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16 mayo 2011

"Los sentimientos permanecen siempre"

DEIA
J. Pérez
16/05/2011




En su primera incursión en la novela, Leonor Paqué (Bilbao, 1963) describe a una mujer que "no luchaba". Una mujer de nada muestra que el paso de los años no cambia los sentimientos ni las emociones.

¿Contenta con su primera novela?

Sí, sobre todo, cuando una mujer de otra época, de otro sitio geográfico me dice: has escrito mi historia.

¿Por qué le dicen eso?

La novela cuenta la historia de los sentimientos y la forma de relacionarnos entre nosotras, con los varones y con la vida. Eso es un universal. Son sentimientos que aunque las circunstancias vayan cambiando hay cosas que permanecen siempre.

'Una mujer de nada', ¿tiene algo más que sentimientos?

Está enmarcada en el mayor asentamiento humano en cuevas de España. Hay 3.000 personas viviendo en 1.000 cuevas. Vivían así en los años 60. Intenta explicar por qué esas personas se iban a ciudades como Bilbao. Esta novela explica la inmigración de África a España, era lo mismo del sur al norte. Es un viaje económico y de libertad de las mujeres. La sociedad del norte era muchísimo más libre.

¿Cómo definiría a María, la protagonista?

María era una mujer que no luchaba. Aceptaba ser una buena mujer, una buena persona. La única libertad que se permite es elegir a un hombre que no gusta a los demás y se confunde. Cuando vive toda una vida en la que le ocurre de todo, decide que quiere una nueva y necesita un cambio geográfico para romper con su pasado. Entonces busca una nueva vida en el norte.

¿Hay tintes autobiográficos?

Sí. La novela está compuesta por todas las historias que he escuchado en mi infancia. Nací en Bilbao y vivíamos con tren, con barcos, había Corte Inglés,... Cuando me llevaban al sur para las vacaciones, los caminos eran de tierra, la cuadra estaba en el baño, había burros, velas para dormir... Cuando me fui a Madrid, buscaba quién soy como mujer, como persona, buscaba una identidad.

10 mayo 2011

La mujer en el mundo rural

Bilbao
La Pérgola
Alex Oviedo
10/05/2011


La primera novela de la periodista Leonor Paqué, Una mujer de nada (Barataria) habla de Andalucía, porque la autora, nacida en Bilbao, pasó gran parte de su asolescencia en el sur. «En los años 90 tuve que irme a Madrid. Fue muy duro; así que empecé a escribir como una forma de evasión, tomando como base las historia que me contaba mi abuela». Era, ademñas, una manera de buscar su identidad, y de entender su relación con los hombres. Y para ello nada mejor que novelar a aquellas mujeres que durante la Guerra Civil se encargaron de dar de comer a la familia, cuidar de sus hijos y esperar a que regresara el marido. Una vida muy dura propia del campo «con un componente de realismo mágico», aclara la autora.
- ¿Por qué mujeres de nada?
- Me llamaba la atención que cuando le preguntabas a una abuela qué había hecho en la vida ella te contestara que «nada». Había vivido una guerra, había tenido ocho hijos, había sido violada, y pese a todas esas cosas que le habían pasado, ella seguía diciendo que no había hecho nada. No existe una mujer de nada. Sólo el hecho de darme la vida ya es mucho. Pero si eras pobre y analfabeta, qué eras realmente. No elegías ni siquiera tener hijos. Lo aguantaban todo y la única opción que les quedaba era la resignación.
- ¿En qué cree que ha cambiado la mujer desde entonces?
- En la independencia económica que nos ha permitido disfrutar de la vedadera emancipación. Aunque seguimos necesitando la aprobación del hombre, seguimos necesitando vernos reflejadas en ellos. Y por supuesto necesitamos su amor.
- ¿Cuál es el personaje de su novela con el que más se identifica?
- Quiero más a Antonio el viejo, que es el que parece haber aprendido mejor, que ama con locura a su hija, que es un hombre bueno. Y a las mujeres nos encantan los hombres buenos.
- Sorprendre que en su primera novela refleje un tema tan poco comercial como la vida en unas cuevas, una especie de viaje a lo primitivo.
- Cuántos de nosotros para descansar imaginamos una vida en el campo. Lo sorprendente es que una editorial haya apostado por una historia que no está de moda. Pero creo que en estos espacios diferentes, que son las cuevas, se desarrollan sentimientos de odio, desesperación, ansiedad... Hay gente que me dice: «esta es mi historia», porque en el fondo la novela refleja relaciones humanas que responden a lo que sentimos tú y yo.
- ¿En este paso del periodismo a la literatura, qué diferencias ha encontrado?
- Todo el tiempo estamos contando historias, queremos al hacer una foto o al escribir tres líneas respondernos a nosotros mismos, y ver a los demás, lograr que lo que mostramos refleje compasión o tristeza. Creo que escribir es una forma de no estar sola, de sentir. Y de convertirnos un poco en Dios.

