como hilos conductores, avanza, retrocede y vuelve a avanzar con el objeto de contextualizar, describir y reflexionar. Verbo cuidado. Impresiones y opiniones. Memoria, testimonio y realismo. Confesión. La lucha contra sí mismo. Crítica y autocrítica. La posibilidad de empezar de nuevo después del desatino. Ser uno mismo. No perder la dignidad. El autor escribe para él mismo, pero los destinatarios son los demás. Xavier Pericay se parece al testarudo Émile de Jean-Jacques Rousseau que se presentaba con la credencial de «ciudadano de Ginebra» y pretendía servir a su país «en la honorable función de ciudadano». Por cierto, en la Ginebra absolutista del siglo XVIII se quemaron los libros del filósofo. Cualquier parecido con la Cataluña del siglo XXI no es pura coincidencia.


Revista de Libros

18 octubre 2009

Filologia catalana, memorias de un disidente de Xavier Pericay

Tuve el honor el jueves pasado de presentar, en Literanta, las memorias de Xavier Pericay (Filología catalana. Memorias de un disidente, Barataria, 2009 y Filologia catalana. Memòries d’un dissident, Destino, 2007). Son unas memorias “una mica particulars, una mica decantades cap a l’assaig polèmic”, y, yo diría, político, en las que la combinación de lo biográfico –vida vivida, experiencias, historia- y lo político, va alimentando una reflexión extraordinariamente iluminadora del hoy catalán y, más ampliamente, español.
Javier es catalán y filólogo. Filólogo lo es académicamente, puesto que es licenciado en filología catalana, lo ha sido profesionalmente durante quince o veinte años, y lo es en tanto que ciudadano ya que como filólogo-ciudadano llevó al espacio público sus cualificadas propuestas sobre la lengua –Grup d’Estudis Catalans. Sin embargo no es, curiosamente, filólogo catalán:

“Com més hi penso, més convençut estic que la filologia catalana no té gran cosa a veure amb la filologia. […]
[A] un filòleg català […] se li reconeix una autoritat en tot el que guarda relació amb Catalunya i els seus problemas. […] En realitat, en la mesura en què són experts en la llengua i en la mesura en què tota llengua, d’acord amb la teoria romàntica vindicada per gairebé tots els nacionalismes i, de forma notable, pel nacionalisme català, reflectéix una cosmovisió, se’ls fa dipositaris preferents d’aquesta cosmovisió. Si dominen la llengua, ¿com no han de dominar alhora el món que n’emana?”(p. 210)

Leo estas palabras de Javier como el punto de llegada de su reflexión de filólogo y de ciudadano, como el final de un largo diálogo de veinte o veinticinco años con su país y con sus colegas. Imagino que Javier comenzó ese diálogo pensado que él era un filólogo catalán –doblemente catalán: por catalán y por su especialidad filológica- para acabar constatando su exclusión de esa categoría dada la imposibilidad de una filología “normal” en Cataluña: la que correspondería a una lengua instrumental frente a la lengua simbólica del nacionalismo.

"Sí, jo, el traïdor, el botifler, l’espanyolista […] sóc dels que no varen escriure pràcticament mai ni una sola ratlla en castellà. Almenys fins al 2000. […] No sé fins a quin punt aquesta constància en l’ús exclusiu del idioma matern és fruit de la militància. O si cal atribuirla a la simple inèrcia. O la por de traspasar la línia. I encara caldria especificar de quina militància es tracta. Sense dubte, no de la patriótica. Sí, en canvi, de la que reclamava un espai no ideologitzat en el si de la lengua catalana, un espai neutre, desproveït d’abscessos sentimentals (p. 410).

