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29 mayo 2010

Erotismo hiperreal




Es difícil pensar en una evolución cualitativa del sexo. A diferencia de otras experiencias lineales —en consonancia con un acervo cultural que premia la acumulación de capitales, ya sean de tipo intelectual, económico, simbólico, etcétera—, la metáfora que rige el sexo y las relaciones amorosas no es el vector sino el loop: el sexo viola ese código de lo novedoso determinante en la modernidad y en su expresión amplificada en nuestros días. El cuadro sintomatológico —físico y emocional— presente en la conducta de los amantes está condenado a repetirse: «Un día le dije que tal vez buscábamos a un solo hombre con muchos rostros [...] puesto que no podemos poseer a una sola persona completamente, optamos por la multiplicidad», formula una de las narradoras de Erótika. Sabemos que el sexo es un catálogo de lugares comunes en gran parte mediados por el discurso audiovisual, y que la persecución de la perversión inédita tiene naturaleza de intento frustrado. Luego su carácter previsible, en desacuerdo con lo que la recepción suele exigir a una expresión artística, justifica de largo un panorama poco favorable, razonablemente escéptico hacia la literatura erótica. No obstante, avalada por una cuidadísima y arriesgada edición de Barataria, que incorpora fotografías de Ana Moreno Meyer, de Souza ejerce como desfibrilador que pone a funcionar de nuevo el miocardio de su platea. Veamos.

A pesar de que la intención germinal de la autora descansa en la normalización del deseo y el análisis de la identidad femenina, lo cierto es que la importancia sobresaliente del texto que de Souza propone reside paralelamente en el tránsito que tiene lugar de la familiaridad de semejantes y prototípicas «escenas de la vida sexual», a la neurosis: el desarreglo emocional cuya proximidad sobrevuela violento, siempre al acecho en la época posmoderna. Y de vueltas con la imagen del bucle, figura como tema —desasosegante— la insatisfacción de los personajes en un sentido circular: Primero, una imposibilidad patente para evitar el heraclitismo de las emociones; el individuo que, alcanzada la comunión con el sujeto de deseo erótico, aspira en balde a satisfacer su deseo de ser amado: la confirmación transcendental de ese primer orgasmo sin que los deseos del otro le correspondan. Después, ese otro individuo que, participante en el autismo de la pareja —«forzado a multiplicar las repeticiones onanistas y las reiteraciones solipsistas del animal enjaulado», diría Michel Onfray—, ansía ser libre. O como enuncia en “El otro”: «siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto, pero ¿es siempre necesaria esa división?»

De Souza, cuya narración esquiva con éxito cualquier riesgo de afectación excesiva, propone una radiografía completa de semejante neurosis. Piénsese en el mito del primer amor (“El primer hombre”), la guerra psicológica en el seno de la pareja, o su glosa del ménage-à-trois. Si entendemos ésta última como una práctica de orden superior, ya sea para colmar la clase de fantasías no amateurs inoculadas por un inconsciente colectivo, o bien, simplemente, en la medida que transgrede el hipotético aburrimiento de la pareja, lo cierto es que el balance final de los participantes termina siendo negativo para al menos uno de ellos (v.br., “Ella no está”): ¿Amor libre? Difícil, la concepción de un reparto equitativo de afectos sin abrazar la culpa típica de Occidente: «toda falta, toda carencia, nos hace, aunque no lo deseemos, responsables: culpables, culpables». Tampoco escapan de sus observaciones la castración, la postfeminidad o la inferioridad autoinfligida del varón. Así, si el psicoanálisis explica los conflictos sexuales masculinos a partir de las proyecciones que pueden hacer creer al hombre que no le está permitido gozar, o de la actitud idealizadora ante la mujer, llama la atención entre el léxico de De Souza el apelativo «melancólico» para describir a algunos de los hombres que pueblan sus relatos: «hombres frágiles, aquellos que nunca se sienten bien en su rol masculino, y se hunden en la melancolía, aquellos que tienen un aire de indefensión que desarma, y que suelen ser leales.» He aquí, pues, un ejemplo de convivencia genial entre la fantasía erótica y realismo más contemporáneo.

