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17 julio 2011

Sin lengua - Vladímir Korolenko

Paperblog
Anarod
17/07/2011



Quienes amamos la literatura rusa vivimos una época dorada: se reeditan títulos clásicos (en ediciones y traducciones que vienen a renovar (y arramblar, ¡ay) nuestros precarios tomos de juventud, y, a la vez, aparecen (profusamente) obras de autores que (al menos yo) desconocíamos.
Una de mis últimas lecturas es la novela "Sin lengua" (1895) de Vladímir KOROLENKO, publicada por la editorial Barataria.
Ha sido una lectura gozosa, por los exquisitos detalles (Nabokov no tiene la patente, aviso) con que este autor, al que se le considera maestro del celebrado Gorki, nos muestra y cuenta los avatares de los emigrados rusos a Norteamérica a finales del XIX. Y también el gozo proviene de del humor y la ironía (equidistante) con quie enfoca uno y otro mundo: el de los recién llegados, con sus expectativas y el de los que ya están allí,con su experiencia y...
Lo interesante de la novela es que, para cada uno de estos "bandos" (situaciones, vivencias, mentalidad), Korolenko ofrece una bicefalia muy interesante: por un lado los entusiastas y por otro los escépticos.
Repito: Desde la partida (con sus razones y expectativas: ("-Oye, ¿qué clse de libertad piensas tú que será la de ellos?", pág. 25)), el viaje y sus incidencias, casi un microrrelato (espléndido lo tocante a la fragilidad y los "peligros" que conllevaban tales travesías: ¡el Océano!, una palabra casi perdida), la llegada y la exploración de la ciudad (Nueva York), los sueños en ciernes, las peripecias que obligan a entrar en el entramado de la vida social... el adentramiento en el interior o (lo que luego conoceríamos como la América profunda)...
Podría reproducir muchos párrafos, pero... estoy convaleciente y...
Esta la visión/impresión de la libertad:

"Iván dio con el codo a Matvéi:
-¿Lo ves? El checo dijo la verdad.
Matvéi miró hacia delante. Allí, sobresaliendo entre los altos mástiles de los buques más altos, se alzaba una enorme figura de mujer con un brazo en alto. Empuñaba una antorcha, mostrándola a todos los que llegaban a tierras de América." (pág. 33)


Nílov (aunque aparezca muy al final) es sin duda, mi pesonaje preferido: por la profundidad que esconde y por lo que del alma atormentada rusa tiene... pese a que no es el prota o el conductor o el que motiva el acontecer... Sí es el que condensa lo que a mí me interesa de lo del alma rusa, auqnue aquí no se explaye o desgrane con los pormenores a que nos tienen acostumbrados los Turgueniev o Dostoievsky, por citar dos autores que se han detenido en esos nihilistas espirituales.
Nílov es un personaje agazapado, cuya acción aún está por venir, en el hipotético retorno a la madrecita patria.KOROLENKO

16 julio 2011

Sin lengua – Vladímir Korolenko

El País
Francisco Solano
16/07/2011



Entre el cosmopolitismo artístico de Turguénev y la literatura programática de Gorki, la obra de Vladímir Korolenko (Ucrania, 1853-1921) encuentra su mejor expresión en la atención a la epopeya de las clases más deprimidas en su esfuerzo por salir de la miseria. Con una prosa que se sostiene en una mirada que abarca tanto el ridículo como la nobleza de la ignorancia, Korolenko es acaso el autor ruso de su época que mejor se ha servido de la crónica para contar el desplazamiento de los campesinos y su lucha por una vida más digna. Hacía tiempo que no circulaba en nuestro país ningún libro de Korolenko. A finales de la década de 1950 Aguilar publicó un volumen de Obras escogidas, de donde se ha extraído Sin lengua, sobre la emigración del campesinado ruso a Estados Unidos, en aquella traducción de Luis Abollado, quien consideraba con razón a Korolenko el mejor representante del realismo ruso. Su publicación no puede ser más oportuna en un momento en que la emigración sigue siendo hoy un problema de supervivencia y adaptación que no tiene trazas de resolverse con buenos propósitos, ni por parte de los que llegan, obligados a realizar cualquier trabajo, ni por parte de los nativos del país de afluencia, que sufren otra forma hiriente de precariedad. Esta colisión, con el añadido de la dificultad para entender la lengua, conforma la historia de aturdimiento y desazón del campesino ucranio Matvéi, que no acaba de sentirse acogido en el caos de la Nueva York de finales del XIX, con su capitalismo tan ramplón como abierto a la fuerza bruta del trabajo. La lectura de Sin lengua sorprende por su enérgica veracidad, y permite apreciar la extraordinaria capacidad descriptiva de Korolenko, que concibió la novela tras una visita a la Exposición de Chicago de 1893. Y es evidente cuánto deben a esta obra las escenas cinematográficas de la arribada de los barcos con los emigrantes contemplando, atónitos, tras la niebla, "una enorme figura de mujer con un brazo en alto".

