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08 junio 2011

Algo más sobre Diario de las especies, de @lamujerrota

La manía de leer
08/06/2011


Cada cierto tiempo, cada dos o tres sábados, una vez al mes, empiezo y acabo un libro en la misma noche del sábado. Así, del 4 al 5 de junio empecé y acabé Diario de las especies, de Claudia Apablaza (@lamujerrota) con una particularidad: contaba en twitter opiniones e impresiones conforme avanzaba su lectura.
Mi hijo, cuando ve un libro nuevo en la pila que tengo a la izquierda de la mesa donde trabajo, me hace preguntas del tipo: “Papá, ¿quién te ha regalado este libro? ¿Por qué es un libro de las dos máscaras, papá?” -literal-. Rodrigo, que es hijo legítimo de Blumm, cumple hoy tres años (08-06-08). No sabe leer y por lo tanto, pienso, lleva tres años perdidos. Los recuperará.
Sí, Claudia, te lo confirmo: ¡me ha gustado el libro! Me ha gustado mucho el libro. Es un libro que también voy a recomendar para quien quiera leer de una (puta) vez algo diferente a lo que se escribe, bueno, a lo que se escribe y que yo leo -matiz importante-. Un libro que, como te decía en twitter, es de empezar y acabar en una noche. Como Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder.
¿Por qué me ha gustado el libro? Algunas sinrazones:
1. Si eres un asiduo lector de blogs, encontrarás en Diario de las especies el encanto de la escritura en blogs.
2. Está editado en Barataria y no en Blogger. Es papel.
8. ¿Quién no se ha leído nunca los ocho post de un blog de una sentada con sus respectivos comentarios?
3. Si quieres saber qué es la metaliteratura y cómo se escribe en formato blog, tienes que leer Diario de las especies.
4. Los títulos de las entradas, que no son los típicos y tópicos capítulos al uso, son inmejorables.
5. Las entradas las titula tal que así: Partir la biografía, Plagio a Vila-Matas, Atentado a Nothomb, Los personajes, Tiempo de una novela, El final, Publicar y un apéndice apablazano titulado Personas.
6. Se guiña un ojo a Darwin: especies de bloggers, especies de biografías, especies de anhelos, especies de literatura, metaliteratura que evoluciona, repito, que evolucioan en un formato distinto, el del blog, el del blog-meta-litera-tura-dura-se-pone-lo-litera-rio.
7. Se habla Vila-Matas. Se habla de literatura contada. Se habla de libros que no he leído, y esto a veces, me jode. Es una novela que formalmente deslumbra.
9. ¿Queréis conocer quién es la niña de los sapos? Leed Diario de las especies.
10. Arturo Belano es quien mejor comenta las entradas de A. A. Hay por ahí algún Anónimo que sabe rizar palabras pero el mejor para mí es Arturo, Arturo Belano. Su cinismo me deslumbra, ese cinismo ilustrado me pone, como el de Lola Fett.
11. Se habla de Bernhard. Se habla de Bernhard. Se habla de Bernhard y de una de sus obras maestras, El sobrino de Wittgenstein, la cual no he releído y debería hacerlo en breve, nene. Un tiempo para la lectura y otro para la relectura. ¿Tengo prestado el libro? No lo sé en estos momentos.

Y acabo con lo que dice Vicente Luis Mora, Tryno Maldonado -que no sé quién es- y Jordi Corominas i Julián -que me suena pero que ni idea- en la contraportada del libro:

Mora: “harán bien en comprar la novela y enfrentarse a un texto singular, inteligente, formalmente atrevido y enamorado de la literatura, que nos invita a seguirle la pista al nombre de Claudia Apablaza”.

Maldonado: “su objetivo final no es meramente la impostura del formato digital ni la imposición de una forma novedosa por el puro gusto de inventar la pólvora. No. Lo que hay en Diario de las especies es otra cosa: literatura de la mejor cepa”.

Corominas: “Diario de las especies se asemeja a esos diarios de navegación de los marineros. La embarcación circula por una supuesta red de redes donde la autora de un blgo plantea varias problemáticas relacionadas con la novela, temas que trazan un perfil autobiográfico de infinitas voces mediante la inclusión de los comentarios de los visitantes del espacio virtual”.

-Elige una, Blumm.

-No, tres.

-Venga, tres.

-La de Mora y la de Maldonado.

-Te falta una.

-Espero la de Juan.

-Está bien. Esperémosla rascándonos mientras aplaudís.

¿Qué no me ha gustado del libro? Las dos erratas hipopotamales que tiene. Voy a empezar a cobrarlas. Si lo hubiese hecho, el libro me hubiese salido un 20 % más barato. Dos erratas, a euro cada una…Cobro las erratas desde hoy. Vía Paypal (blumm217@gmail.com). Necesito dinero para libros, para tinta y para folios. El tiempo ya lo busco yo.

Ficha del libro

03 diciembre 2010

Mis 10 de 2010



Quimera 325 publica este mes la lista de Los 10 de 2010, guiada «no solo por la calidad literaria de las obras, sino también por su capacidad para generar crítica, admiración, antipatías: debate», y armada a partir de las votaciones llevadas a cabo por el equipo de El Quirófano. He aquí mi votación de lo que consideré los diez libros del año, entre reediciones de literatura en español y extranjera, y novela, ensayo y ficción breve en español. En orden —más o menos riguroso— de interés:

1. Corona de flores, Javier Calvo, Mondadori.

2. Eros, Eloy Fernández Porta, Anagrama.

3. Habitación doble, Luis Magrinyà, Anagrama.

4. Los muertos, Jorge Carrión, Mondadori.

5. Idioteca, Raúl Quinto, El Gaviero Ediciones.

6. El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, Patricio Pron, Mondadori.

7. Obras I, Copi, Anagrama.

8. Alba Cromm, Vicente Luis Mora, Seix Barral.

9. Diario de las especies, Claudia Apablaza, Barataria.

10. Dinero gratis, Carlo Padial, Libros del silencio.

*

El especial Quimera —en donde participo con un artículo sobre Las teorías salvajes y su recepción—, me parece de gran interés para intentar averiguar hacia dónde está dirigiéndose y reconduciéndose la narrativa que se hace y se lee en España. O al menos a mi juicio, el polifacético mosaico compuesto por Cuenca Sandoval, Patricio Pron, Menéndez Salmón, Oloixarac, Carrión, Jon Bilbao y Fernández Porta (mea culpa por no haber leído lo último de CS, MS y JB…), da qué pensar.

Lo dicho. No se pierdan el número navideño de Quimera, ya saben, probablemente la mejor revista de literatura en nuestro país.