27 febrero 2011

Mujeres, dignidad y pobreza

La Voz de Galicia
Héctor J. Porto
27/02/2011

La periodista y profesora Leonor Paqué vuelve su mirada en la novela Una mujer de nada hacia el tiempo cotidiano de los abuelos, los bisabuelos, no tan lejano pero que yace en el olvido porque la memoria personal, social y hasta literaria es interesada y no gusta de recordar los años de pobreza, la pobreza de solemnidad. Paqué da voz aquí a las mujeres, si cabe la esquina más oscura de la cueva de la pobreza. Son mujeres que (como María, la protagonista, llena de íntima dignidad) resistían, trabajaban abnegadas, en silencio, derrochando dedicación, amor, resignación
hacia su propia vida, que no expresaban sus anhelos y reivindicaciones; toda su aspiración consistía en velar por los demás. En fin, cosas que no conviene olvidar.

29 diciembre 2010

Libros para el año nuevo

El Escorpión
Alejandro Gándara
29/12/2010

Todos los fines y principios de año, qué vamos a contar, se llenan de grandes propósitos, pero los propósitos están hechos para tropezar. No se fije metas ni cimas, fíjese, en cambio, en todos esos objetos que le rodean, pequeños pero no inertes, y cómo extienden su aliento por la vida: Naiyer Masud, "Aroma de alcanfor" (Atalanta, traducción de Rocío Moriones Alonso).

Este año será un viaje, como todos, pero no olvide que todos los viajes se funden en uno, en ése que va en busca de lo irremediablemente perdido: W. G. Sebald, "Vértigo" (Anagrama, traducción de Carmen Gómez García).

Habrá momentos en que tendrá ganas de gritar. Bien, llévese a un túnel o debajo de un puente "La nave de los muertos", de B. Traven (Acantilado, traducción de Roberto Bravo de la Varga) y lea unas cuantas páginas a gritos, pues el libro mismo es ya un grito contra todo, contra tanta burocracia y gestión, tanto impedimento administrativo, tanta norma boba.

Y si no le van los gritos, enamórese por internet, pero sin desdeñar el estilo, la literatura, la gracia, pues un buen texto, independientemente de la vía utilizada, mejora mucho la pasión ya sentida o por sentir. Aprenda de Daniel Glattauer en "Contra el viento del norte" (Alfaguara, traducción de Macarena González).

Y no se deje engañar por las imágenes fantasiosas que saldrán a su paso, delirios de grandeza, visiones de sí mismo en altos de montaña o grandes pretensiones creadoras, que las imágenes crean conducta y luego no se distinguen de la vida, como bien ha explicado Félix de Azúa en "Autobiografía sin vida" (Anagrama).

Reconcíliese, aprovechando que aún no le ha pasado nada, con esa parte de usted que le avergüenza, con esa cobardía íntima que está en el fondo de todos nosotros, con esa mansedumbre a que nos obliga esta vida de empleados taciturnos con libertad de fin de semana, y lea de un tirón, cual exorcismo, "Mansos", de Roberto Enríquez (Caballo de Troya).

Mas si le alcanzara el horror, sepa que con el horror se puede y que hasta se le puede arrancar belleza, como hace Kim Thúy, repleta de penalidades, en "Ru" (Alfaguara, traducción de Manuel Serrat Crespo).

De todos modos, no hay horror sólo en las catástrofes y grandes matanzas: a veces lo tenemos aquí al lado, embozado de bienestar, de consumibles, de vida apacible, de mortales comunes, que es de lo que advierte Kjell Askildsen en sus "Cuentos" (Lengua de Trapo, traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo). Mire ese horror, de acuerdo, pero poco rato, como si pasara por la ventanilla del tren, economice ojos.

