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13 diciembre 2010

El varón desenfocado - Juan Antonio Maesso



No hay en los relatos de El varón desenfocado rastro de ninguna masculinidad al uso ni de cualquier personaje habitual de la comedia humana. Juan Antonio Maesso habita en sus creaciones literarias de una extraña manera, como a retazos, pinceladas de realidad ancladas en un territorio imaginario dentro de una ciudad bien concreta, Sevilla, que se nos muestra tan cierta como enigmática. Su literatura se mueve en un paisaje urbano con referencias identificadas. Su anterior novela, Simon y Sophie, anticipaba la actual moda gótica situando una historia de vampiros en la luminosa capital andaluza, trabajando el claroscuro de la trama hasta acercarla a nuestro entorno cotidiano. Son las mismas calles y plazas en las que se cruzan los personajes de los cuentos de El Varón desenfocado. Todos ellos comparten en algún momento un pedazo de acera aunque lo más probable es que nadie los advierta, ni siquiera ellos mismos se reconocerían en el otro. Serían secundarios y figurantes si se tratase de una película y seguramente su existencia no afectaría excesivamente al argumento. Sin embargo Juan Antonio Maesso hace de ellos materia literaria y nos ofrece su particular galería de retratos, hombres solitarios o en pareja, hermanos o hijos, funcionarios o ex- meteorólogos convertidos en mayordomos postmodernos tratados todos con fina ternura y sutil ironía. Con cierto humor que mantiene la distancia con la realidad, pues no estamos ante un ejercicio costumbrista, y una probada habilidad para desarrollar situaciones insólitas el autor nos enreda en una malla tupida de sentimientos. Trasluce la soledad inevitable de la lucidez, la ternura en el amor carnal y en el que nunca lo será, la fe en la sociedad y el escepticismo en su organización. Se adivina el viaje como estado, la búsqueda de algo pero nunca de absoluto. El último relato Moon river and me es, en mi opinión, el que mejor resume el espacio imaginario creado por Juan Antonio Maesso a base de vidas cotidianas, fabulaciones, datos, afectos y ensoñaciones. Su aroma acompaña al lector aún tiempo después. En estos tiempos de crisis no es poco acabar un libro con la sonrisa en los labios.

23 mayo 2010

Entrevista a Juan Antonio Maesso

Hace unos días reseñábamos la obra de relatos breves de Juan Antonio Maesso : El varón desenfocado. En ella, con un humor tibio que lo teñía todo, incluido la muerte de algún personaje, se colaba la figura de un hombre que no acababa de encajar. Y a través de esa figura una tristeza macilenta que teñía el cielo de la Sevilla en que se desarrollan todas las acciones de la obra. Hoy hablamos con él para que nos revele su visión del hombre occidental, los secretos de su obra y, sobre todo, el manejo del humor y la tristeza que domina magistralmente, como si él las hubiera inventado.

Ellibrepensador: ¿Quién ha desenfocado al varón? ¿Quién está al otro lado de la cámara?

Juan Antonio Maesso :

El mismo hombre se ha desenfocado así mismo, con sus actitudes, su engolamiento, su prepotencia, su forma de ponerse ante el espejo de la historia, ante los demás, los otros, y ante la historia. Sólo es necesario hacer un ejercicio memorístico, y sin llegar hacia atrás del siglo XX en el tiempo: dos grandes guerras mundiales, la shoah, las purgas de Stalin, los genocidios japoneses, aquella llamada Revolución Cultural de Mao, todo ha sido un verdadero despropósito, un absurdo disparate, la fiebre generalizada y de ahí, tal vez, el producto actual.

El que estructura el guión, pone la cámara encima de sus hombros o atisba a través del objetivo es ese mismo hombre, aunque al parecer ese papel protagonista se haya quedado en stand by últimamente. Vamos a ver qué es lo que pasa. No las tengo yo todas conmigo de todas formas. Desgraciadamente la historia se ha encargado de repetirse ad infinitum.