25 mayo 2011

Sin lengua – Vladímir Korolenko

Solo de libros
Sra. Castro
25/05/2011



En 1893 Vladímir Korolenko viajó a Estados Unidos para visitar la Exposición Universal de Chicago; dos años más tarde finalizaría la novela breve Sin lengua, en la que recoge las penurias de los emigrados rusos a Norteamérica.

El título de la novela ya es una declaración de intenciones: gran parte de la misma presenta, a través de las aventuras de su protagonista, la barrera lingüística que se alzaba entre los emigrantes y los americanos. Aunque, evidentemente, la lengua representa sólo la superficie de una barrera cultural que incluye las relaciones sociales, las costumbres o el vestido.

Korolenko se sirve de un personaje entrañable, Matvéi Lozinski al que acompañamos en su viaje a América desde su pequeña aldea natal en Rusia. La falta de futuro de los campesinos de la localidad les empuja a labrarse un destino allá donde creen que pueden encontrarlo, por eso Matvéi Lozinski se embarca rumbo a Nueva York siguiendo los pasos de su hermana, que ha acudido a Estados Unidos a reunirse con su esposo.

El embarque en Hamburgo es la primera muestra de las dificultades que le aguardan: Matvéi y su amigo Iván, que le acompaña en el viaje, empezarán a comprender que, sin lengua, no pueden valerse por sí mismos. Tras el largo viaje, la llegada a Nueva York provoca un enorme desencanto: la tierra de promisión resulta demasiado inhóspita. La enorme ciudad sorprende a los emigrantes con su cara poco amable: el ruido, la prisa, las enormes distancias causan estupor en Matvéi que esperaba encontrarse con la América rural donde sus conocimientos de campesino le permitieran abrirse un hueco.

Como contrapunto a la ingenua falta de capacidad de adaptación de Matvéi, sitúa Korolenko a Iván. Éste aprende rápidamente el suficiente inglés para hacerse entender, pero además renuncia sin aparente nostalgia a su indumentaria rusa para mimetizarse con los neoyorquinos. Por el contrario, el intento de mantener sus señas de identidad le traerán sin embargo numerosos sinsabores a Matvéi.

A la par que da cuenta de la confrontación entre el emigrante y la ciudad, Korolenko pinta un retrato de la Nueva York finisecular: las luchas obreras del momento dan su pincelada a la novela, pero también se dibuja la anatomía de una urbe moderna que no podía menos que asustar y maravillar a los recién llegados de las aldeas europeas. Los enormes edificios, los trenes elevados, el asfalto, los puentes son percibidos como un terreno hostil que no está hecho a la medida del hombre.

A Matvéi Lozinski le costará encontrar su lugar en la nueva tierra. Conmueve su sentimiento de desubicación, su rebeldía a la hora de abandonar sus rasgos de identidad, sus intentos por comprender una sociedad que se rige por unos patrones extraños para él, su nostalgia de la naturaleza que ha sido el paisaje de toda su vida. Y en general, el terrible sentimiento de no pertenencia que le hace volar con la imaginación al otro lado del mar, donde quedaron su tierra, su aldea, su lengua.