Puede que su vida le parezca escasa cosa, después de todo. Sin embargo, hay que informarle de que la más ingrávida y anodina es capaz de insuflar esperanza y aliento a cuantas la rodean, empujarlas más allá de donde hubieran llegado con su solo impulso, como les sucede a esas mujeres sin futuro que describe Leonor Paqué en "Una mujer de nada" (Barataria). Su poca cosa de vida es mucho para muchas, apréndalo.

Y si de todas formas necesita un gran empeño, una constatación de la fragilidad de sus fuerzas, un último intento en pos de lo inalcanzable, atrévase con el "Ulises" de James Joyce, en la clásica traducción de José María Valverde que acaba de reeditar Lumen.

Mejores consejos yo no se los puedo dar. Pero si no les gustan estos, tengo más.

23 diciembre 2010

Una mujer de nada - Leonor Paqué



Sinopsis: ¿De mujeres que no se rindieron habla esta novela que se enmarca en un tiempo y en un lugar que son comunes a muchos tiempos y a muchos lugares porque lo que los define es la clase social de sus protagonistas, mujeres analfabetas enfrentadas a un mundo que escasamente comprenden pero del que saben que sólo se sobrevive peleando. Y ellas pelearon, sacaron adelante a sus hijos, con hombre y sin hombre, cuidaron de pequeños y mayores y además perdieron una guerra de la que sólo les llegó más miseria.

Leonor Paqué nos ofrece en esta novela un espejo en el que se reflejan las caras y las vidas de gentes que, aunque parezcan lejanos no lo están, están aquí, con nosotros. No hace tantos años este país era así. Las cuevas no eran para turistas sino los únicos lugares en los que mucha gente se podía resguardar del frío o del calor. La rebusca en el campo era la única forma de alimentar a la familia. A la ropa se le daba la vuelta una y otra vez para que aguantara. Y la voz del macho era la ley. Mucho han cambiado las cosas, sí, afortunadamente, la nieta de María puede hoy, con esta excelente prosa, contar la historia de su abuela y con ella contar la historia de otras tantas abuelas de las que nadie contó nada.


Opinión de Selene: Es una historia que me ha sorprendido bastante, principalmente trata sobre María, aunque también se narra la vida de algunos vecinos o de los padres de ella.
Totalmente verídico, Leonor Paqué nos cuenta la historia de María, una historia que podría haber vivido cualquiera de nuestras abuelas en aquella época.

Desde el momento en que Antonio conoció a su primera mujer o a su segunda, las dificultades de mantener a una familia, todo es expresado con un lenguaje que encaja perfectamente en el ambiente.
A medida que vamos leyendo, comprobamos desde las primeras páginas que no se trata de una historia con un final feliz, es una historia real y por tanto, sabemos que las cosas no van a acabar bien y mucho menos con una guerra de por medio.
El sufrimiento de María sin saber si su marido acabara muerto en combate o intentando mantener a sus hijos quienes tienen hambre, nos abrirá una nueva perspectiva para poder ver cómo eran aquellos tiempos.
También se plasma las dificultades familiares, cuando una mujer se casaba por amor y su marido no era aceptado por la familia de ella, debía sufrir las consecuencias.

Y por último, una de las cosas más importantes del libro aparte de cómo acaban subsistiendo como pueden, es el tema de las infidelidades y como en aquella época las mujeres no podían hacer nada. La impotencia de María al saber que su marido estaba con otra todas las noches mientras ella intentaba ser la mujer perfecta, trayendo más hijos al mundo, manteniendo la casa limpia y encargándose de darles de comer.
Todo esto en la actualidad nos parece muy lejano pero pasaba, “Una mujer de nada” nos recuerda cómo eran las cosas antes.

20 diciembre 2010

Una mujer de nada - Leonor Paqué



¿De mujeres que no se rindieron habla esta novela que se enmarca en un tiempo y en un lugar que son comunes a muchos tiempos y a muchos lugares porque lo que los define es la clase social de sus protagonistas, mujeres analfabetas enfrentadas a un mundo que escasamente comprenden pero del que saben que sólo se sobrevive peleando. Y ellas pelearon, sacaron adelante a sus hijos, con hombre y sin hombre, cuidaron de pequeños y mayores y además perdieron una guerra de la que sólo les llegó más miseria. Leonor Paqué nos ofrece en esta novela un espejo en el que se reflejan las caras y las vidas de gentes que, aunque parezcan lejanos no lo están, están aquí, con nosotros. No hace tantos años este país era así. Las cuevas no eran para turistas sino los únicos lugares en los que mucha gente se podía resguardar del frío o del calor. La rebusca en el campo era la única forma de alimentar a la familia. A la ropa se le daba la vuelta una y otra vez para que aguantara. Y la voz del macho era la ley. Mucho han cambiado las cosas, sí, afortunadamente, la nieta de María puede hoy, con esta excelente prosa, contar la historia de su abuela y con ella contar la historia de otras tantas abuelas de las que nadie contó nada.