04 marzo 2010

Erotismo hiperreal

Revista Quimera
El Quirófano

Antonio J, Rodríguez

Erótika. Escenas de la vida sexual
Patricia de Souza
Barataria. Sevilla, 2009. 154 págs.

Es difícil pensar en una evolución cualitativa del sexo. A diferencia de otras experiencias lineales -en consonancia con un acervo cultural que premia la acumulación de capitales, ya sean de tipo intelectual, económico, simbólico, etcétera-, la metáfora que rige el sexo y las relaciones amorosas no es el vector sino el loop: el sexo viola ese código de lo novedoso determinante en la modernidad y en su expresión amplificada en nuestros días. El cuadro sintomatológico -físico y emocional presente en la conducta de los amantes está condenado a repetirse: "Un día le dije que tal vez buscábamos a un solo hombre con muchos rostros [ ... j puesto que no podemos poseer a una sola persona completamente, optamos por la multiplicidad", formula una de las narradoras de Erótika. Sabemos que el sexo es un catálogo de lugares comunes en gran parte mediados por el discurso audiovisual, y que la persecución de la perversión inédita tiene naturaleza de intento frustrado. Luego su carácter previsible, en desacuerdo con lo que la recepción suele exigir a una expresión artística, justifica de largo un panorama poco favorable, razonablemente escéptico hacia la literatura erótica. No obstante, avalada por una cuidadísima y arriesgada edición de Barataria, que incorpora fotografías de Ana Moreno Meyer, de Souza ejerce como desfibrilador que pone a funcionar de nuevo el miocardio de su platea. Veamos.

A pesar de que la intención germinal de la autora descansa en la normalización del deseo y el análisis de la identidad femenina, lo cierto es que la importancia sobresaliente del texto que de Souza propone reside paralelamente en el tránsito que tiene lugar de la familiaridad de semejantes y prototípicas "escenas de la vida sexual ", a la neurosis: el desarreglo emocional cuya proximidad sobrevuela violento, siempre al acecho en la época pos moderna. Y de vueltas con la imagen del bucle, figura como lema -desasosegante- la insatisfacción de los personajes en un sentido circular: Primero, una imposibilidad patente para evitar el heraclitismo de las emociones; el individuo que, alcanzada la comunión con el sujeto de deseo erótico, aspira en balde a satisfacer su deseo de ser amado: la confirmación transcendental de ese primer orgasmo sin que los deseos del otro le correspondan. Después, ese otro individuo que, participante en el autismo de la pareja -"forzado a multiplicar las repeticiones onanistas y las reiteraciones solipsistas del animal enjaulado" diría Michel Onfray-, ansia ser libre. O como enuncia en "El Otro": "siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto, pero ¿es siempre necesaria esa división?"
De Souza, cuya narración esquiva con éxito cualquier riesgo de afectación excesiva, propone una radiografía completa de semejante neurosis, Piénsese en el mito del primer amor ("El primer hombre"), la guerra psicológica en el seno de la pareja, o su glosa del ménage-a-trois. Si entendemos ésta última como una práctica de orden superior, ya sea para colmar la clase de fantasías no amateurs inoculadas por un inconsciente colectivo, o bien, simplemente,
en la medida que transgrede el hipotético aburrimiento de la pareja, lo cierto es que el balance final de los participantes termina siendo negativo para al menos uno de ellos (v.br., "Ella no está"): ¿Amor libre? Difícil, la concepción de un reparto equitativo de afectos sin abrazar la culpa típica de Occidente: "toda falta, toda carencia, nos hace, aunque no lo deseemos, responsables: culpables, culpables". Tampoco escapan de sus observaciones la castración, la postfeminidad o la inferioridad autoinfligida del varón.
Así, si el psicoanálisis explica los conflictos sexuales masculinos a partir de las proyecciones que pueden hacer creer al hombre que no le está permitido gozar, o de la actitud idealizadora ante la mujer, llama la atención entre el léxico de De Souza el apelativo "melancólico" para describir a algunos de los hombres que pueblan sus relatos: "hombres frágiles, aquellos que nunca se sienten bien en su rol masculino, y se hunden en la melancolía, aquellos que tienen un aire de indefensión que desarma, y que suelen ser leales." He aquí, pues, un ejemplo de convivencia genial entre la fantasía erótica y realismo más contemporáneo.