El: Retratas a una serie de hombres que son abandonados por sus esposas, incomprendidos por la Administración, tenidos por huraños, engañados, controlados por sus madres… La visión es claramente negativa, no ahorras las críticas a ciertas actitudes generalizadas entre los hombres, pero también pareces querer solidarizarte con esas criaturas que parecen perdidas. ¿Hacia dónde va el sexo masculino en este mundo loco del occidente del siglo XXI?

JAM: Usted mismo lo ha definido “en este mundo loco”, pero el mundo lo hace alguien, ¿no? Sí, me solidarizo con los hombres que aparecen en los relatos, porque son personajes de ficción, y cualquier escritor que se precie de tal, dicho esto último con la mayor humildad, debe de querer a los personajes que crea, creérselos, amarlos en sus sentimientos, pues si no fuera de ese modo, el lector no podría captar el alma de los mismos. Aunque aquí, en estos diez relatos, siempre se juega con la distancia que nos proporciona el humor, la ironía, etc…

El: A veces, tal y como tratas a tus personajes, da la sensación de que te sintieras con ellos como un abuelo que consiente, que tiene hasta un punto de pena para sus nietos, por el mundo que les ha tocado vivir…

JAM: Creo que al final deberíamos todos ser algo condescendientes, mirar al otro con determinado sentimiento de empatía, ser tolerante (el tema de la viga y la paja…) y comprensivo, pero, insisto, no olvidemos que estamos hablando de ficción.

El: Tus relatos están relacionados entre sí por guiños que sobrepasan el común escenario de la ciudad de Sevilla o las referencias a determinados símbolos: hay personajes protagonistas que aparecen como figurantes en cuentos protagonizados por otros, por ejemplo. Esto da una sensación de fotografía en movimiento de un momento determinado de la realidad. ¿Qué has querido decir con ello en realidad?

JAM: Siempre digo que este libro de relatos pudiera ser leído como una novela deconstruida, a pesar de que ese término me pone muy nervioso, tiene un algo de falsa modernidad que me hace sonreír. Y en cuanto a que algunos de los personajes se inmiscuyan en otras historias, así es la vida, y además me ha parecido un juego literario la mar de divertido.

Por otro lado, en este libro, el lector debería de ser activo, ya que pretendo que el mismo se invente como le venga en gana la historia pasada y la por venir de los personajes y de la acción. Que juegue si quiere un poco, que participe si le parece bien, y si no que no lo haga. El lector debe de ser libre.

El: Podría decirse que tus cuentos hablan de historias tristes y, sin embargo, consigues despertar la sonrisa del lector con cierta frecuencia. ¿Cómo se consigue eso? ¿Cómo se concilia la vida con el buen humor?

JAM: Si no pudiéramos conciliar lo que nos rodea, lo que se nos viene encima cuando nos levantamos por la mañana, empezando por el simple hecho de levantarse, con una mirada irónica, por ejemplo, lo tendríamos jodido. Algunos líderes mundiales deberían hacer ese ejercicio, sería conveniente para todos. Creo que es bueno no tomarse a uno mismo demasiado en serio, ni a las cosas que hace, vencer esa ansia malsana de triunfo en cualquier aspecto de la existencia, ser más sosegado, en definitiva ser menos idiota, el mundo sería diferente, y los seres que lo habitamos también. Pero, efectivamente, esto último no deja de ser una simple apreciación de la realidad, también esto último puede ser una supina idiotez. No hay que darle tanta importancia a las palabras, aunque estaría por afirmar que si las palabras formaran parte de nuestra vida cotidiana, esto funcionaría mejor, digo yo, y esto último de igual forma puede ser una idiotez.

El: En tu obra hay una presencia muy importante de la película Desayuno con diamantes, basada en el cuento de Capote Breakfast at Tiffany’s. ¿por qué? ¿Qué claves tiene ese texto/imagen en tu obra?