07 diciembre 2010

Una mujer de nada - Leonor Paqué


“Antes de percibir el golpe contra el suelo en su cadera ya tenía al hombre sobre ella, del que no podía distinguir los rasgos porque la sombra de las ramas del árbol la dejaban en la oscuridad total; y ya su respiración sibilante se agitaba en su oído mientras decía si gritas te mato, brillando la hoja de la navaja bajo sus ojos y convencida ella de que podría moverla con la fuerza de su aliento, los ojos comiéndose ahora su cara, espantados y rogando con ellos que lo que sucedía no fuera verdad, no podía ser cierto que aquél animal la estuviese estrujando como si se tratara de un limón para refrescarse la boca, como un odre al que le quedasen apenas unas gotas de vino, como una paño empapado para restañarse una herida”.

La periodista española Leonor Pagué nos trae su primer libro, un homenaje a las mujeres de la posguerra española, quienes debieran modificar su destino y estilo de vida para sobrevivir con sus vástagos a esa dura etapa de reconstrucción.

María es una mujer pueblerina que vive en las cuevas que poblaban las personas más pobres del pueblo de Levante. Su esposo debió marchara a la guerra, dejándola sola y en la indigencia. Mientras recuerda su historia, su ascendencia y su enamoramiento con José, esposo y soldado, a quien espera que regrese después de la guerra, María enfrentará retos insospechados para poder sobrevivir.

La historia de María, la abuela de Leonor, ejemplifica la situación de miles de mujeres que debieron luchar por ellas y sus hijos. En Una mujer de nada, Pagué utiliza el conflicto bélico como contexto, sin enfocarse en demasía en una historia ya de por sí bien documentada y conocida por la historia, para centrarse en el drama humano anónimo y más interesante que atacara la existencia de millones de personas, cada una con sus propias vivencias, pero que compartieron el hambre, el trabajo excesivo, las peleas entre vecinas, los celos, la muerte y la lucha por la sobrevivencia, convirtiendo este relato en una emocionante historia-crónica, salpicado de breve humor.

Una mujer de nada constituye un drama vivido prácticamente por toda una generación de españolas, que encontramos en las madres y abuelas de la Madre Patria; sin embargo, Pagué se eleva por encima de los recuerdos para darle a su historia un toque épico de una epopeya que remeció a un país entero.

Una mujer de nada - Leonor Paqué



¿De mujeres que no se rindieron habla esta novela que se enmarca en un tiempo y en un lugar que son comunes a muchos tiempos y a muchos lugares porque lo que los define es la clase social de sus protagonistas, mujeres analfabetas enfrentadas a un mundo que escasamente comprenden pero del que saben que sólo se sobrevive peleando. Y ellas pelearon, sacaron adelante a sus hijos, con hombre y sin hombre, cuidaron de pequeños y mayores y además perdieron una guerra de la que sólo les llegó más miseria.

Leonor Paqué nos ofrece en esta novela un espejo en el que se reflejan las caras y las vidas de gentes que, aunque parezcan lejanos no lo están, están aquí, con nosotros. No hace tantos años este país era así. Las cuevas no eran para turistas sino los únicos lugares en los que mucha gente se podía resguardar del frío o del calor. La rebusca en el campo era la única forma de alimentar a la familia. A la ropa se le daba la vuelta una y otra vez para que aguantara. Y la voz del macho era la ley. Mucho han cambiado las cosas, sí, afortunadamente, la nieta de María puede hoy, con esta excelente prosa, contar la historia de su abuela y con ella contar la historia de otras tantas abuelas de las que nadie contó nada.