28 junio 2010

Diario de las especies



¿Quién no se ha fijado en el abismo? ¿Quién no ha descrito alguna vez su mundo amparándose en el anonimato, creando una biografía virtual, dejándose acariciar por las manos de desconocidos en forma de comentarios en el blog? ¿Quién no ha sentido la tentación de encandilar con un personaje en tiempo real, modificando los datos o trasladando sólo aquellos que resultan llamativos, recomponiendo todo en un puzzle hecho de tres partes de imaginación y una de realidad transfigurada? El Diario de las especies de Claudia Apablaza es una novela-blog, es un blog-novela, una biografía espúrea en forma de entradas, pero también una conversación entre actores disfuncionales, amparados por sobrenombres extraños, fantasmales. Así que aquí lo tenemos otra vez: las nuevas formas de comunicación interviniendo en el proceso creativo, los códigos contemporáneos de las relaciones personales partiendo no sólo la biografía (al fin y al cabo, un constructo, un género literario), sino la propia identidad. En Diario de las especies se revelan muchas cosas, al principio de una tímida manera, y se hace un ejercicio necesario volver sobre los fragmentos, desconectados unos de otros en apariencia, para entresacar el máximo de profundidad a la red virtual de tejidos y contactos entre las voces que la forman.
La voz de una narradora-blogger que reflexiona sobre procesos creativos lo hace también sobre el propio hecho de escribirse a sí misma: de una forma elaborada, de apariencia natural, va elaborándose también un metatexto acerca de la búsqueda de la identidad y ese río reflexivo pone en evidencia la impotencia del blog como diario íntimo, así como de la obscenidad de la bitácora pública; en el transcurso de una extraña aventura narrada y comentada por muchas voces, hemos de creer en la falsa autenticidad de esas confesiones de escritora migrante, la sinceridad se traslitera y se hurga en los efectos de la inmediatez. Y mientras tanto: un coro griego de comentaristas amparados en irrisorios nicks acosarán sus intentos de escribirse y moldear las zonas huecas. Nadie dejará en paz su relato abismado, todos querrán tomar un trozo de la voz, comérsela. Llevar la virtualidad a otros niveles, documentarla en el plano físico. La voz intenta construir una biografía, las voces la devoran. Al cabo de su búsqueda nos queda la pregunta suspendida en el aire: ¿somos de dónde somos, somos lo que leemos, o somos lo que nos comentan en nuestro blog?

21 junio 2010

El Diario de las Especies



En el momento en el que nacieron los blogs nació otra forma de literatura y de editar que, aún, no han encontrado sus formas óptimas. El de Apablaza no es el primer libro que aparece con este formato, ni será el último, pero sí es uno de los más interesantes sin duda.
El texto remueve los cimientos del ensayo y la novela para acceder a una nueva dimensión en la que el discurso de la autora no es uno, sino muchos. Además no será una voz lineal porque las voces transversales interrumpen, a veces, para enriquecer y completar lo que la escritora dice; otras, de una forma innecesaria que no sólo despista y entretiene, sino que, además, aburren.
La voz de la escritora chilena, cuando se puede oír sin la interrupción de los otros, es inteligente y divertida. El diario parece mucho más una guía de historia de la literatura, que una narración al uso.
Diario de las especies es una digresión larga sobre los problemas que el escritor encuentra para crear y ser editado. A través de esta digresión, Claudia Apablaza establece un mapa casi sentimental de autores y obras, con Vila-Matas como eje central de todos.
Una novela que dista mucho de serlo, pero que no por eso deja de ser interesante. Temática y voz son dignas de ser escuchadas, leídas y ampliamente discutidas. Estoy segura de que la forma de narrar de Apablaza (hilvanando hermosamente cada palabra) no les dejará indiferentes.

20 junio 2010

La extinción de un proceso creativo: «Diario de las especies», Claudia Apablaza



Anónimo
dijo… Claudia, ¿me das una cita para encabezar la reseña?

Afterpost dijo… Perdón, ése anónimo soy yo!

claudia apablaza dijo… Lejos de respetar formas inmutables cada nuevo libro tiende a construir sus leyes de funcionamiento al mismo tiempo que a producir su destrucción

(alain robbe-grillet)

Claudia Apablaza es una escritora única y el libro Diario de las especies el registro de su propia extinción. Porque más allá de las formas establecidas por las literaturas en su continua evolución, la autora chilena hace un recorrido a través de ellas -a veces sorteándolas- en el singular devenir de su escritura. Trayecto o proceso creativo, lo cierto es que sus palabras son las huellas de lecturas acumuladas; lugares habitados y experiencias biográficas que, en su lógica efímera, atentan contra la definición inmóvil que, en ocasiones, se quiere hacer de la literatura. En ese sentido, este libro es un lugar de paso donde se desarrolla una especie de escritura errática (en las diversas acepciones) en su digresión hacia otros lugares: 1. como prueba o experimento; 2. como forma inadecuada y fallida; 3. lugar de divagación y 4. en tanto que espacio abierto. Todas ellas se concentran, al final, en esa idea de búsqueda de la que Diario de las especies adquiere su poética trashumante y, quizás, su valor más destacable al asumirse desde una precariedad vitalista. Viaje, movimiento, nomadismo. La literatura de Apablaza escapa, de hecho, a la historia, al tiempo y al espacio por ser estos ya lugares comunes para una crítica literaria oficial. Una subversión puesta en práctica en las sucesivas ediciones por las que el texto ha ido migrando (Chile-México-España). Evolucionando sus formas, hasta dar lugar a nuevos interlocutores allí donde otras voces se extinguieron.

Sí, estamos ante un libro en marcha que crece y se reproduce, pero que persigue un punto final que lo convierta en una especie distinta de novela o, lo que es igual, en un texto literario que se de-genere más allá de los límites reconocidos de la literatura. Para indicar una salida de emergencia, este ejemplo: “Ser persona es dejar de ser libro, de ser cita. Dejar de escribir. Yo nunca quise ser escritora. Yo no sé lo que es literatura.”

No sé escribir, lo he olvidado. Anular fin y comienzo. Manteniéndose en el proceso creativo, el libro de Apablaza parte de tópicos biográficos, de calcos literarios e, incluso, de su exuberante apariencia bloguera para arrastrarlos a una medianía donde han de converger, confundirse, perderse. “Apenas llegué a Barcelona olvidé qué es escribir una novela, entre otras cosas”, comienza así Diario de las especies. La activación del olvido desvela, desde luego, el carácter crítico e inconformista de su autora, aunque también una desmemoria como premisa indispensable para la creación de lo nuevo. Y aquí, precisamente, se encuentra uno de los puntos más interesantes de la obra. Olvido, desmemoria y crítica no son otra cosa que acciones destinadas al desmantelamiento formal y estructural del acervo cultural en el que la obra literaria es partícipe. Todo ese conocimiento (literario: Vila-Matas, Nothomb, Bolaño, Gombrowicz, Fresán, Bernhard, Cortázar…) es cuestionado mediante un declarado desaprendizaje y -lo que resulta más complejo- escribiéndose ahora como un apr(h)endizaje en fábula. La indeterminación del espacio naciente se materializa, pues, en la construcción progresiva de una forma de contar que se desdice sucesivamente, destinada a agotarse. Así el blog que se inventa, las múltiples voces en los personajes que allí se enmascaran. Sin ser este libro la impresión en papel de una escritura digital real –sino la apertura que vincula a uno y a otro: rhizome-, la forma funciona en tanto que ilusión de blog, lo que supone, a su vez, la ruptura de los modelos clásicos imperantes en la narración. Todo, incluso la forma, es ficción en el libro de Apablaza.

Salir del paso: por un blog. El modus operandi de Diarios de las especies lleva a cabo la máxima teórica de una teoría literaria al margen: cada libro se crea al tiempo que se destruye. Por una nueva novela, de Alain Robbe-Grillet, novelista –también cineasta experimental- de la nouveau roman francesa, es para la autora chilena un libro de culto en busca y captura, que se antoja coherente en el fetichismo bibliófilo presente durante todo el proceso creativo. De ser esto así, la obra estaría destinada –teórica e implícitamente- a su desaparición final, a la consumación de su propia estructura. De hecho, la presencia del blog es tan sólo la forma que da pie al soporte libro en pos de su degeneración fragmentaria. Porque el blog es sólo blog en un medio puramente digital, aunque su aprovechamiento en papel provoca que la ficción quede lejos de la habitual imbricación entre temas, personajes, tiempo y lugar. Y es que la escritura resultante es el desglose de esos mismos tópicos, eso sí, más propios del discurso crítico que de un discurso artístico. Rara avis. De ahí que los capítulos sean, en realidad, la descripción del proceso de escritura que los ponen en marcha: “Partir la biografía”, “Los personajes”, “Tiempo de una novela”, “El final”, “Publicar”, etc. Sin duda, ésta es la nueva forma de narrar que propone Claudia Apablaza: un desplazamiento por formas existentes que signifiquen una nueva manera de escribir o hacer que la literatura se tambalee a cada palabra.