El recorrido de Javier ha sido, sin duda, atípico: comienza en un impecable nacionalismo de izquierdas excelentemente adornado con su dedicación a la filología catalana, y acaba en el, digamos, exilio mallorquín y en el comienzo de su escritura en castellano. ¿Por qué? Sin duda por la confrontación entre sus ideas de libertad, de ciudadanía, de sociedad, de cultura, y las que se han desplegado en Cataluña en los últimos treinta años impulsadas por el nacionalismo catalán. O, quizás más exactamente, por la progresiva concreción de esas ideas frente a las del nacionalismo con su inequívoca sumisión de la libertad individual al proyecto colectivo, a cuyo servicio se ha puesto, también, la lengua.
Pero ¿por qué Javier se ha abierto a ciertas razones, a ciertos argumentos, que a muchos otros no han conmovido? ¿Por qué él ha llegado a un inequívoco rechazo del nacionalismo y tantos otros no? Para tratar entender eso sirven las memorias. Para tratar de entenderlo en Javier y para entenderlo en uno mismo, porque la peripecia de Javier y sus reflexiones pueden completar la propia experiencia y la propia reflexión.
Por ejemplo, Javier explica cómo era su medio familiar: su abuelo materno, médico, militante de la CEDA, fusilado al comienzo de la guerra. La familia de su padre, de izquierdas. Me pregunto si esa ascendencia diversa ideológica y socialmente puede haber ayudado a configurar una sensibilidad más abierta a la experiencia y a la reflexión y, por lo tanto, al cambio.
O su formación en el Liceo Francés, es decir, la relativa separación de los conflictos más puramente españoles y catalanes, y, a la vez, el contacto con la enseñanza pública francesa, con su expresa búsqueda del rigor y de la excelencia.
Y más allá de lo puramente personal está lo que pasaba alrededor, cosas que Javier no conoció cuando sucedieron, pero que nos cuenta ahora porque las considera enormemente significativas. Cosas que yo también ignoraba y que supongo que mucha gente ignora. Por ejemplo, la encuesta que la revista Taula de Canvi –revista de izquierdas, ya que estaba ligada al PSUC- dedicó a la cuestión “Escriure en castellà en Catalunya” en 1977. Se trataba de averiguar (cita de la revista):

“[si els] catalans (d’origen o de radicació) que s’expressen literàriament en llengua castellana […] són escriptors castellans o espanyols residents a Barcelona?,¿estan exclusivament vinculats a la cultura literària castellana o espanyola?,¿no pertanyen de cap manera a una cultura catalana no solamente tipificada por la llengua?,¿cal considerar-los com a fenomen conjuntural a liquidar a mesura que Catalunya assumeixi els seus propis òrgans de gestió política i cultural?” (p. 147).

El final del párrafo es demoledor: Fenómeno coyuntural a liquidar al disponer de órganos propios de gestión política y cultural. Los más conocidos hombres de letras contestaron en un sentido generalmente afirmativo a esta pregunta, lo que dice mucho del espíritu abierto, generoso e integrador con la que se iniciaba la nueva democracia.
Todas las respuestas merecen la pena, pero la de Luis Goitysolo me parece extraordinaria:

“després […] d’assegurar que només un referèndum podia dictaminar si els escriptors com ell eren un ‘fenomen conjuntural a liquidar’, concloïa el seu text de resposta –traduït del castellà, com indicava una nota a peu de plana- amb aquestes paraules: ‘Peró, no cal dir-ho, si el monolingüismo fos establert, jo l’acceptaria sense reserves. L’ùnica cosa inmodificable és que jo continuaré pensant i, per tant, escrivint, en castellà’.”

¿De dónde pudo salir tal sumisión, tal renuncia a la propia libertad, a la propia individualidad, como para aceptar que un referéndum pueda decidir en qué lengua se ha de poder escribir? Era, sin duda, el correlato perfecto de la convicción con la que los escritores en catalán manifestaban que, efectivamente, la escritura en castellano era un fenómeno coyuntural a liquidar.
Exactamente el espíritu contrario es el que muestran las memorias de Javier: independencia y valiente ejercicio de la crítica –incluida la crítica de sí mismo- frente a la presión de la tribu y a costa de la propia comodidad.
Volveré sobre ello.

Gonzalo Lozano
Notas

17 octubre 2009

Filologia catalana, memorias de un disidente de Xavier Pericay

AMOR A LA FILOLOGÍA

En alguna otra ocasión he señalado el relevo generacional que se está produciendo en el seno de nuestra literatura memorialística Ivan Tubau, Paloma Diaz Mas, Laura Freixas, Agustí Pons. Mariasun Landa, ahora Xavier Pericay, todos ellos nacidos entorno a los años cincuenta, son autores de obras autobiográficas cuyas lineas de fuerza no pasan ya por la Guerra Civil, el exilio o la inmediata postguerra, sino por el posíbilismo sobre el que construyeron su identidad en una sociedad moralmente desgarrada por múltiples fracturas.
Algunos de ellos (Tubau Pons, Freixas) ya señalaron el conflicto linguistico y cultural -parte de ese posibilismo en que se vivía- y que les suponía disponer de una lengua materna distinta de la lengua oficial y única, con todas sus con tradicciones. porque no se trataba tanto de un conflicto linguistico, que también. como de un problema político y, nuevamente, mural, es decir, que afectaba a la forma de enfrentarse a la vida cotidiana Ahora Pericay convierte ese conflicto, nunca bien resuelto para desgracia y vergüenza de todos, en el eje de su obra Filologia catalana. Memorias de un disidente (publicada en 2007 en catalán y traducida al castellano por él mismo).