Leonor Paqué nace en los años sesenta y pertenece a una generación de padres semi analfabetos cuyos hijos estudian y se convierten en los primeros que acceden a la universidad. Haciendo equilibrios, la autora finaliza sus estudios de enseñanza media y más tarde los universitarios hasta conseguir la licenciatura en Ciencias de la Información. Comienza a escribir, consciente de que su vocación periodística llegó marcada por su interés en contar historias. Trabaja como becaria en una radio de Madrid. Redactora, guionista, reportera de calle, asistente de jefes de redacción, hasta acceder a la dirección de programas con amplios equipos profesionales a su cargo y el producto final bajo su entera responsabilidad. En la actualidad aporta su experiencia periodística en la uned. Para la autora las palabras son llaves que, bien usadas, abren todas las puertas. Se mueve entre ellas con comodidad y soltura, le gustan sinceras y claras. Su juego favorito es ofrecer la palabra exacta que otro busca. La distingue su capacidad descriptiva para llevarnos a un lugar, a momentos de la historia, y sobre todo, a los corazones.

03 diciembre 2010

«El hombre tiene misiones, nosotras, tareas»



En su primera novela, ‘Una mujer de nada’ (Barataria), Leonor Paqué cuenta, de manera hermosa y descarnada, la historia de aquellas mujeres que, durante la Guerra Civil, tuvieron que hacer su propia guerra: sacar a los hijos adelante, llenar el puchero con lo que fuera, encalar las paredes para adecentar la casa, esperar el regreso del marido…

¿Hay, hoy en día, ‘mujeres de nada’, mujeres de ocupación tan variada y vital que pasa inadvertida?
No existen las mujeres de nada hoy. ¿Quién las conoce? El otro día, en la portada de ‘El País’, aparecía una mujer dominicana durmiendo en la calle, sin manta, sin ropa… esa es una mujer de nada. No importan a nadie.

A usted sí. Titulan su novela…
Me interesan todas. Todas las mujeres de nada.

¿Cuál es la naturaleza de estas mujeres que resistían todo, aguantaban todo, que podían con todo?
¿Su naturaleza? No te gustará la respuesta: resignación. Se resignaban. Les faltaba rebeldía, no se creían capaces de mucho más. Cuando te tienes que ocupar de comer o dar de comer a tus hijos, tal vez no hay rebeldía que quepa.

¿No es rebeldía sacar a adelante una familia?
No porque ¿qué otra opción tenían? La única manera de rebeldía que aparece en la novela es que una de ellas, una de estas mujeres, elige al hombre que quiere, aunque se confunde y acaba haciendo lo mismo que las demás, claudicar.

Un punto de resignación ¿es necesario?
No, lo hacemos por presión social. Y por nuestros hijos.

¿Y no por nuestra pareja?
No, más bien por una forma de amor mal entendido; nos han enseñado que amar es cuidar a todo el mundo, cumplir los deseos de todo el mundo. Y seguimos con ese cliché: llevamos un sueldo a casa pero seguimos planchando las camisas y pendientes de que el niño necesita botas, y de que tiene una excursión con su clase. El cuento del príncipe azul también nos ha hecho daño. Pensando en el príncipe azul hay mujeres que lo ponen todo en juego por un solo hombre, para siempre. Y nos lo seguimos creyendo.

¿Y si sale bien?
¿Qué es que salga bien?

Que dure para siempre…
¿Qué es que dure para siempre? ¿La pasión dura cincuenta años? ¿La confianza dura para siempre?

¿No puede suceder?
¿Que una sola persona, una única persona, llene tu vida para siempre..?

No me sea escéptica, sólo son las diez de la mañana…
No lo soy, de verdad, no me considero escéptica, pero creo que eso es mentira, la forma de amar y de convivir es una gran mentira y seguimos haciendo como si fuera verdad el cuento de los príncipes azules.

¿Por qué, por qué la mujer reconoce al santo varón, en este caso Bartolomé, pero prefiere al tarambana, al que sabe de antemano que la hará sufrir?
Porque seduce lo que uno no es, a lo que uno no se atreve. Imagínate lo atractivo que resultaría un tarambana en una sociedad tan cerrada, alguien que se divierte, que juega, que se ríe…a través del amor se tiene otra personalidad, de alguna manera, la de quien amamos. ¿Quién seduce más, el funcionario que trae un sueldo, aspira a comprarse un piso y planifica su vida a largo plazo o el hombre que se pone el mundo por montera y que exprime la vida? A pesar de eso, gustándonos los tarambanas pensamos que el matrimonio los hará cambiar. Y además no somos capaces de aceptar que puede haber más de un hombre en nuestras vidas. Para la mujer ése es un discurso prohibido. ¿Te imaginas a una mujer que dijera que quieres tener dos hijos de padres distintos? Aunque se hace, porque el discurso teórico es uno y la práctica otra distinta.