29 septiembre 2009

La editorial Barataria ofrece para este otoño poesía y novela

La editorial Barataria arranca con nuevos proyectos de cara a la recta final de 2009. Entre sus novedades, todas incluidas dentro de la colección Bárbaros, los lectores podrán disfrutar de la poesía y la novela con temas tan variados como el amor, la religión o la memoria.

Una de estas publicaciones es la obra póstuma del canario José María Millares Sall, fallecido el pasado 8 de septiembre. Con Esa luz que nos quema el lector podrá recordar un elemento esencial en la poesía, la memoria, ya que «sólo la palabra puede redimir del olvido los reinos perdidos y también los robados». Estas palabras que inician el prólogo han sido escritas por su sobrina, Selena Millares. En esta antología se recogen versos inéditos de la etapa de madurez del autor.

Sin embargo, la prosa es el elemento fuerte para el último trimestre con obras como la novela de Patricia de Souza. La peruana, cuyo último libro publicado por la editorial fue Erótika, escenas de la vida sexual, explica que Tristán «es una novela con imágenes». Escrita en primera persona su argumento gira «en torno a lo que nos sucede a todos cuando alguien se va. Lo que queda es la imagen que se desvanece con el tiempo».

Por su parte, El golfo de los poetas, de Fernando Clemot, que discurre sobre dos temas como son la memoria y el absurdo existencial, es definida por su autor como «una obra intimista y dura». Narrada a modo de diario, la trama cuenta la historia de un escritor que va a pasar unos días con su mujer y su hija. Debido a sus problemas con el alcohol «las vacaciones se convierten en un infierno personal».

Para terminar, la editorial recupera un clásico universal. Las ruinas de Palmira del Conde de Volney, editada por primera vez en Londres en 1807, fue incluida entre los libros prohibidos del Vaticano por igualar el catolicismo al resto de religiones. Con la traducción de Juan Diego Martín regresa esta reflexión sobre la vanidad de la religión que oprime a la sociedad.

Pilar Salcedo
Diario de Sevilla


17 junio 2009

Patricia de Souza en The Barcelona Review


«
Las mujeres no hablan del cuerpo con mucha libertad»

Patricia de Souza nació en Perú, en 1964. Ha realizado estudios de ciencias políticas, periodismo y filosofía. Su primera novela fue Cuando llegue la noche (Lima, 1994). Ha publicado en Líneas aéreas (Lengua de Trapo 1999). La mentira de un fauno, su segunda novela, fue publicada en España y el Perú. El último cuerpo de Úrsula (Seix Barral) ha sido traducido al alemán y la revista literaria francesa de l'NRF (Gallimard), publicó el texto corto Désert. Recientemente ha publicado dos libros: Ellos dos (Ed. San Marcos, Lima, 2007) y Erótika, escenas de la vida sexual (Jus, México 2008, Barataria, Barcelona, 2009). Escribe para diferentes periódicos en Madrid y el Perú.

P: ¿Qué caminos fue tomando la literatura erótica después de los 60 y 70? ¿Hay algo nuevo en lo que poder indagar con este género?

R: Yo creo que en los años 60 y 70 vivimos los privilegios que dejó el pensamiento de Freud y de Simone de Beauvoir y Lévi-Strauss. Lo que se escribe sobre erotismo en este tiempo se inscribe en ese contexto, salvo en España, donde había una total ausencia de libros de este tipo a raíz de la censura.

¿Hasta dónde crees que se puede llegar, literariamente hablando, con la literatura erótica?