JAM: El azar, eso es. El puñetero azar que nos pone a veces en situaciones comprometidas, aunque en este caso fue un encuentro feliz. Resulta que cuando estaba pergeñando el cuento, atisbando los personajes me senté frente al televisor (porque afirmo, como uno de mis personajes, creo que era Israel, uno de los protagonista del relato Moon River and Me, que ver según qué cosas en la tele es hasta terapéutico) y ¡zas!, allí estaba esa muchacha delgaducha y preciosa cantando esa bonita canción, sentada en el alféizar de su ventana, ayudándose con su guitarra. Pues nada, me pareció una escena conmovedora, y la puse en el cuento. Independientemente de que todo ser humano tiene sus mitos, ya sean éstos cinematográficos o literarios, o de cualquier tipo. Y si hay alguien por ahí que no los tiene le aconsejo que se ponga a buscarlos, a no ser que tenga a Dios como tal, entonces no tengo nada que decir. Y además nadie negará que es una película excelente, y que nos cuenta una historia de una ternura inigualable. Sólo hay que recordar la visita que le hace el marido, el veterinario tristón, ¿no es enternecedora? Y el personaje de ella, de Audrey, se adelanta a su tiempo, es más una chica del siglo XXI que de aquella época, pero, ¿quién duda a estas alturas del genio de Truman Capote? Ella, con la toma de sus decisiones irrevocables, con esa íntima seguridad en lo que quiere, a pesar de sus “días rojos”, pone al varón, o a los varones que con ella se relacionan en situaciones sin duda desenfocadas. Los convierte en varones desenfocados.

El: Permíteme una pregunta personal, ¿fuiste un adolescente enamorado de Audrey Hepburn? Quiero decir, ¿perteneciste a esa generación encantada por el hechizo personal de la actriz eternamente vestida de Chanel, por aquella cara con ángel?

JAM: No, sinceramente, aún no he llegado a enamorarme de lo inalcanzable. Sin embargo, sí debo confesar que me siento atraído por personajes cinematográficos o literarios en un sentido, digamos, platónico. Eso me es suficiente. Seguí arrobado la vida de Madame Bovary, de La Regenta, de Ana Karenina, de Marilyn en la Tentación vive arriba o en Con faldas y a lo loco, personajes conturbados o sencillamente encantadores, o de algunas de las protagonistas de los cuentos de Joyce Carol Oates, por poner otro ejemplo.

El: El último relato: Moon river and me, de sesenta páginas, casi una novela corta, muestra a dos hermanos gemelos hombre y mujer igualmente incomprendidos pero muy diferentes. Como si fueran las dos versiones de aquella Holly del cuento de Truman Capote (originalmente bisexual) encuentran su acomodo en la soledad… pero añoran los abrazos. ¿Por qué lo has titulado así?

JAM: Todo el mundo añora que le den un abrazo de vez en cuando, qué le vamos a hacer, así somos, como diría José Agustín Goytisolo, aunque él hablara de los poetas en aquella ocasión. No sé, me pareció divertido crear una Escuela de los abrazos cálidos. Si alguien la creara lo mismo tenía éxito.

El título es un hallazgo, ¿o no? Y lo he plagiado sin contemplaciones. Después de Homero, Borges, Capote, y muchos otros, a los demás, o al menos a mí, no me queda otra cosa que plagiar de vez en cuando, aunque suelo decirlo. Uno es así.

El: En este último cuento la protagonista femenina habla de un lugar en México que es como la famosa joyería para Audrey Hepburn en la película: el lugar al que va a encontrarse a sí misma. ¿Crees que todos tenemos ese rincón? ¿Tienes identificado el tuyo?

JAM: Sí, claro, es una playa de Cádiz, que no pienso desvelar, pues i lo hiciera llegarían las hordas a joderme el lugar, y no estoy dispuesto. Están mejor todos ellos en Benidorm o en Lloret de Mar que no es moco de pavo.

27 abril 2010

Juan Antonio Maesso describe la perplejidad del hombre actual

Diario de Sevilla
B. Ortiz
27/04/2010




El autor reivindica en 'El varón desenfocado' que "las mujeres lo tienen todo mucho más claro"



El desconcierto y el desamparo que han generado en el hombre los progresos de la mujer y la herencia de un siglo XX "convulso" han inspirado a Juan Antonio Maesso El varón desenfocado, una colección de relatos publicada por la editorial Barataria en la q
ue el escritor manchego afincado en Sevilla expone, desde una mirada irónica, la deriva del género masculino en la actualidad.
Un libro que, según Maesso, "se lee como una novela deconstruida" gracias a una ingeniosa estructura en la que "personajes de unos relatos se cuelan en otros" y en el que predomina un tono tragicómico, ya que "en la vida se sufre, pero hay que afrontarlo con mucho humor".