Woody Allen decía en una de sus películas que los hombres dan amor a cambio de sexo, y las mujeres, sexo a cambio de amor…
Estoy tan de acuerdo que a mi hijo adolescente, además de darle preservativos, siempre le aconsejo que no le diga a una mujer que la quiere para acostarse con ella. Y a sus amigas, que no den su cuerpo a un hombre solo para que les quiera. De esta reflexión se deduce otro tópico: que las mujeres solo podemos mantener sexo con amor. No estoy de acuerdo; además, hay muchas maneras de amor. Una noche de pasión es o puede ser una noche de amor intensa, inolvidable.

¿Cuál es el principal cambio que ha experimentado la mujer en las últimas décadas?
Hemos comprendido, ¡por fin!, que sólo a través de la independencia económica podemos disfrutar de una auténtica emancipación. Nuestro trabajo nos permite ser independientes. Pero todavía necesitamos que nos quieran, tenemos una necesidad absoluta de amor, de aceptación, de aprobación, tenemos que ser buenas amigas, buenas compañeras, buenas madres… Valemos tanto más cuanto más nos quieren, y superar eso es muy difícil. Por no hablar de que seguimos aceptando que nuestro valor como persona es el reflejado en ellos. Si un hombre valioso te ama, es que eres una gran mujer.

¿El hombre no tiene necesidad de ser amado?
Más bien de ser deseado, admirado, aunque la admiración es la base del amor. Y no tanto entre ellas sino entre sus pares, entre otros varones.

Dice la protagonista, hablando de los frutos de la tierra: “Desgajado el suelo con la delicadeza de quien abre una naranja”. ¿Recuperaremos esa relación telúrica con el campo, con la naturaleza?
¿La hemos perdido del todo? Cuando hablas con gente de ciudad, están deseando ir al campo, tocar un árbol, sentarse delante de la lumbre, coger piñas… El hombre urbano tiene nostalgia, porque sabe que aquello le daba placer. Lo que me sorprende, y no sabemos qué efecto tendrá, pero tendrá alguno, es que haya niños que no hayan visto animales de verdad, gallinas, vacas… que sólo los conozcan por cuentos o por la televisión.

¿Qué sucede en la mente de quien antecede el fervor de una guerra a su prometida?
La promesa ficticia de convertirse en héroes. Creen que tienen una misión. Y saben que la mujer les esperará. El hombre tiene misiones, nosotras, tareas. Para ellos, el amor no es tan grande como para hacerle que se quede. Sin embargo, para nosotras el amor sí justifica toda una vida.

¿Los hombres de hoy van a la guerra?
La guerra de los hombres de hoy son los trabajos; salen por la mañana y no vuelven hasta las diez de la noche. En esa guerra, en su trabajo, no cabe la nevera, ni los hijos, ni el psicólogo. Tienen que ser brillantes en su trabajo, los mejores. Mientras, nosotras trabajamos y pensamos en que hay que comprar papel higiénico…

“Ella comprobaba que a su alrededor ocurrían demasiadas cosas que no entendía o de las que no se enteraba”. Si la guerra es parte del contexto en el que transcurre la historia y los personajes no terminan de entenderla, hoy en día, ¿qué no se entiende?
La miseria. Vivimos como si no pasase nada. Eso es incomprensible… el agua que derrochamos cuando nos duchamos… lo peor es que no hacemos nada.

Cuando encuentran el cuerpo casi sin vida de la muchacha embarazada, “la despensa de la cueva se fue llenando de los alimentos que cada vecino iba trayendo”. La solidaridad, ¿es más propia de quien menos tiene?
Es cuestión de empatía. Si sabes lo que se siente cuando no tienes nada, cuando ves a otro en esa situación tratas de paliarla. La auténtica solidaridad es que te quites de un huevo para dárselo al que pasa hambre. Si unos cuantos dan unos milloncejos para causas sociales, habría que cuestionarse cómo han conseguido amasar su fortuna, porque suele venir de la lástima y la miseria y de gente de la que te has aprovechado.