Creo que se puede llegar muy lejos. Al menos, es lo que he visto en mi caso. Al pedírseme que escriba sobre el tema, me he dado cuenta de que no solo hay una reescritura de libros que ya había leído sino que debía asumir una posición política en el instante en que iba a tratar el tema.

¿Se escribe mayormente por mujeres?

Mmm…. Yo creo que es al revés. Hace poco Georges Steiner se quejaba de que no existiera un Casanova femenino, ni un Sade, la voici !!!, como se dice en francés. Yo quería que este libro tuviese dentro su propia explosión simbólica.

¿Qué teóricas contemporáneas te parecen más interesantes en relación a este género?

No sé si hay teorías, en la literatura es difícil teorizar y le temo un poco a esta palabra, creo que hay interpretaciones, la de Roland Barthes sobre el marqués de Sade es interesante, él lee en su trabajo un sistema político subvesirvo y fríamente calculado.

¿Crees que aún las mujeres tienen más dificultades para acceder al espacio de lo literario?

Creo que las mujeres tienen muchas cosas que decir. Creo que los géneros son culturales y no naturales. La manera de pensar no la define el sexo, sino la experiencia. Las mujeres no hablan del tema del cuerpo con mucha libertad. Si nos ponemos a pensar existen pocas descripciones del propio cuerpo en las novelas contemporáneas y menos de un coito, por lo que pensé que sería interesante que la voz que hablase fuese en la primera persona del femenino. Como decía Flora Tristán, las mujeres tienen también que nombrar.

He leído en algunas entrevistas que te hacen que manifiestas una resistencia total a los géneros literarios. ¿Es así? ¿Ha dificultado esto tu trayectoria como escritora?

La resistencia es a la imposición de un canon literario. Asumo la literatura como una exploración y una resistencia a la autoridad. Como ejercicio de libertad. Cuesta, sí, liberarse de esos lastres académicos que nada tienen que ver con escribir. No escribo pensando en que voy a hacer un cuento o una novela, simplemente escribo.

En Erótika dices que has intentado contar tu historia, ¿Qué relación ves entre autobiografía y literatura? ¿Te interesa la autoficción?

¡Claro que me interesa la autoficción!, porque creo que la primera persona siempre es ficción. Cuando haces un libro te planteas qué persona vas a usar y muchas otras cosas más. Yo no he hecho una autobiografía porque hay ficción. Yo he querido, lentamente crear un rostro de mujer en el que otras personas, mujeres, hombres, ancianos, se reconozcan.

Recordé mucho el libro de C. Millet: La vida sexual de Catherine M. ¿La tienes como referente literario? ¿A qué otras autoras?

Mmm, sí leí a CM y me gusta mucho su trabajo, es inteligente, audaz, intenso. Pero he leído mucho los clásicos, Sade, Choderlos de Laclos, Pauline Réage, curiosamente, son casi todos franceses, ¿por qué?... porque los franceses, desde Diderot y su religiosa, tienen una fascinación por el pensamiento libre… sí, creo que es eso.

Si bien planteas el libro como escenas de la vida sexual, pienso que solamente al principio se cumple esa primicia, en los dos o tres primeros textos, y luego te insertas en narraciones extensas y con otro nivel de profundización, en donde lo erótico pasa a segundo plano y trabajas más que nada relaciones de poder, infancia, sentimientos como el amor, etc. ¿Es lo erótico una vía de trabajo para acercarse a otros planos de la realidad?

Nadie puede hacer nada contra su carácter. Es cuestión de personalidad. Lo erótico me ha llevado a indagar otros temas, a cerrar ciclos sobre una reflexión sobre el cuerpo, su rol social, su capacidad de trascendencia. Este libro se parece y a la vez es muy distinto de El último cuerpo de Úrsula

¿En qué proyectos trabajas actualmente? ¿Qué publicarás este año?

Estoy por publicar una reedición de El último y luego sale Ellos dos en México… En setiembre Aquella imagen que transpira en España y México, con las mismas editoriales que Erótika


Claudia Apablaza
The Barcelona Review

14 abril 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza


Patricia de Souza, peruana que vive entre Francia y México, tiene ya acreditada una sólida carrera como narradora. Erótika, escenas de la vida sexual, que tuvo una primera edición el año pasado en México, aparece ahora en España de la mano de Barataria.