Un meteorólogo que se convierte en el chico para todo de una modelo internacional debido a su fascinación por ésta, un crítico literario que desvela su infidelidad cuando recomienda libros o un hombre al que su mujer le aparta de la cerveza y la televisión son algunos de los seres desvalidos que habitan este "catálogo de estupores ante la condición humana", como define la obra Antonio Rivero Taravillo, encargado del prólogo de la publicación.

El retrato de la desorientación que afecta al individuo sirve a Maesso para tomar partido: la acción de El varón desenfocado parece sugerir al lector que ellas poseen una mayor lucidez a la hora de interpretar las confusas claves de la existencia. Una impresión que el escritor y director del Festival Internacional de Danza de Itálica confirma en su conversación: "El hombre no debería estar muy orgulloso de cómo actúa. Las mujeres con las que me relaciono, sin embargo, tienen las cosas más claras", afirma este escritor que firma aquí su tercer libro tras las novelas El lenguaje del agua (2003) y Simón y Sophie (2007).

¿Hay algo de autobiográfico en las humillaciones y despropósitos que sufren los personajes, en ese no saber ubicarse ante el mundo que le ha tocado vivir? "Todo escritor pone algo de su propia experiencia en lo que escribe", responde Maesso, "aunque no intente hacerlo e igual no se dé cuenta hasta que el libro sale publicado".

Dentro de esa perspectiva de la vida que ha volcado, ineludiblemente, el narrador en su obra, asoman un sinfín de referencias a la literatura y el cine: escritores como Luis Cernuda, George Trakl o Robert Walser se citan en el conjunto. El varón desenfocado, con varias alusiones a Desayuno con diamantes, alberga también un homenaje a Holly Golightly, la heroína creada por Truman Capote e interpretada por Audrey Hepburn, a quien Maesso identifica con "la mujer del siglo XXI, fuerte, valiente e independiente, una creación con la que Capote, como un genio, se adelantó a su tiempo".


17 abril 2010

El varón desenfocado. Juan Antonio Maesso. Ediciones Barataria. 2010.