Fin. The end. La escritura de Diario de las especies pasa por el blog para dejar de ser escritura, tal y como la entendemos tradicionalmente. Una evolución darwiniana puesta del revés, en el que las especies escritas involucionan hacia aquello que fueron mediante su adaptación a los nuevos formatos: apenas creación. (Habrá que ver qué es lo que se genera, que especie literaria surge de todo esto). Exploración y experimentación que otros escritores, como es el caso de Cristina Rivera Garza en referencia a Twitter como laboratorio textual o Vicente Luis Mora con su Alba Cromm abierta en red, ya ponen en práctica sin complejos. Es la constatación de que algo empieza a moverse. De algún modo, aquella pregonada contaminación entre papel y pantalla se hace realidad ahora, en un espacio intermedio y formalmente híbrido que los más apocalípticos ven como el fin de la literatura. Tantas veces muerta la literatura, la ficción es un gen en continua mutación.

02 junio 2010

Lo público y lo privado


Literata
Nora Almada
01/06/2010

Claudia Apablaza nació en Chile, viajó a Barcelona y logró que Diario de las especies, que se publica ahora en España por la Editorial Barataria, viese la luz, con anterioridad, en dos países diferentes: Chile y México. Ejercicio metaliterario, entrelazamiento de novela y ensayo, hay aquí una mujer extranjera que olvidó escribir y que para recordarlo recurre a su blog. Este Diario no sólo visualiza el proceso habitual de confi guración de una novela —personajes, tiempo, estructura— sino que pone en evidencia cómo las nuevas tecnologías modifi can la materia creativa, mediante la interacción, la conciencia de crear y la desmitifi cación de la “gran literatura”. Los blogs también son memoria, una nueva página escrita.

¿Me entiendes si te digo que Diario de las especies, es una referencia permanente a la literatura?
Sí que lo es, y por lo tanto a la vida, ya que no percibo la vida sin ella. Además de ser el material primordial del trabajo de la escritura.

¿Qué hace una escritora en épocas de nuevas tecnologías?
Escribe en internet, escribe conectada a la red, lee en la red, se siente parte de la escritura de la red, se siente la red, come frente a la red, habla con sus amigos por la red, busca información en la red, dibuja en la red; pero también se desconecta por algunas horas cuando duerme, cuando va a tomarse una copa al bar, a mirar librerías, de paseo con amigos o cuando se sube a un avión para ir a visitar a sus seres queridos al sur de todo, es decir, a Chile.

Es tiempo de verbos diferentes: Clikear, linkear, postear, bloggear ¿Se agranda el diccionario?
Creo que el diccionario se agranda a diario, porque la lengua, el lenguaje es algo vivo y en continua mutación. Ahora bien, se especifica a la vez que se agranda; se vuelve hacia zonas que antes no eran foco.

El personaje principal de tu nuevo libro se debate entre vida y creación ¿Existe el límite o se perdió para siempre?
Creo que el límite nunca existió. El personaje podría estar infinitamente buscándolo, pero nunca lo hallará. Eso no quiere decir que estaré siempre buscándolo. Estaré en ello.


Meta-literatura en estado puro ¿Crees que el proceso de creación del libro ha cambiado de verdad? ¿Y el deseo de escritoras y escritores?
Creo que el crear debería llevar siempre implícito ese deseo de cambio y construcción de nuevos procesos con los materiales. Pero es algo que siempre ha existido, y que algunos escritores siempre han tenido en consideración a la hora de escribir, sin embargo otros prefieren apegarse a los límites ya diseñados.

Uno de tus personajes dice: “El tiempo de las novelas es el tiempo de las editoriales” Cómo ves el mercado editorial en España?¿Crees que hay diferencia con Latinoamérica?
La mayor diferencia es de cantidad. En España el “mercado editorial” es enorme, a gran escala, y en Latinoamérica se aspira a esa gran plataforma; pero la literatura, lo que entiendo por literatura, siempre será un espacio ínfimo, menor frente a ese gran “mercado”, tanto acá como allá.

Creo que el crear debería llevar
siempre implícito ese deseo de cambio
y construcción de nuevos procesos
con los materiales. Pero es algo que
siempre ha existido, y que algunos
escritores siempre han tenido en
consideración a la hora de escribir.

En tu novela se modifican conceptos como creación única, privacidad, identidad, extranjería....
Trabajo con esos conceptos en mi novela ya que son conceptos que hacen bulla a diario en mi conciencia, conceptos que quiero entender, abordar y en ocasiones atacar. Llevarlos al papel es una suerte de exorcismo, una especie de rito que aspira a la comprensión, disputa y sanación de algunas zonas.

Hay una frase que me impactó: “La novela puede fabricarse, un cuento o un poema, no” ¿Qué piensas de esto?
Creo que el cuento y el poema son elementos más honestos en su construcción y por lo tanto no pueden aspirar, y tampoco lo quieren, a ser esos productos fabricados por seres anónimos que venden en los escaparates de algunas librerías y que algunos les llaman novelas.

¿Hacia dónde te lleva la escritura?
Supongo que hacia un abismo y espero que ese abismo contenga un espacio de felicidad.

¿Cómo ves el futuro de la literatura?¿Tenemos red y Apablaza para rato?
El futuro de la literatura es algo que no veo ni de forma apocalíptica (por la era virtual) como lo ven algunos teóricos como Baudrillard y Lipovetsky, ni de forma optimista. Sólo la veo como ha sido hasta ahora: con una diversidad de escrituras y textos, y lectores empeñados en esa diversidad. Y creo que sí tenemos Red y Apablaza para muchos libros.

Brevísimas
¿Qué nickname hubieses querido tener antes que nadie?
elcaballerodelatristefigura
¿Ficción o realidad?
Ambas.

¿Qué libro sería el último en quemarse?

La Biblia.
¿Qué hacer con los frascos de tinta?
Ponérselos en el pelo o a los calamares.
¿Qué ve Claudia Apablaza delante de la pantalla?
La felicidad de desaparecer.
Elige una biblioteca para quedarte a vivir
La de Lesseps, de Barcelona o la de un pueblo llamado San Francisco de Mostazal.

Un cuchitril propio


Calle 20
Elena Medel
01/06/2010

Recen para no coincidir con Claudia Apablaza en una mesa de casino: su arrojo los desplumará. Esconde las mejores cartas, no teme a los órdagos. Diario de las especies se presenta impreso y encuadernado, ergo se trata de un libro. ¿En qué estantería? «Novela», asegura Vicente Luis Mora. ¿Blog que salta al papel? ¿Relatos armados en dos bloques, Personas y Búsqueda de una novela, y con un ojo en la pantalla? ¿Tratado peculiar sobre la literatura, la escritura de una novela, la novela misma? Nos guía una protagonista (¿o la voz cantante recae en quienes la responden o en los focos de cada entrada/capítulo?) que firma como A. A. en los comentarios de su bitácora; el perfil la define como «mujer, 27 años». En la lista de sus «escritores favoritos no hay mujeres», ironiza frente a Virginia Woolf sobre su «cuchitril propio», y establece su memoria antes de Barcelona según las editoriales de Chile, sus impulsores, los compatriotas que más suenan. Apablaza no busca la empatía, sino la reacción; y juega al despiste en este híbrido entre la realidad y la ficción, el mundo virtual y el más acá de la pantalla, que soliviantará a los cuadriculados y entusiasmará a aquellos que prefieren la deriva.