Erótika es un conjunto de relatos concebidos, escritos y protagonizados desde una óptica femenina. En algunos ámbitos aún puede resultar chocante que las protagonistas y narradoras de estos textos sean mujeres que no sólo buscan el placer sino su propia identidad a través del cuerpo y la experiencia sexual desinhibida de prejuicios sociales.

Las mujeres que aparecen en estos relatos de intensa brevedad llevan la iniciativa del encuentro, seducen por su fuerte sexualidad y provocan una inversión de los roles tradicionales en la relación sexual, ante hombres frágiles y vulnerables, de los que dice una de ellas: su vulnerabilidad me estimula sexualmente, como si a través de ellos yo encontrase intacta una parte que también poseo y que he tratado de disfrazar de fortaleza.

Deseo y mujeres se habitan o se poseen mutuamente en estos textos de delicado dramatismo en los que se suceden la experiencia y el recuerdo, el deseo y la transgresión, el temor y el placer. Iniciaciones sexuales y soledades, fantasías, búsquedas y sublimaciones, encuentros y heridas antiguas componen este mapa dibujado por mano de mujer, esta carta escrita con sinceridad desgarrada - de sí misma a sí misma- con letra femenina, con una mezcla eficiente de coraje y buena literatura.

Yo, Clelia, Octavia, Elena, la mayor y la menor en esta cadena de mujeres -escribe Patricia de Souza en una nota introductoria-, no tengo miedo de seerguir mi deseo. Al final sé que sólo me puede llevar hacia mí, aunque me pierda y dé muchas vueltas: es mi laberinto.

Yo me he ofrecido como espejo, lo sé, en esa cadena de rostros prestados, yo he intentado escribir mi propia historia.


Mayra Vela.
Encuentros con las letras.

31 marzo 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza

Barataria, una de las siete editoriales a las que se concedió el Premio Nacional a la Mejor Laboral Editorial 2008, comienza el año con la creación de una nueva colección, que bajo el título de «Uno más uno» agrupa en las mismas páginas a un autor y un ilustrador. Esta circunstancia los hace especiales, pero su formato -16x 15 cm- los convierte también en un auténtico lujo de bolsillo. Los dos primeros títulos de la colección tienen a la mujer y al erotismo como centro temático. Erótika, escenas de la vida sexual de la escritora peruana Patricia de Souza, habla de un tema que a muchos les parecerá revolucionario: la aceptación del cuerpo y la búsqueda del placer, no sólo como una experiencia sensorial y sexual, sino también como una búsqueda de identidad. Sus relatos están protagonizados por mujeres que explotan y aceptan su sexualidad, y a la vez por hombres seducidos por la fuerza sexual de algunas mujeres. El libro ha sido ilustrado con fotografías de Ana Moreno Meyer. Por otro lado, Colores, del escritor normando Remy de Gourmont, se compone de dos partes. En la primera, titulada de forma homónima, hay trece cuentos, trece colores, uno para cada mujer, cada carácter y cada aspecto del erotismo: la ávida, la masoquista, la ridícula, la perversa, la sádica, la inocente, la iluminada, la asesina... En la segunda parte, Antigüedades, los relatos son como pequeños poemas en prosa de un erotismo doloroso y ambiguo. El libro está ilustrado por las imágenes del pintor francés Odilon Redon, considerado uno de los precursores del surrealismo.

Alex Oviedo
La Pérgola
El Periódico de Bilbao

27 febrero 2009

Buscando vivir a Eros

“Días atrás comentábamos brevemente la última obra de Patricia de Souza, Erótika escenas de la vida sexual, conjunto de cuentos de mujeres sudamericanas que encuentran su placer y su historia en su cuerpo. Un libro que hace tan sólo unos años habría levantado ampollas en nuestra sociedad y que ahora presenta una interesante ventana a las Patricia de Souza formas de sentir de algunas mujeres de nuestros días. Entrevistamos a la autora de Stabat Mater, Debate, 2001, Electra en la ciudad, Alfaguara-Perú 2006, y Erótika… para Ellibrepensador.