“Hay personas que sostienen que el gusto estético y el lugar que una persona ocupa en la escala social puede deducirse de los pijamas que utiliza”.
Islero y el hombre invisible.
“[...] cuando la desnudé la primera vez casi me desmayo. Como estuve tanto tiempo admirando su anatomía, salvia dijo: <> [...] No pude hacerlo. Lo siento. Me intimidaba. Eso le dije, me intimidas, Salvia, pequeña. Y ella dijo <>”.
Salvia, la modelo de Praga.
“[...] es que estoy un poco harto de la manía que tiene este gobierno de protegernos, y que conste que yo los he votado, pero nos trata como si fuéramos niños malcriados. Yo creo, y disculpe mi atrevimiento, que se pasan con eso de la tutela. Con el debido respeto, debo decirle que como sigamos así acabarán dándonos unos azotes o alto peor. Nos golpearán sañudamente con el canto de una regla en los nudillos como hacían los curas”.
ONG-Smoke.
Moon River and Me.
Los relatos contenidos en El varón desenfocado tienen la virtud de hacer sonreír al lector a pesar su contenido en ocasiones trágico o triste; o a pesar de la improbabilidad de la existencia de determinadas personalidades en lo que llamamos la vida real. O quizá esas formas de actuar y de pensar existen, pero nos resistimos a admitirlas. Quizá porque el varón no sale muy bien parado de esta serie de relatos elegante y ligeramente conectados entre sí por lazos que constituyen un guiño al lector atento y que van más allá de un escenario común (la ciudad de Sevilla) y de la presencia de símbolos como Audrey Hepburn fijada siempre en el papel inolvidable que la proporcionó Breakfast at Tiffany´s. El escritor tiene un mundo amplio y claro y los ojos ligeramente acuosos, como de abuelo emocionado.
Los hombres de estos relatos, de hecho, son criticados, o no son entendidos, o no pueden adaptarse al mundo que les rodea: algunos resultan invisibles para el resto (como el Mr Cellophane de Chicago); otros se enamoran de adolescentes cuya belleza los paraliza hasta el punto de la impotencia; los hay que no entienden las infidelidades de sus mujeres e incluso no son capaces de verlas aunque se las pongan en primer plano; están aquellos que siguen siendo manejados por sus madres y los que son abandonados por sus esposas. A pesar del tono de humor parece entenderse a la perfección el mensaje que el autor nos envía desde el título colectivo, tema común en foros y esquinas en la actualidad de occidente: el varón, como ya le sucedía a Woody Allen en alguna de sus películas, se encuentra desenfocado en este nuevo mundo de la revolución sexual que le ha tocado vivir… Desenfocado, descentrado, desubicado y desnortado: se puede y se debe ser sensible, pero no femenino; se puede y se debe ser metrosexual pero mantener el aplomo del Hombre; se puede y se debe tener capacidad para entender a la mujer, pero no para arrebatarle su complejidad emocional.
Con estas realidades como punto de partida Juan Antono Maesso nos entrega una bella ironía y una forma de entender las relaciones humanas con cierta ternura. Sus cuentos, con acertada estructura, nos plantean hombres que tratan de encontrarse a sí mismos, luchar por lo que creen, intentar ser ellos mismos o quienes creen que son, aunque ello implique encadenarse al mismísimo ayuntamiento de la capital andaluza para reclarmar la libertad de inscribir una ONG por la libertad del acto de fumar; o aunque signifique que en general lo consideren a uno huraño y extraño.
Sin embargo el autor no hace una defensa a ultranza del hombre, ni se sitúa en ninguna línea de pensamiento machista. Su crítica a determinadas actitudes masculinas es clara, y su declaración sobre la “inocencia” o carácter naif de sus comportamientos también.
Relatos para pensar, para sonreír y para disfrutar de una sensibilidad muy concreta con un humor andaluz diluido… pero igualmente eficaz.

04 abril 2010

"Sevilla es una ciudad tan novelable como Nueva York"






El Correo de Andalucía
Alejandro Luque
01/04/2010



El escritor y director del Festival de Danza de Itálica, Maesso retrata al género masculino en el libro de relatos El varón desenfocado.

El título del último libro de relatos de Juan Antonio Maesso, El varón desenfocado (Barataria) recuerda al de aquel personaje de Desmontando a Harry, el filme de Woody Allen, cuyos rasgos parecían distorsionados a la vista de todos. En este caso, es todo el género masculino el que aparece desleído, desubicado. Y para ello, el propio Maesso ha debido enfocar a sus personajes mejor que nunca. “Todos ellos son muy parecidos, pierden los papeles en cuanto la mujer se decide a actuar”, explica.

“El hombre hoy está absolutamente desenfocado, y si la mujer quiere, nada impedirá que sea la dueña del futuro. Sólo puede impedirlo que empiece a adquirir los defectos del hombre”. Claro que Maesso (Ciudad Real, 1949) prefiere ver el drama del varón contemporáneo desde el prisma del humor. “Hombres y mujeres no tenemos más remedio que convivir, pero será complicado llevar una vida normal si no miramos el mundo con cierta ironía, sarcasmo y distancia. Yo con este libro me he divertido muchísimo, y espero hacer partícipe de eso al lector”, comenta.

La intención de este escritor ha sido la de ensayar “una caricatura, una distorsión del hombre actual, a la manera de los espejos deformantes de Valle-Inclán. Espero que nadie se moleste si se ve reflejado en estas páginas”, indica. “Los personajes masculinos no saben muy bien dónde están. La vida misma, la familia, la mujer, la sociedad, el poder los desplaza. Los femeninos mandan, son los dueños de la situación, controlan y tienen las cosas claras. Ellas deciden vivir su vida libremente y ellos reaccionan de una forma que resulta más bien divertida”.