01 junio 2010

Diario de las especies. Claudia Apablaza



“Quisiera aprender a vivir sin las representaciones, sin anteponer siempre imágenes o palabras a mi experiencia”,

Página 25.

“Descubrí la estética vegetariana con Nothomb. Ella dijo que los vegetarianos son asesinos en serie. Que aman la sangre, los vampiros. La lógica vegetariana es asesina.

Los vegetarianos aman la sangre, la aman tanto que no quieren comérsela. ¿Sabías que Prétextat Tach era vegetariano? A los diecisiete años estranguló a su prima. Casi todos los escritores son asesinos potenciales.

Los vegetarianos no soportan ver la sangre. Él estranguló a su prima y luego escribió compulsivamente toda su vida. Estética vegetariana. Cultívala”.

Página 64.

“Acá están proliferando cada vez más un número bastante respetable de editoriales pequeñas, que, digámoslo, es lamentable, pero se toman el trabajo en serio. ¿A qué me refiero? Es lamentable. Muchos de ellos dicen cuando uno los llama: lo siento, pero no tenemos tiempo por ahora de recibir un manuscrito. Llama en dos meses. Qué dicen los grandes grupos. Oh, por favor, envíenos su manuscrito. ¿Y qué sucede con ese manuscrito? Se transforma en papel molido.

Página 154.

La estructura del libro constituye, en este caso la esencia misma. Claudia Apablaza ha apostado por las formas actuales de diálogo e interactuación virtual para construir con ellas una novela de hilo argumental muy muy débil y difícil de seguir. Sin embargo no faltan valores a la obra, incluido el hecho de que, al “hacer uso” de medios virtuales se desdibuja o debilita el entramado, la realidad y, con ello el argumento, de forma que esa debilidad en el mismo resulta coherente con las formas seleccionadas para escribir.

Diario de las especies está planteado como un blog en el que una autora expresa su deseo de escribir una biografía y pide consejos y facilita sus opiniones sobre Literatura en “capítulos” que son entradas del blog: Búsqueda de una novela, Los personajes, Tiempo de una novela… Sin embargo los “posts” o comentarios de aquellos que entran a su blog versan sobre la vida personal de la escritora, o bien dan opiniones extrañas y ajenas a la cuestión literaria e incluso llegan a extraordinarias afirmaciones cuyo significado no queda del todo claro. De esta forma quienes acceden más veces en su blog y dejan más comentarios, se convierten en los personajes secundarios a los que resulta posible identificar, a los que se caracteriza con mayor detalle a través de sus palabras y opiniones, ya que en este caso hay muy pocos actos (para eso estamos en el espacio virtual) y aquellos que suceden tienen un “aroma de irrealidad” tal que es fácil poner en duda su consistencia o sinceridad.

De alguna forma el libro podría tomarse también como un “taller literario” en el que se sugieren numerosas lecturas, y se interpreta la fuerza o los caminos de diferentes escritores de renombre como Vila-Matas o Amelie Nothom. De hecho la Literatura es el punto de unión, el leit-motiv, que preside estas doscientas páginas donde el personaje protagonista, insisto, una escritora, decide irse a vivir a una biblioteca donde tiene encuentros erótico-lectores con otros siniestros y sombreados personajes que se esconden en las paredes de esa biblioteca por las noches.

Por otra parte la nacionalidad y el castellano de la autora (Apablaza es chilena) marcan formas de expresión, mitos o símbolos nacionales e incluso formas de pensamiento. El psicoanálisis está muy presente también y no sólo por las menciones de Freud o Jung sino también por las frecuentes llamadas a esa niña que la escritora fue, la niña de los sapos. ¿Será por proximidad a Argentina este peso del psicoanálisis en la obra? ¿O quizá sea una característica geográfica compartida por las latitudes y las altitudes?

Difícil saberlo.

En cualquier caso la arriesgada apuesta de Claudia Apablaza cuenta con los méritos de haber escrito un libro-blog que parece real, donde las entradas y los posts son, en su extrañeza, auténticos, parecen en verdad extraídos de un pre-existente blog; y la estructura que, aunque difumine la historia, mantiene la “novela” de forma audaz y posmoderna (en caso de que el adjetivo signifique algo), explorando nuevas formas de expresión que terminan con un final llamado Personas todavía más complicado de interpretar, y aparentemente y hasta cierto punto desligado de todo lo anterior, donde la protagonista deja atrás su interés por la Literatura y se centra en la vida, en la experiencia vital, aunque descrita de una forma obscura, subjetiva, casi poética y de referencias cada vez más personales en cuya simbología resulta un reto bucear.

19 mayo 2010

Leer, ganar influencias





Libro de Notas
Pablo Muñoz
19/05/2010




En el magnífico estudio dedicado a Enrique Vila-Matas de la revista Quimera (295, Junio de 2008), *Sergio Chejfec describe su primer contacto con la obra del autor cuando “no era época de computadoras, ni procesadores de textos”. Piensa en la Historia abreviada de la literatura portátil como un “libro raro, breve y propalante, parecido a un manifiesto, o más bien un compendio, de vanguardia” y lo reseña positivamente en un periódico. Su reseña aparece íntegra, pero firmada por otro. Chejfec describe este momento como el evento Vila-Matas.

Editado originalmente en 2008 por Lanzallamas en su Chile natal y en la Editorial Jus en México, este Diario de las Especies es, hasta ahora, la obra más interesante de la escritora chilena Claudia Apablaza. Dos son las figuras de la ansiedad de la influencia de la autora: Enrique Vila-Matas y Roberto Bolaño. O, siendo rigurosos, Bartleby y Compañía y Los detectives salvajes. El libro tiene la estructura de un weblog y sus comentarios, una conversación que va en aumento. También incluye un texto final llamado “Personas”, un axfisiante tour de force en clave alegórica.

Las entradas de blog y los comentarios van en aumento, así como la popularidad de su autora, A.A.. Al inicio de la novela, 78 visualizaciones de perfil y 26 comentarios, que irán variando, generalmente habrá menos en cada post respetando así la habitual irregularidad en los blogs, y terminarán en 714 visualizazciones de perfil y 36 comentarios. Todos sus posts son reflexiones sobre escribir una novela; son, según el título que le da la autora, la Búsqueda de una Novela. De A.A. se filtran pocos detalles de su vida sentimental. Lo que sabemos de sus relaciones sentimentales es poco, queda reducido a una anécdota breve:

Puede ser que ese beso no sea más que una delicada y atractiva costumbre japonesa. Es lindo besar a los japoneses. Lo hice una vez y después de besarnos en las Ramblas y en su cama, él me quedó mirando toda la noche. No pudo dormir. Yo despertaba y lo veía. Despertaba y me volvía a besar. No apagó la música en toda la noche. Soñé las siguientes noches con un departamento en Tokio. Con su casa. Con su casa solar. Cuando nos conectamos, hablamos en inglés.

Se enfatiza su lado transnacional, su obsesión (vilamatiana) por perderse. La deuda es explícita: la segunda entrada de A.A. es “Plagio a Vila-Matas”, una crónica que incluye una carta que manda al autor barcelonés, adjutando en ella su primer libro de relatos, Profana. Es entonces cuando las similitudes entre la narradora y la autora quedan definitivamente confirmadas: ambas están formadas en Psicología, han llegado a Barcelona y acaban de publicar un libro de relatos (en el caso de Apablaza, uno llamado Autoformato). A través de esa estructura, Apablaza, digamos, soluciona su influencia Vilamatiana. Es evidente que fuerza uno de los eventos VilaMatas en concepto y al invocarlo, pero que la idea, la inseguridad de escribir una novela y la conversación que se genera a partir de estas reflexiones (a veces más vagas, otras brillantes como en la conexión del tiempo de la novela y el concepto del cronotopo de Bajtín de la página 94) ha logrado una competente respuesta a la estructura maestra de la inmensa Bartleby y Compañía.