REFLEXIÓN VALIENTE. Título y subtitulo no ofrecen dudas: en efecto, se trata de unas memorias políticas, pero no de las escritas por un político profesional (perfectamente factibles sin necesidad de cambiar el título), sino por alguien que, al margen del poder, ha puesto en los últimos años su capacidad y su talento al servicio de una causa: el no nacionalismo catalán. Una causa que Pericay viene legitimando con la historiografía literaria (sus dos tibios escritos en colaboración con Ferran Toutain, Verinosa llengua y El malentès del noucentisme, fueron una valiente reflexión sobre la forma en que se conducía la normalización lingüística y literaria en Cataluña), la consulta de archivos y hemerotecas (léase su estudio mas reciente, Josep Pla el viejo periodismo, sobre los años de formación del ampurdanés) y la preocupación por la verdad. que siempre tiene su reflejo en la palabra
También lo ha intentado con la política- y de ahi su participación activa en la fundación de un partido fallido, Ciutadans de Catalunya. En todo caso, la causa del no nacionalismo catalán tiene mucho mar de fondo, porque en Cataluña el hecho de escribir, o hablar, en castellano viene de lejos, pero está fatalmente asociado al franquismo, la opresión o la subcultura. De modo que quienes defienden que se acepte la realidad de una cultura (catalana) felizmente bilingüe y enriquecedora como expresión de una vida democrática que ha sabido dejar atrás el odio y la hostilidad se enfrentan a un muro de piedra. La denuncia de Xavier Pericay en su libro es clara: la muerte de Franco y el paso de una cultura resistencial a una institucional no favoreció un cambio de actitud sino de fuerzas.

A CONTRACORRIENTE. En Filologia catalana se recorre el hilo vital bajo la luz de esta disidencia: los orígenes (catalanes), la vida familiar tejida en torno a la figura del, padre, Pere Pericay -un catedrático de griego siempre rodeado de libros-. y de una madre fuerte pero marcada por el asesinato de su propio padre, el cirujano Alfons Hosta Bellpuig, a manos de la izquierda revolucionarìa, el propio carácter del narrador, empequeñecido por la sombra poderosa de los hermanos mayores y ansioso por encontrar su lugar en el mundo.
El autor tiene el acierto de estructurar su libro en tres secciones -filología francesa, catalana e hispánica- que por si mismas ya sugieren la fidelidad de su compacta vocación tanto como la evolución de su ideologia gestada a contracorriente del pensamiento oficial. Y no oculta que el fracaso de algunos proyectos personales ha motivado la decepción y el rechazo. Siempre es así, porque nuestra ubicación en el mundo está en función de las razones e intereses que nos mueven en él. Para el ser humano no existe un lugar definitivo sino espacios que fluyen o se derivan de lo que se hace y nos hacen. ¿Pero qué ocurre cuando uno se mueve en un espacio socialmente estigmatizado? «Se trata de no verlo como un desastre, como una tragedia», escribe Pericay. encarándose con el aislamiento al que su disidencia de la «filologia catalana» le ha conducido en los últimos años Para él Ilegó la hora de darle la espalda.