“El varón desenfocado”, prosigue Maesso, “se puede leer como novela, porque están hilvanados y hay personajes que saltan descaradamente de un cuento a otro de la forma más descarada, y también tienen sentido leídos de forma independiente. Cada uno es un pedazo de una vida entera, el lector debe inventarse la vida anterior y la posterior. Son historias de la vida cotidiana pasadas por el cedazo de lo surreal, pero ¿quién no ha tenido una situación surrealista en su vida?”, agrega.

Pero este libro no sólo trata de personajes en busca de su equilibrio y su identidad. Sevilla también tiene un protagonismo incuestionable. “Esta es una ciudad tan novelable como Nueva York. Es tan bifocal, difícil, extraordinaria, compleja... Podemos pensar que con leer a Cernuda y Romero Murube tenemos más que suficiente, pero sólo hay que pasearla para ver a la gente más variada y estrafalaria... Sólo falta contarlo. Si tenemos a los mejores arquitectos, pintores, poetas, ¿por qué no va a ser novelado por cada uno como lo vea. Todavía estamos esperando al Joyce sevillano que se atreva a escribir la gran novela sobre Sevilla”, afirma Maesso.

No quiere el escritor olvidar que todavía viven muchas mujeres, dentro y fuera de España, dramáticas situaciones de violencia y discriminación, “pero evidentemente eso daría para otro libro de tono muy distinto”, apunta. Sí defiende en cambio la idea de que no hay vuelta atrás en el proceso de emancipación –y aun de ascensión social– de la mujer. “En este momento vemos que se ha avanzado una barbaridad, y vamos a pensar que cuando no manda una mujer es porque no quiere, porque prefiere hacerlo de forma sibilina. Eso aunque todavía haya diferencias de sueldos y otros factores. Al fin y al cabo, ya dijo Freud que ellas nos ganan por goleada en puntos erógenos, y a partir de ahí, todo lo tienen a su favor”, apostilla el escritor.



06 marzo 2010

Juan Antonio Maesso "desenfoca" al hombre actual en una serie de relatos





Agencia EFE
Alfredo Valenzuela
Sevilla, 6 de marzo de 2010




El escritor Juan Antonio Maesso (Ciudad Real, 1949), director del festival de Danza de Itálica, explica a Efe que ha tratado de mostrar al hombre actual en el libro de relatos que acaba de publicar con el título de "El varón desenfocado" (Barataria).

Este libro "podría ser de igual modo una novela debido a que algunos de sus personajes se cuelan de manera desvergonzada, sin pedir permiso, en la vida de los personajes de otros relatos", asegura.
También bromea diciendo que "podríamos hablar de novela deconstruida", si bien añade que no lo hace porque ese término le pone "muy nervioso."
"El varón desenfocado" se presentará el próximo jueves en Sevilla y, según su autor, sus historias se inspiran en "el desenfoque que sufre el varón de este siglo recién comenzado, heredero de uno de los siglos más convulsos de la historia, y el papel que le ha tocado jugar en él."
Si fuese cierto que el carácter del autor se ve reflejado en sus narraciones, se habría de pensar que Juan Antonio Maesso tiende al escepticismo, al drama, a la tristeza, a contar la soledad.
Pero nada más lejos, confiesa, de su principal ambición, que "la gente sonría mientras lee, sacar la sonrisa del corazón del lector" con estos diez relatos, en consonancia con "aquel actor norteamericano que dijo que "después de lo del 11-S no entendía el mundo, y que desde ese momento sólo haría comedias".
"Los diez cuentos de este libro nos narran escenas de la vida cotidiana actual, pasadas en algunas ocasiones por un cedazo surrealista, y sus personajes podrían parecerse a aquel de la película de Woody Allen 'Deconstructing to Harry', el cual se desdibuja", explica Maesso.
La principal dificultad, según Maesso, es "utilizar el sentido del humor, verse a sí mismo caricaturizado y no enfadarse es realmente difícil, y hacer tragicomedia, es más difícil aún, pero eso es la vida misma, una puñetera tragicomedia", tal y como trata de reflejar en sus relatos.
"Normalmente -dice el autor- los libros de relatos se sirven del título de uno de ellos para dar título al libro, y podría haber sido así, como por ejemplo 'Moon River and Me', el último relato, no hubiera estado mal como título; u 'ONG-Smoke' tampoco, o 'Salvia, la modelo de Praga', pero, sinceramente, 'El varón desenfocado' da una idea más exacta de que he querido contar."
El escritor, editor y traductor Antonio Rivero Taravillo, en el prólogo de "El varón desenfocado" avisa de que estos relatos suponen "un catálogo de estupores ante la condición humana, en particular con esa mitad que no hace sino soñar con mullir el 69 y se queda en atolondrado superviviente de Mayo del 68".
"Entre numerosas incorrecciones políticas, hay aquí hombres no tanto apocados como empequeñecidos, menguantes, abandonados, postergados, a los que se les sopla la vida", según Rivero Taravillo, quien añade que Maesso, con estas historias "explota el absurdo, lo ridículo".
Y no le falta razón: en una de estas historias, como si se recurriera a la ciencia-ficción, señala Rivero Taravillo, una novela vende en sevilla y su provincia medio millón de ejemplares.
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«Escribo por divertimento y si sufriera, no haría una línea»