La relación con el mundo (real) blogosférico es tímida, pero sobresalen dos referencias a dos bitácoras relativamente conocidas. Un comentarista asegura sentirse muy identificado con el blog de Lluís Foix. Otro que ama el blog de Luna. El resto son voces dialogando, a veces interrumpiéndose, con una graciosa incorporación de los trolls.

Estas voces actúan como respuesta evidente a las que conviven en Los detectives salvajes. Tienen sus propios ideales literarios, pero Apablaza carece de la asombrosa inventiva verbal de Bolaño, por lo que todos sus comentarios se leen antes como actitudes que como una conversación genuina. Sin embargo, este defecto está compensado por la ingeniosa estructura del libro y por su cierre, una alegoría desconcertante que parece lejos del abismo vila-matiano del Silencio o del bloqueo al que parecía cercano en principio. Con su texto final, Apablaza da un giro al relato: todo se dirige hacia la idea del viaje o de la pérdida, pero no del creador en sus mares ficticios, sino del sujeto en el marasmo. Tal vez de la red. Posiblemente del mundo.

16 mayo 2010

Claudia Apablaza irrumpe en España con la novela Diario de las especies publicada por Barataria.

La Biblioteca Imaginaria
Luis Vea García
16/05/2010



Conversando en diferido con CLAUDIA APABLAZA
16/05/2010 21:50:02

Claudia Apablaza irrumpe en España con la novela Diario de las especies publicada por Barataria.


En mi reseña hago hincapié en que Diario de las especies es un libro extraño porque en él podemos encontrar un cuadro de la locura en que vivimos. Me interesa mucho ese intercambio de opiniones que se da entre la protagonista y los que leen su blog y, sobretodo, la deriva que llevan las conversaciones de un lado a otro. Supongo que es un efecto pretendido, buscado. ¿Querías con ello llevar al lector a algún punto?


Supongo que todos los escritores quieren llevar al lector a algún punto. Ahora bien, nunca me he detenido a pensar en qué punto es ese que un escritor quiere llevar al lector, pero tal vez, en este caso, creo que quería llevar al lector a reflexionar acerca de temas como la inmigración, la infancia, la creación, sudamérica v/s Estados Unidos, sudamérica v/s Europa, la dificultad del viaje, la creación, la escritura, la desaparición, el miedo a la maternidad, el desarraigo, etc.


Diario de las especies es un libro que habla mucho de literatura, es un libro a mí modo de ver no apto para todos los paladares. Exige un poco de conocimiento literario. Incluso uno de los personajes, comentarista de los post, acusa a la autora de ser una escritora burguesa. ¿Eres tú también una escritora burguesa?


Creo que es un libro apto para todos los paladares si pensamos en la respuesta que di a la pregunta pasada y los temas que se tocan en el texto. No es un libro que se reflexione sobre autores. Si sabes de literatura tal vez le des una segunda lectura, pero creo que eso no es lo central.


En cuanto a la segunda pregunta, creo que los burgueses ya no existen.


¿Piensas que el modo de narrar tan fragmentado te inscribe en la tendencia de la llamada Generación Nocilla?


La Generación Nocilla es mucho más que la fragmentación de un texto.


En tu libro hablas mucho de la literatura europea, pero también de la literatura sudamericana y de la literatura chilena. Muchos de sus nombres al lector no le suenan. ¿No es un hándicap?


No sabría responder esta pregunta. Pero, supongo que no lo es. O tal vez, creo que depende de quién lo lea.



© Ernesto Escobar Ulloa


En el libro hay mucho de caos, de itinerarios personales sin rumbo y la bitácora sirve en cierto modo de brújula. ¿Estamos tan desorientados como lo están tus personajes?


No sé si lo estemos en plural. Podría hablar por mí y creo que no me siento nada desorientada hoy. Al contrario. He tenido un día maravilloso. De mi casa al metro, del metro al trabajo. Del trabajo a la red. De la red a hablar con amigos, navegar, postear, trabajar, escuchar música, leer. Luego regreso a casa. Responder esta entrevista. Cerrar el ordenador. Leer.


Volviendo a la forma de la novela. Da la impresión de que tu historia no se hubiera podido contar de otro modo, pero ¿piensas que esta tendencia a la fragmentación acabará calando como método creativo o será simplemente una tendencia que dejará de existir?


No es una tendencia de hoy. En toda la historia de la literatura y de la humanidad, incluso en la oralidad, hay personas que se expresan mejor de forma fragmentada y otras de forma lineal.




Una curiosidad del libro es que todos los mensajes de la protagonista principal están escritos los sábados. ¿Pretendías reflejar también lo fragmentario de nuestras vidas y de nuestro tiempo libre?


La verdad es que eres la segunda persona que se da cuenta de ese detalle. La primera fue Lorena Amaro, una crítica literaria chilena que admiro mucho. Creo que ni siquiera yo me había dado cuenta, Lorena me lo hizo ver. Ahora bien, el postear no tiene nada que ver con mi tiempo libre. Mejor dicho, no sé bien a qué se refieren cuando dicen tiempo libre, ya que siempre considero que estoy laburando.


La forma de construir la novela también presupone una crítica a la construcción tradicional. ¿Crees que la novela en su formato tradicional ha perdido vigencia?


No para nada. Volviendo a la pregunta anterior, creo que hay escritores que se comunican de una forma más fragmentaria y otros de una forma más lineal. Además que a la mayoría de los lectores les interesa leer textos lineales.


En el desarrollo de la novela, exceptuando el personaje principal AA, el resto de personajes quedan un poco envueltos en una maraña donde sus caracteres naufragan. ¿Casi como reflejo de la sociedad actual?


Tal vez reflejo de todas las comunidades, las sociedades, los colectivos, los grupos humanos; de cualquier tiempo, no necesariamente actual.


Claudia, ¿qué nos espera próximamente tras este Diario de las especies?


Publicaré este año, en Chile y Perú, una nueva novela: EME/A.


Muchas gracias, Claudia, por tu tiempo. Esperamos seguirte leyendo.


Luís Vea García

DIARIO DE LAS ESPECIES. Claudia Apablaza
16/05/2010 21:46:18

Título: Diario de las especies


Autora: Claudia Apablaza


Editorial: Barataria


Págs: 176


Precio: 13,50 €



Diario de las especies, el libro de Claudia Apablaza(1978), chilena momentáneamente afincada en Barcelona, es un libro singular. Singular por su planteamiento metaliterario que traspasa el argumento. Es un artefacto narrativo que no sé hasta que punto podemos denominar novela, pues desmenuza y deconstruye el concepto tradicional de novela. Apablaza crea una forma de organizar el material narrativo a semejanza de los blogs en donde expone un tema, como un post, y deja que los lectores le vayan respondiendo. Es evidentemente una novela deslavazada porque pretendidamente Claudia Apablaza utiliza los mecanismos reales de los blogs en los que se pasa de una conversación a otra sin ton ni son. Refleja una tendencia actual del mundo, no ya del mundo literario, que también, pero básicamente del mundo de la comunicación por internet. Así los sucesivos posts van planteando materias que tienen que ver con la creación de una novela: los personajes, los tiempos, el final, hasta el propio proceso de publicación. También en cada uno de los capítulos hay numerosas reflexiones sobre algunos libros. El personaje central de la novela es casualmente una chica chilena que viene a España a escribir una novela influenciado por la figura de Enrique Vila-Matas. Así se convierte en el alter ego de la autora de la que toma algunos rasgos biográficos. Inicia una suerte de peregrinaje entre autores con especial hincapié en Vila-Matas y en la belga Amelie Nothomb. Casi completa de un modo quizá precipitado, saltando de autor en autor algo como un improvisado Curso de Literatura Europea, que sin ser el de Nabokov, si nos da pistas de aquellas materias y autores que interesan al personaje central que viene firmando todos sus escritos como A.A. Al mismo tiempo va pasando alternativamente del escenario europeo al chileno y sudamericano, trazando paralelismos, símiles y pasarelas.