Por momentos, el silencio se convierte en un personaje más, que rige a los otros personajes, a los de carne y hueso…
Vivimos en enormes silencios. Pero silencios vacíos: de esto no se habla, esto no se dice… pero hemos perdido el silencio auténtico. El silencio parece sinónimo de soledad, ésta sinónimo de tristeza, ésta sinónimo de carencia. Una lástima, porque si no nos callamos no podemos escucharnos a nosotros mismos.

“El hilo conductor de su vida, cada nueva desgracia venía a engrosar la desolación de la que se alimentaba y entre la que parecía encontrarse muy a gusto”. ¿La perversa adicción que crea la desgracia, también la provoca la felicidad?
No, no podemos ser felices aquí, es mentira. Lo valioso es que estés penando y dando, como si dar fuera penar. Eso es lo que nos han enseñado. Yo no le veo el valor a la tristeza y la melancolía Hay que reivindicar la alegría de vivir.

30 noviembre 2010

Una mujer de nada - Leonor Paqué



Una mujer de nada supone un homenaje sentido, un inmenso tributo a las mujeres rurales de posguerra española capaces de pasar por miles de trabajos, esfuerzos y desgracias para sacar adelante sus vástagos y sus propias vidas.
María es una mujer de pueblo pequeño, habitante de una de las cuevas que poblaban décadas atrás las personas mas pobres en los pueblos del Levante. Es la época de la guerra civil y su marido ha marchado a combatir dejándola sola con sus dos hijos
En su indigencia y soledad recordará los orígenes de su existencia, la llegada al pueblo de su padre el Tío Gigante, su primer casamiento con la hija del alcalde y su nuevo matrimonio con la Paca después de enviudar. De esa unión surgió ella, la niña chica entre hermanos mayores.
Los sucesos que le permitieron casarse con José son contados con cariño ahora que al acercarse el fin de la guerra espera su retorno. Sin embargo las cosas no son como espera, todo se tuerce y la vida se complica para María cada vez más. Contra viento y marea se enfrentará a los nuevos desafíos que la posguerra pone ante ella convirtiendo su vida en una carrera por la supervivencia.
Leonor Paqué cuenta la historia de su abuela María, la misma historia de miles de mujeres entregadas y abnegadas que lucharon por darles una oportunidad a sus hijos. Relegando los temas políticos a un plano circunstancial es capaz de sumergirse en el drama humano y humanitario que supuso la posguerra para todos los que la vivieron, sobre todo para los pobres en la zonas rurales. El hambre, la falta de trabajo, las mañas para vestir a las criaturas, el machismo pueblerino, los celos, las riñas entre vecinas, la vergüenza, los cotilleos y la presencia continua de la muerte se toman de la la mano en esta conmovedora y emocionante historia.
Sólo los diálogos propios de tierras de Alicante, Murcia o Almería dan un ligero toque de humor, una sonrisa leve entre tanta tristeza.
Un drama al alcance de muchos que con solo preguntar a nuestras madres o abuelas tendremos historias semejantes y cercanas, pero que la pluma culta, sencilla y emotiva Leonor Paqué eleva por encima de los recuerdos, dándoles el formato épico de un gesta, una epopeya doméstica de las titánicas madres de los años cuarenta y cincuenta.

20 noviembre 2010

Una mujer de nada - Leonor Paqué




Esta novela habla de mujeres que no se rindieron y se enmarca en un tiempo y en un lugar que son comunes a muchos tiempos y a muchos lugares, porque lo que los define es la clase social de sus protagonistas, mujeres analfabetas enfrentadas a un mundo que escasamente comprenden pero del que saben que sólo se sobrevive peleando. Y ellas pelearon, sacaron adelante a sus hijos, con hombre y sin hombre, cuidaron de pequeños y mayores y además perdieron una guerra de la que sólo les llegó más miseria.

03 noviembre 2010

Mujeres de nada




Piensa, sin notar que lo hace porque nunca pensó que reflexionar fuese una ocupación. Coser sí -como lo hacía ahora-, trabajar en el campo, limpiar la casa, lavar a los niños o poner la comida para los hombres. Eso eran tareas; pero que nadie le preguntase de pronto en qué pensaba, porque ella no era consciente de que aquel dejar vagar la mente, a la vez que las manos o el cuerpo ejecutaban un esfuerzo, fuese en realidad un quehacer; le costaba creer que pudiese haber personas que se sentaran a meditar (palabra que sólo había oído una vez en su vida cuando el cura dijo en el sermón que existían monjes dedicados a meditar y ella se quedó sin comprender en qué huerta, acequia, sobre qué animal, recogiendo qué sembrado o con ayuda de quiénes se podía meditar), personas ocupadas en enlazar ideas o frases para convertirlos en sueños, atrapar sugerencias, repasar los recuerdos, confeccionar razonamientos múltiples, ni entendió qué finalidad tenía ni qué provecho podía sacársele.