Podría decirse que Juan Antonio Maesso (Ciudad Real, 1949) no es un escritor al uso, pues sabe crear sus propios códigos literarios en donde tienen cabida elementos como el escepticismo o la más fina ironía. Esa sensación es la que se trasluce al leer la colección de diez cuentos que ha reunido bajo el sugerente título de «El varón desenfocado» (Barataria).
Como bien dice este autor, «tengo la suerte de escribir lo que quiero». Así, si su primera novela, -«El lenguaje del agua» (Renacimiento)- era una historia escrita desde la emoción y el aprendizaje, en su siguiente obra, «Simón y Sophie» (Almuzara), se descolgó con una narración de vampiros en las que homenajeaba a la literatura gótica, con referencias inevitables a sus juveniles lecturas del pasado: Poe, Mary Shelley o Lovecraft, entre otros.
Mientras escribía su nueva novela fueron surgiendo una serie de historias, algunas más breves y otras más largas que a lo mejor nunca iban a dar pie a otra novela, pero que si tenían la autonomía y la entidad suficiente como para formar parte de un libro de cuentos. El autor relata la génesis de alguno de ellos: «Hace cinco años, Marcos-Ricardo Barnatán me contó una historia y me dio permiso para que yo la adornara, dando paso al cuento «Cortezas crujientes». Hay otro relato que surge del mosqueo que tengo porque el Estado nos sobreprotege demasiado con temas como el del tabaco. Tenía las cosas tan claras que al final los escribí en dos meses».
En todo caso, reconoce Maesso que «estas historias me entretiene porque soy de la opinión de que se escribe por divertimento, y si yo sufriera escribiendo, no haría ni una linea».
A pesar de que estos cuentos son independientes, algunos personajes «se meten sin pedir permiso en las historias de otros, apareciendo o desapareciendo, y eso es un recurso que me ha parecido gracioso», reconoce este escritor.
Con este libro Maesso demuestra ser un autor a contracorriente, que no se doblega a las exigencias editoriales. Por eso apostó por el género del cuento, que en los últimos años ha sido muy denostado. «No sé por qué las editoriales no quieren arriesgar y prefieren novelones de mil páginas cuando ha habido grandísimo escritores de cuentos como Borges o Truman Capote». En ese sentido agradece el apoyo de la editorial Barataria y del prologuista del libro, Antonio Rivero Taravillo.
El futuro está en la mujer.
En cualquier caso, lo que si es evidente es que la figura masculina sale muy «desdibujada» o «desenfocada» en estos relatos, tomando siempre la iniciativa las mujeres: «Creo que el futuro está en la mujer y su situación laboral se bebería equiparar a la del hombre, lo malo es cuando ellas pierden los papeles cuando quieren parecerse al hombre», admite. También Maesso se declara «moderadamente feminista», aunque no transige con las más radicales.
Y como no hay dos sin tres, la tercera novela del autor saldrá publicada en octubre. Estará protagonizada por un profesor universitario que lleva una vida anodina y que de forma sesgada se ve relacionado con los acontecimientos del 11-M.