Desde el punto de vista puramente formal la apuesta de Apablaza es una apuesta arriesgada que deberíamos inscribir en la tendencia a narrar fragmentariamente. Algo que debe ser como en su momento fue el descubrimiento de la fotografía que obligó a los artistas a pasar de un arte figurativo a otro abstracto. Tendencia que aquí en España nos ha dado experimentos como Nocilla dream y el resto de la trilogía de Agustín Fernández Mallo. También Vicente Luis Mora ha circunscrito algunos de sus trabajos a esta visión fragmentaria.


Jordi Corominas compara Diario de las especies con un cuaderno de navegación, de hecho en tanto que blog es algo así como una bitácora con una doble vertiente. Por un lado vital y por el otro literaria. Ambas se funden en el texto que salta de una situación a otra. Algunos lectores pueden verse apabullados por tantas conversaciones abiertas, por tantas palabras y personajes, sobretodo aquellos que no están acostumbrados a los blogs y a las redes sociales.


Quizá la parte final se convierte en un cuadro más abstracto todavía. De lo que no hay discusión es que la autora chilena maneja con soltura los conceptos creativos y el conocimiento de los grandes autores de la literatura. Quizá para algunos lectores no avezados a la literatura chilena algunos nombres se le escapen. Pero, lo importante es avanzar por esa derrota que nos propone Claudia Apablaza, una forma de escribir y describir el mundo diferente, menos lineal, con muchas lecturas. Quizá sea la única forma de poder entender las múltiples vertientes que tiene hoy en día nuestro mundo. No olvidemos al fin y al cabo que la literatura también es una forma de reflejar el mundo.


Seguiremos los futuros proyectos de esta joven autora chilena.


Luís Vea García


02 mayo 2010

Condenados a escribir



El Mercurio
Santiago de Chile

Ignacio Echeverría

02/05/2010



Para una nueva promoción de escritores o de aspirantes a serlo, Bolaño tiene la virtud de investir la vocación literaria de una especie de romanticismo.


Una cadena de recomendaciones impulsada desde la blogósfera (pues no sé en Chile, pero en España la antorcha del entusiasmo literario la mantienen encendida los proliferantes blogs de jóvenes letraheridos) hizo que llegara a mis manos la novela Diario de las especies , de la joven escritora chilena Claudia Apablaza (1978). La novela acaba de ser publicada en España por la editorial Barataria, apenas dos años después de haber sido editada en Chile (Lanzallamas) y en México (Jus). No está de más advertir que la autora trabaja en la misma editorial Barataria, una de las más veteranas y consolidadas dentro de la cada vez más nutrida galaxia de pequeñas editoriales que, de un tiempo a esta parte, parecen estar surgiendo en España como setas y que constituyen uno de lo fenómenos más notables de estos tiempos tan agoreros para el mundo del libro.

Diario de las especies mimetiza la estructura de un blog, con su correspondiente foro de comentaristas, para plantear una reflexión coral sobre "la búsqueda de las formas de escribir una novela" y sobre los deslizamientos entre esa búsqueda y la de la propia biografía. Para plantear, también, la perplejidad y las contradicciones de quienes en la actualidad se asoman al campo literario con propósito no tanto de intervenir como de introducirse y participar en él.

Autorreferencialidad, metaliteratura, bibliomanía, mitofilia, wikipedismo... Tales son algunos de los rasgos que la novela de Apablaza comparte con otras escritas también por jóvenes más o menos treintañeros, que se sirven de su familiaridad con los nuevos soportes y tecnologías para ensayar a partir de allí propuestas narrativas que sin embargo sucumben, toda vez que les cabe hacerlo, a la atracción fatal del formato convencional del libro, a las redes editoriales, a las plantillas genéricas, a las retóricas preestablecidas.

Para esta nueva promoción de escritores o de aspirantes a serlo, Bolaño tiene la virtud de investir la vocación literaria de una especie de romanticismo, en la acepción más recalcitrante del término. Ofrece, por otro lado, el ejemplo real de un milagro mil veces soñado por todos: el tránsito casi súbito desde el lumpen literario a la gloria internacional. Y sugiere, además, una cierta visión de la literatura como hermandad de iniciados o de conspiradores, de rastreadores de autores secretos o escondidos.

Pero el modelo de escritura a seguir lo constituye Vila-Matas, "héroe de la metaliteratura", según se lo ve nombrado en más de un blog, y personaje cada vez más recurrente en muchas novelas que lo utilizan casi como santo y seña a partir del cual establecer sobrentendidos y complicidades, siempre con miras a identificarse como lectores especulares; es decir, como lectores que se observan a sí mismos leyendo y que derivan de esta contemplación un placer de naturaleza narcisista antes que lúdica.

En un libro publicado en Francia el año pasado pero recientemente aparecido en castellano, Nadie acabará con los libros (Lumen), dice Umberto Eco, en conversación con Juan-Claude Carrière, que "con internet hemos vuelto a la era alfabética". Y añade: "Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la Galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer".

Cabe derivar de esta observación, por lo demás muy palmaria, una explicación del renovado prestigio de la figura del lector y de su creciente fetichización. Y cabe derivar, a su vez, una explicación de la fascinación que, en lógica correspondencia, ejerce la figura del escritor. Pues, tanto como a leer, internet obliga a escribir, y del hábito de hacerlo se desprende espontáneamente el placer de hacerlo; un placer ligado, por lo demás, al de ser leído, experiencia esta última que antaño, con la escritura epistolar, se limitaba a un número muy restringido de interlocutores, pero que internet permite que se multiplique, potenciando la labilidad entre escritura privada y escritura pública, y propiciando de este modo la fantasía de instituirse uno mismo en escritor público.

Tiene interés considerar si la ya mencionada proliferación -al menos en España- de pequeñas editoriales no constituye, en definitiva, y puestos a cerrar el círculo, una consecuencia lógica de la necesidad, por parte de los propios interesados, de dar curso a dicha fantasía, generando los cauces para hacerla realidad. El abarrotado mapa de microeditoriales sustentadas en su mayor parte en la autoexplotación de sus impulsores, habla de un intento de emancipación, por parte de los nuevos lectores y de los nuevos escritores, de las servidumbres de paso que impone la industria editorial (un asunto que trata también la novela de Apablaza). Pero conviene no equivocarse en la interpretación de este dato: lo que subyace a este movimiento de emancipación no es, en la mayoría de los casos, una verdadera propuesta de alteridad, sino más bien la búsqueda de un atajo mediante el cual llegar antes adonde se aspira a figurar: el viejo sistema de las letras, en el que, vaya por dónde, unos y otros buscan brillar y ser canonizados.


14 abril 2010

"Diario de las especies": la cara B del fenómeno literario








Ibrahim B.
martes 13/04/2010



Anónimo dice...