Anna Caballé
ABCD

16 octubre 2009

Filologia catalana, memorias de un disidente de Xavier Pericay


Filología catalana, Xavier Pericay contra la pobreza intelectual


Pertenece Xavier Pericay a una generación que vivió su juventud en los finales del franquismo y la transición a la democracia y que tuvo en la izquierda y el nacionalismo sus señas de identidad. Ahora con el medio siglo a las espladas todos ellos, y treinta de nacionalismo institucionalizado, hacen balance y se desmarcan de todo lo que huela a ello. Arcadi Espada y Jon Juaristi, que prologa este libro, serían los ejemplos más relevantes. Los dos comparten con el autor una visión sumamente crítica de lo que ha supuesto para la salud intelectual de Cataluña y el País Vasco ese régimen.
En los último años Pericay ha aparecido en los medios editoriales en castellano ligado a las figuras de Josep Pla, Gaziel, Julio Camba o Manuel Chaves Nogales con libros como «Cuatro historias de la República» y «Josep Pla y el viejo periodismo». Antes, y siempre en lengua catalana, había llegado al gran público cataláan de los años ochenta cuando se atrevió a poner sobre la mesa, con una mirada que desde entonces ha sido irrenunciablemente crítica al modelo lingüístico que se comenzaba a construir por el régimen nacionalista. «Verinosa llengua», primero, y «El malentés del noucentisme», después, fueron dos llamadas de atención sobre el derrotero que habían tomado las cosas de la lengua en Cataluña y sobre lo que los políticos y la clase intelectual nacionalista estaban dispuestos a llevar a cabo. Ahí Pericay demostró que no estaba dispuesto a comulgar con las ruedas de molino que el nacionalismo ha impuesto. «Filologia catalana. Memorias de un disidente» explica ante todo ese largo recorrido intelectual y emocional del lingüista y el escritor que ve como la pobreza intelectual se instala a su alrededor con la excusa de la construcción nacional.
El libro lo publicó el autor primero en catalán en el año 2007 en la editorial Destino, y lo ha hecho en el 2009 en castellano en la editorial Barataria. El subtítulo «Memorias de un disidente» queda meridianamente explicado con lo que en la página 369 escribe el autor. «Desde hace seis años, pues, casi todo lo escribo en castellano. También hay excepciones… Y todavía queda, claro, una última excepción: este libro. Cuando me puse a escribirlo, tuve que decidir en qué lengua lo hacía. Eran, son, unas memorias. Un poco particulares, lo reconozco, un poco decantadas hacia el ensayo polémico, pero unas memorias al fin y al cabo. En ellas tenía que hablar de la familia, de los amigos, de la gente con la que me he relacionado a lo largo de casi cincuenta años. No es que todas esas relaciones se hayan producido en catalán, pero es innegable que el catalán ha sido en la inmensa mayoría de los casos la lengua dominante, cuando no la única. ¿Significaba eso que debía escribir por fuerza el libro en esa lengua? No, por supuesto, pero habría resultado más arduo, más laborioso, escribirlo en otra. Y luego estaba el título. Y lo que el título comportaba. Esa diseminación, esa idea de que la lengua, alma de la nación, lo contagiaba todo; de que la filología catalana, en una palabra, no podía en modo alguno ser una filología como las demás. Parecía lógico pues, que la diseminación no excluyera el propio libro, que libro y vida fuesen, cuando menos en un primer estadio, uno y lo mismo. Más adelante, pensé, siempre estaré a tiempo de traducirlo al castellano y de publicarlo en esa lengua».
Efectivamente, esto son unas memorias personales, con una marcada tendencia al ensayo crítico, sobre lo que personal y colectivamente, supone hoy en Cataluña, ir contra la imposición y la aniquilación de algo tan íntimo como la lengua. Muy bueno.

Pedro A. López Gayarre
EL DIGITAL CLM

30 junio 2009

El grabado de Flammarion de Ignacio Vidal Folch

Xavier Pericay vive desde hace unos años en Mallorca, donde da clases en la Universidad, pero a veces vuelve a nuestra levítica ciudad y ayer, aprovechando una de estas visitas, quedé con él en una terraza de la plaza del Sol y le pedí: fírmame tus cosas. Y le presenté sus dos últimos libros: la edición en castellano de Filología catalana (su autobiografía intelectual y profesional) y Josep Pla y el viejo periodismo, ensayo sobre los años de formación del venerado periodista. leer más.

24 junio 2009

Filología catalana de Xavier Pericay en Emanaciones de Juan Abreu

Qué mierda la Patria, me digo y cierro el libro de Xavier Pericay, Filología catalana, Memorias de un disidente.





leer emanación 270

Filología catalana. Memorias de un disidente de Xavier Pericay en MUY INTERESANTE

"Bien mirado, me habré pasado la vida yendo a la contra. Como un adolescente. Primero, el trocito final del franquismo. Luego, el nacionalismo. Sólo aquellos años insólitos de la Transición habrán quedado allí como un exponente de que la política catalana pudo gestionarse de otro modo".


leer artículo

17 junio 2009

Presentación del libro de Xavier Pericay, Filología catalana. Memorias de un disidente

Transcripción de las intervenciones durante la presentación del libro «Filología catalana. Memorias de un disidente», de Xavier Pericay, el día 26 de mayo de 2009 en Bilbao, en un acto organizado por la Fundación para la Libertad.

leer más