ELLIBREPENSADOR: Empecemos por una pregunta quisquillosa y netamente lingüística: ¿Por qué Erótica, con k de kilo? ¿Buscabas modernidad, llamar la atención sobre el título?
PATRICIA DE SOUZA: Sí, la verdad que fue para darle un toque de modernidad. Honestamente no fue el título que yo deseaba, que era Venus proscrita, pero la editorial mexicana, con la que ya había firmado contrato, antes de hacer la edición española, no me dio tiempo de cambiarlo. La “K”, es una letra que se usa mucho en el quechua. Idioma peruano. Es importante porque reivindica un idioma marginal, proscrito, como muchas mujeres que desean ser “libres”. Si bien es cierto que este libro hubiese sido escandaloso hace unos años, ahora no lo es… pero… yo creo que hay una doble moral: lo aceptamos, lo leemos, y sin embargo no sé si consideramos por eso mismo la opinión de una mujer como importante… El otro día oía a George Steiner hablar de los libros que no había escrito y quejarse de la falta de literatura erótica hecha por mujeres. Decía que cuando lo hacían reproducían el imaginario masculino. Justamente, aquí el simbolismo erótico se aparta de su valor de cambio, se hace privado, se individualiza en cada una de estas mujeres que pueden ser latinoamericanas, chinas, o incluso, un hombre, como en Extraño deseo.
EL: Vamos ahora por una pregunta literaria: En tu libro se citan obras de contenido erótico y además transgresor como es el caso de Historia de O, y también a Simone de Beauvoir, por ejemplo. ¿Alguna otra obra para recomendar: La mujer rota, El segundo sexo, Electra, o incluso de autores masculinos como El amante de Lady Chatterley?
PdS: Historia de O es una joyita (en París vi una reedición con un texto inédito de Jean Paulhan, la historia que cuento en mi libro, es verdadera, ojo), La vida de Catherine M, es un libro también interesantísimo porque aplica el análisis del arte, la perspectiva clásica, al cuerpo, El amante de Lady Chaterly, sí, delicioso. Además existe una película de Pascal Ferran, muy buena. Luego, están los clásicos, las Memorias de Casanova, el Marqués de Sade, que me parece imprescindible. O los epistolarios, Las relaciones peligrosas y El Heptamerón, de Marguerite de Navarra (un amigo de Barcelona, me dijo que este texto le recordaba un poco el de M de N)…. Ah, El asno, de Luciano de Samosato, es genial y, por supuesto, La noche sexual y el sexo y el miedo, de Pascal Quignard… Y Electra, ¿¿¿era mi Electra de la que hablaban??? (risas) .
EL: Una pregunta muy relacionada con la anterior, ¿crees que existe la literatura de mujeres o para mujeres? ¿O crees que es una cuestión de publicidad y ventas, una búsqueda de público que compre porque se le convence de que algo se ha escrito para su gusto, pensado en él?
PdS: No, no creo que exista una literatura hecha por mujeres y para mujeres, lo que existe es la necesidad de romper con los mitos y leyendas sobre le rol de la mujer en la vida privada y en la pública; precisamente en el sexo, que es donde se originan la repartición de roles, pasivo, activo, arriba, abajo, superior, inferior. Es la única forma de que las mujeres se conviertan en sujetos libres para que los hombres estén frente personas autónomas. No olvidemos que el sexo es una actividad principal, muy básica, pero que puede ser una forma de trascendencia, una manera de afectarnos con la presencia de los otros. El sexo es mucho más complejo y no tiene nada que ver con la imagen que nos imponen desde fuera que, no creo que tenga que ver con la necesidad de afecto que poseemos todoas… (la a es añadida). Se trata entonces de crear sus propios contenidos, sus propios códigos, que pueden enriquecer la lectura de la vida erótica, del eros que circula entre hombres y mujeres sin imponerle categorías. No hay cosa más enervante que las teorías esencialistas de masculino y femenino que siguen dominando, pese al Segundo sexo, pese a los análisis de Pierre Bordieu o los textos psiconalíticos de Melanie Klein