Este comienzo de la novela que ahora publica Leonor Paqué ("Una mujer de nada", Barataria) recuerda mucho los mundos anteriores a la constitución de la mente letrada, estudiados por Olson: cuando un recuerdo, un pensamiento imprevisto o una fantasía asaltaban la mente del individuo como cosas extrañas, procedentes de afuera, y a las que a veces, por asignarles algo, se asignaba un origen divino. (Y esta novela va, por cierto, de mujeres analfabetas, de su lucha por la vida y de la gente que consiguieron sacar adelante).

Aunque en realidad esos mundos todavía perviven en nosotros, más escondidos, eso sí, en ese universo planimétrico, categórico y explícito de la cultura escrita (la escritura impresa hace que todo lo de dentro se parezca a algo que se puede poner sobre el papel). Perviven, desde luego, y también nos asaltan cuando ignoramos de dónde procede esa evocación repentina en la que ves a tu amada de los 17 años con la camisa de flores naranjas y azulinas, los zapatos recién cepillados con un pequeño abombamiento a la altura del dedo gordo, las medias rojas de lana a las que van saliendo bolillas. O de dónde sale la clarividencia para resolver de un plumazo esa relación patológica y simbiótica con tu trabajo, tu cónyuge o tu hijo, a la que observabas como una intrincada paradoja y con una alarmante falta de fuerza.

Ah, cuántos mundos nos poseen.

01 noviembre 2010

Leonor Paqué presenta su primera novela


Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,

decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?




Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.


Miguel Hernández



No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.



Isabel Quiñones/Madrid
UNED

Ayer Leonor, presentó un libro. Su primer libro, duro, cálido y desgarrado como ella.

Tampoco es para tanto...total, es solo un libro. Su primer libro y escrito por `una mujer de nada'.

Porque Leonor, Leonor García, es periodista. Periodista de la UNED. Y mira a la vida con la misma "bruma de amor y odio", con que hace la dedicatoria del libro a su madre. Pero ese sería otro tema. Hoy, como diría el magistral Paco Umbral, estamos aquí para hablar del libro de Leonor, pero del de `Leonor Paqué', porque así firma la autora su obra.

Leonor. Tu padre, el andaluz de cara cincelada a golpe de sol abrasador, orgulloso hasta la altivez de su hija y Patro, tu madre, desbordada, observadora y silenciosa. Como no entendiendo muy bien tu aventura literaria, tu vida, tus aspiraciones, tu esfuerzo y tu lucha -porque no en vano el seudónimo literario de tu apellido, es `Paqué'- No era ella la que te preguntaba siempre...¿Leonor, pa qué estudias?, ¿pa qué lees?, ¿pa qué te quieres marchar de aquí?' .... pues el otro día, en el Centro Asociado de la UNED en Madrid, en las Escuelas Pías, le diste la respuesta. Y ahora, le tienes que dar tiempo para que la asimile. Porque Patro, ¿ves?, `pa que iba a ser. Pa todo esto'.

Juan, Pilar, Ana, Aida, David, Miguel, el quejio de tu hermano Diego a la guitarra, Jorge, Sergio, tu segundo hermano a la cámara. Todos estamos seguros de que esta aventura literaria que te provocaba y te daba miedo a la vez -como casi todo en tu vida- esta mujer, `Una mujer de nada' de Leonor Paqué, puede curar muchas heridas, mucho dolor y mucha rabia. Nos ha apasionado y también nos ha enternecido. Porque a veces, las historias que nos cuentan los libros son ficción. Pero otras, son la más pura realidad. Una realidad que muchos no conocen, que otros no quieren recordar y que nunca se debería repetir.

Y Leonor, aunque, como decía Lorca, tu pienses un poco que la vida `no es noble, ni buena, ni sagrada', porque en el Sur, la tierra es seca y dura. Porque las cuevas granadinas no son viviendas. Porque la rebusca no es comida. Porque no basta con ver, para saber leer. Bien es cierto, que la nieta de María -la protagonista de tu novela- hoy, es feliz, porque ha podido contar y escribir, la historia de su abuela.