16:21 PM

(Hay demasiados individuos en vuestras vidas que preferirían ser presidentes de la General Motors a quemar la gasolinera de la esquina. Sólo que como no pueden conseguir una cosa, van a por la otra. Ch. Bukowski.)

(Claudia Apablaza, Diario de las especies)

Diario de las especies, de la escritora chilena Claudia Apablaza, puede resumirse en la fórmula, más que manida, de literatura para lectores. No obstante, como ya advirtiéramos a propósito de Las teorías salvajes y su relación con el subgénero de la novela de campus y la búsqueda del autor olvidado en el tiempo (al estilo del Evaristo Carriego borgeano), existe un efecto extraño en cualquier lector exigente ante un libro como éste, que no busca la originalidad narrativa y permanece asido al mito de la literatura: simplemente, seduce. Diario de las especies es un divertimento para la tribu de bibliófilos que puebla el espacio digital. Precisamente, el texto de Apablaza se articula en torno a una lectora voraz recién aterrizada en Barcelona, que abre un blog para abundar en su interés por «la búsqueda de las formas de escribir una novela». Diario de las especies se convierte entonces en un retablo que retrata la jerarquización de roles patente en la blogosfera y en el sistema literario.

La bitácora de la narradora actúa como un tótem mediante el cual relacionar a otros autores/ lectores anónimos con cierta actitud de fans con los ídolos de la escritura actual y el canon de la narrativa del siglo XX: no es casual, pues, la mitomanía hacia Vila-Matas, héroe de la metaliteratura, así como el hecho de que la narradora intercambie correos con aquél. Más allá de los nutritivas tertulias literarias, lo interesante de Diario de las especies es la inmersión, a partir de los comentaristas del blog, en el lado oscuro del fenómeno literario, ese vía crucis místico y trágicamente vocacional por el que todo escritor ha de transitar hasta la consecución del capital simbólico (y económico) codiciado. Piénsese en el testimonio de Personajefrustrado (pág. 43): «Lamentablemente, a mí aún no me aprueban libros en las editoriales. Llevo récord de rechazo con mis amigos. Tengo treinta y cinco años y estoy con dos novelas bajo el brazo».

Siendo más concretos, Diario de las especies entronca con la polémica idea de las ligas literarias, la carrera del escritor como mito de Sísifo, la insatisfacción perpetua, la apreciación de que décadas de escritura no producen ningún rédito, la apreciación de no poder abandonar la segunda división o la liga regional, etcétera. Y de ahí que los lectores del blog muestren interés por milagros como el de Roberto Bolaño, cuya historia es por todos conocida, Raúl Zurita, quien «publica en editoriales de bajo tiraje, apoya a poetas jóvenes», o Hemingway, «quien en París era una fiesta narra la ayuda que le prestó Gertrude Stein para insertarse en la bohemia parisina de esos tiempos»; en definitiva, espejos curvos en los que reconocerse. El libro de Apablaza nace con determinación realista: la red, al alcance de todos, como foco inexcusable de debates en torno a la narrativa, y al mismo tiempo desmiente la literatura como tabula rasa; la equipara a cualquier maquinaria cruel de nuestro tiempo y exhibe al anónimo como el límite del drama: aquél con riesgo de pegarse fuego a lo bonzo en la gasolinera de la General Motors.

27 marzo 2010

Obsesiones, experimentos y buenas noticias: “Diario de las especies”, de Claudia Apablaza







Revista de Letras

Jordi Corominas i Julián

26/03/2010



Entre los veinte y los treinta años el humano del espécimen narratorus in crecimiento vive una segunda infancia repleta de curiosidad. Aunque nada sea nuevo todo lo es y algunos nombres que salen en las portadas de los libros generan obsesión, una enfermedad que el tiempo cura una vez el estilo se afirma y el aprendizaje prosigue bajo otras coordenadas fruto de asentar ideas y consolidar convicciones.
Claudia Apablaza (Rancagua, Chile, 1978) desborda pasión por la literatura. Tal es su enamoramiento con nuestro arte que confiesa dificultades para desengancharse, para no pensar en otra cosa. Su última novela publicada, que verá la luz a principios de 2010, es una prueba fehaciente de su adicción. El tribunal que juzgará su forma y contenido la absuelve de cualquier pecado y le da la bienvenida a bordo.
¿Les suena la expresión cuaderno de bitácora? En mi modesta opinión Diario de las especies se asemeja a esos diarios de navegación de los marineros. La embarcación circula por una supuesta red de redes donde la autora de un blog plantea varias problemáticas relacionadas con la novela, temas que trazan un perfil autobiográfico de infinitas voces mediante la inclusión de los comentarios de los visitantes del espacio virtual, que pierde esa condición al estar impreso en papel, transformándose en mero artefacto, forma de formas en el eterno camino hacia reconvertir la novela, género con un diccionario donde no existe definición de límite.
Una traba que todo narrador tiene que franquear es la de la evolución a partir del trabajo. Cuando somos jóvenes queremos comernos el mundo hasta que nos damos cuenta de las barreras que implica la edad. Escribimos relatos para progresar y poder avanzar hacia estructuras más complejas. En este sentido la primera novela de Claudia Apablaza podría definirse como un intrincado Bildungsroman que desde una teórica quete de teselas novelísticas intenta encontrar una vía que permita crecer desde el exorcismo de filias y fobias. La sinceridad de la autora es indudable y se desnuda desde la duda organizada con una voz central que abarca otras, como cuando conversamos con nosotros mismos y creemos en una certeza aún sin estar convencidos plenamente en torno a nuestra opinión. Esa sería la función oculta de los comentarios del blog, pensamientos plurales de un mismo cuerpo que desea alcanzar la unidad y sufre el dulce agobio de lo incierto.
Dos son las fuentes de obsesión. Quien escribe estas líneas devoró ambas, y por eso, y porque conoce a la autora, puede entender la extraña amalgama creada desde la indudable influencia de Enrique Vila-Matas y Amèlie Nothomb. Ahora que termina la primera década del siglo no se me caen los anillos si reconozco que el autor del Mal de Montano será recordado por mi generación como el nombre por excelencia que modeló nuestro gusto. Todos hemos pasado una etapa absortos en el hombre de la Travessera del Mal y su prosa metaliteraria de humor, requiebro y reflexión. También, aunque en este caso era más una cuestión de velocidad lectora, me sentí cautivado por las novelas teatrales de Amèlie Nothomb, la chica que nunca falta a su cita anual para ganar lectores e ingresar buenos dividendos. La belga impacta, provoca deseo de nuevas lecturas, se repite y se agota. Su aceleración vertiginosa y sus planteamientos posmodernos de quita y pon son olvidables. No creo que el futuro le depare ningún puesto de honor. Su mérito radica en haber apostado desde un ego incurable por supuestas formas novedosas de tono cansino que después de varias lecturas se instalan en lo previsible. Apablaza mezcla ambos autores, algo que la honra por la dualidad unitaria de su prosa, y no se confunde, sigue firme en su recorrido y consigue hilar ideas con personalidad propia porque su magma, por mucho que beba de fuentes conocidas, tiene la solidez de quien tira los dados y no se arrepiente del riesgo asumido. Pasan las páginas y las letras tienen un no sé que familiar diferente por pensamientos, sentido del humor que posibilita lo fragmentario y atrevimiento de una obra desprovista de tensión, porque tampoco quiere tenerla, pero con pequeñas confesiones que le dan su justo valor, como cuando la autora menciona residir en Barcelona por Pasavento y el recuerdo de una frase paterna que mostraba la ciudad condal como una gran biblioteca. Lo es sin serlo, acoge, destruye y crea mitos que se esfuman desde la necesidad del presente.
El eterno desfilar de nombres por la trama carente de trama es otro indicio del proceso formativo de la autora, devoradora innata con una prodigiosa biblioteca mental que aprovecha para lograr su objetivo y divertirse con sufrimiento por la multiplicidad de caracteres que aparecen entre los comentaristas del falso blog.
La parte final de la novela es un no monólogo interior con ribetes de Oulipo y delirio cósmico de confusión lógica. Apablaza apuntala las últimas páginas con soltura conceptual, quizá ese sea el único problema de Diario de las especies, una sensación de teoría para aplicar en sentido práctico, ausencia de frescura en el ritmo que se subsanará con la experiencia y el soltar, valga la redundancia, amarras para que las aguas no aprieten y sean un placer. En su mano y en su cerebro está conseguirlo, ha superado una segunda prueba, después de su libro de relatos Autoformato, con nota y sólo le queda aprobar la asignatura de sentirse libre para que su armazón flote y fluya. Las crías van a nacer

Diario de las especies, de Apablaza







Diario de Lecturas

Vicente Luis Mora

21 de agosto de 2009


El personaje A.A., que parece próximo a Claudia Apablaza (Chile, 1978), la autora de este libro, confiesa en la página 119: “Tampoco esto es un espacio terapéutico, pero se cruzan las variables: vida, literatura, ficción, realidad, biografía. Me duele no distinguir las fronteras”. En efecto, Diario de las especies es un libro metaliterario, y dentro de las múltiples posibilidades de metaliteratura se adscribe a una corriente actual que tiene como referente claro a Enrique Vila-Matas, que aparece como personaje en la novela. De hecho, se está creando un nuevo género o subgénero narrativo que podríamos denominar “libros en que un joven escritor viaja a Barcelona y conoce a Enrique Vila-Matas”, en el que podemos agrupar Diario de las especies de Apablaza, El ángel literario de Eduardo Halfon, Kazbek de Leonardo Valencia, y próximamente Nocilla Lab de Agustín Fernández Mallo (creo que el escritor catalán también aparece en algún libro de Manguel, en Pacífico de Garriga Vela y en la próxima novela de Paul Auster). Hay que reconocerle a Vila-Matas ese papel de faro de nuevos narradores, que a diferencia de otros escritores no se limita sólo a las típicas citas de homenaje, sino que alcanza a su inclusión como personaje de ficción en sus tramas (algo muy vila-matiano, como es sabido). Todo esto implica que algún día alguien deberá estudiar la gran influencia que Vila-Matas y Roberto Bolaño –otra referencia de Diario de las especies y de otros muchos narradores– están teniendo en toda una generación de escritores españoles y latinoamericanos.

Yo diría que Diario de las especies es una especie de “antilibro” (en el sentido dado por Novalis al término) de Bartleby y compañía, de Vila-Matas. Si este último es un ahondamiento en la experiencia de los escritores que no escriben, que dejan de escribir, el libro de Apablaza habla de los escritores que escriben o intentan escribir: de sus dudas, de su concepto de tiempo, de sus experiencias, de su inicio en la escritura, de cómo encuentran editorial (pp. 105 y siguientes, las que más recuerdan al libro de Vila-Matas). Sin embargo, formalmente, hay notables diferencias, puesto que Diario de las especies está construido como un blog. Sin pertenecer al género de las blogonovelas creado por Hernán Casciari ni al de las excelentes blogsívelas desarrolladas por Cristina Rivera Garza, Apablaza crea una novela blog que tampoco admite parecidos con las que publica la peruana Claudia Ulloa (véase su sugestiva Séptima madrugada; Estruendomudo, Lima, 2007), ya que la de Apablaza es coral, como luego veremos. Como vemos, la experimentación literaria con el blog –hablo de una experimentación de cierto nivel, no de uso– es hoy predominantemente lationamericana.

En la primera parte del libro, significativamente llamada “Búsqueda de una novela”, Apablaza no sólo hace una novela blog, sino que reflexiona teórica y prácticamente sobre la misma. Así, apunta que “Las novelas en los blogs no tienen fecha exacta de finalización, a menos que el blog se suprima” (p. 86), aunque sobre todo es interesante su planteamiento de construcción de un blog total, con la interactividad de los lectores también ficcionalizada. Esta idea de retratar numerosos comentaristas anónimos inventados es feraz; permite a la autora zambullirse en infinitas posibilidades identitarias, disolviéndose en ellas. ¿Disolviéndose? Bueno, quizá exista aquí un problema. Intento decir que en Diario de las especies la escritura de muchas de esas identidades ficticias no se distancia demasiado de la propia de la narradora. Cuando uno sólo tiene las palabras de alguien para reconstruir su psique, para encontrar al personaje que hay detrás, debe hacer un sobreesfuerzo para hacer creíble y tangible la personalidad. El único recurso que hay es el propio texto, y siendo –como cualquier texto es– un rastro subjetivo, una marca psíquica, el objetivo de todo escritor de personajes es idéntico al del escritor de heterónimos; debe crear la ilusión de algo real, la apariencia verosímil de una identidad otra. En los numerosos anónimos cuyos comentarios se reproducen, sólo aquellos conocidos en el mundo digital como “trols” (en este blog hemos tenido unos cuantos) están bien reproducidos, y también se sostienen algunos comentaristas asiduos, como Mexicanita. Pero la mayoría escriben como Apablaza, utilizando el mismo tipo de frase corta, que pasa de unos a otros asuntos de súbito. Veamos un ejemplo: la narradora escribe: “La novela enciclopédica aparece en la edad media (…) Uno de los mejores ejemplos es Dante. La verticalidad comprime la horizontalidad. No hay un hacia delante. El tiempo se detiene. Es atemporal” (p. 84). Y un poco más adelante, el comentarista JacRRRR responde: “Ya. Recapitulo. Las novelas se escriben solas. Es como una extensión de la vida. No hay salida si eres escritor. Es una tercera mano. O tienes tercera mano o no tienes” (p. 89). Lo que dicen es diferente, pero la respiración de los párrafos, su ritmo frasal, es exactamente el mismo. Hay, a mi juicio, demasiada homogeneidad en los caracteres descritos, porque hay demasiado parecido entre los textos. No obstante, debe reconocerse a la autora el decidido y esforzado intento de crear voces en la novela, la voluntad de abrirla y de abrirse a la otredad, que al final es o debería ser el objetivo de toda narrativa digna del nombre, incluso cuando se habla de uno mismo, pues también hay otredades interiores.

La segunda parte de la novela, “Persona”, es un sugestivo experimento de metamorfosis que parece influenciado –aventuro– por Clarice Lispector y Diamela Eltit. En él desaparece la metaliteratura y aparece la persona, alguien que sufre una metamorfosis por la cual ya no quiere ser escritora (p. 151), porque “ser persona es dejar de ser libro, de ser cita” (p. 141). Es un texto extraño, metafórico, plagado de alegorías animales, de especies, que no sé si interpretar como la expresión de un proceso metanoico por el que quien busca una novela sale transformado de la experiencia, lo consiga o no. En realidad, quizá no sea necesaria una explicación, porque estas últimas quince páginas son excelentes y se defienden por sí solas. Quizá A.A. no consigue una novela, pero desde luego Apablaza sí.

Con algunos defectos, pero con muchas cosas destacables, Diario de las especies, si mi información es correcta, será reeditada en España en 2010. Si ustedes me leen desde España, creo que harán bien en comprar la novela y enfrentarse a un texto singular, inteligente, formalmente atrevido y enamorado de la literatura, que nos invita a seguirle la pista al nombre de Claudia Apablaza. Si ustedes me leen desde México o desde Chile, probablemente ya lo estén haciendo.