EL: Cambiemos a lo social, ¿crees que queda mucho por avanzar en la realización sexual de la mujer? Es evidente que los países van a diferentes ritmos pero, según tu punto de vista ¿cuáles están más avanzados y en qué sentido se entiende ese avance?
PdS: Hace unos meses Le corrier international publicaba una serie de reportajes sobre en qué país, occidental, las mujeres se sentían más libres. Concluían que en Francia (parece que los hombres reconocen a la inteligencia como la cualidad más importante en ellas). Yo creo que en Francia hay un androcentrismo institucional, pero que las mujeres no se sientan a esperar (pienso en la frase de Segolene Royal: soy una mujer de pie, o en Simone Veil, por citar algunas) sino que salen al frente. No son la mayoría, Steiner tiene razón que muchas tenemos miedo de romper las reglas de la tribu, sin embargo creo que en América latina se puede esperar que, como los cortes sociales se mueven constantemente, la falta de un control (digo esto porque se controla que las mujeres procreen) permita una participación más importante de las mujeres. En realidad existe, pero de forma simbólica porque no son siempre las que generan los contenidos y se alienan muy fácilmente con el poder, y con las ideas sobre él. En su Segundo sexo, Simone de Beauvoir citaba al escritor Francois Mauriac quien se burlaba de las mujeres diciendo que de maneras formas todas sus ideas venían de los hombres. Justamente, ese es el centro del tema y de la lucha por la libertad. Pensar solas, sin Dieu ni Maitre!!
EL: ¿Crees que tu libro será considerado agresivo o incluso copiando formas del antiguo machismo en su claridad y a veces en sus líneas rectas, directas al objetivo?
PdS: Es curioso como relacionamos el lenguaje directo, la espontaneidad, a una actitud machista, ¿quiere decir que las mujeres debemos hablar indirectamente, con un lenguaje subliminal y no directo, que hay temas que no podemos tocar, etc.?
EL: Simone de Beauvoir exponía su opinión sobre qué definía o qué era la mujer en El segundo sexo, ¿qué identifica, según tú, a una mujer?
PdS: Cada mujer es una persona, un proyecto, una necesidad de trascendencia, una fragilidad en potencia, en resumen un ser humano. Y nada la define sino es su vocación por ser alguien que piensa, siente, y actúa libremente. Es a lo que aspiramos todoas, finalmente…
EL: ¿A qué autora te gustaría parecerte en tus cuentos? ¿Referencias inmediatas?
PdS: Me gusta siempre parecerme a mí misma, pero si elegiría a alguien, tal vez me siento cercana de Simone Weil… la filósofa, o no sé, a una Patricia de Souza que vive en constante mutación…
EL: ¿Han entendido las españolas las formas de entender la sexualidad de tus protagonistas o te han planteando dudas y extrañezas?
PdS: Creo que como es un lenguaje directo, pero que exige una dimensión poética al lenguaje, las mujeres, y hombres, se identificarán inmediatamente con los personajes. Esa es la epifanía de la literatura, que sucede conjuntamente con la lectura. El lector, o lectora, traduce el contenido a sus propios códigos y se apropia de él…
EL: Cuéntanos un secreto, Patricia: ¿Por qué tus historias parecen, con todas sus particularidades, pequeños momentos de tu vida, como si fueran pequeñas pinceladas autobiográficas? ¿O es sólo una apreciación nuestra?
PdS: Mnnnn…. Es imposible renunciar al Yo, pero tal vez yo he querido acercarme mucho a otras personas, a otras experiencias, como si fuese yo misma. Entre la realidad y esa ficción, no sé, ¿cuál es el límite? Me pierdo un poco y me satisface hacerlo. Tal vez la frase de Flaubert: Madame Bovary soy yo, lo explique mejor. Pero sí, hay un acto sacrificial en la escritura, lo digo en la nota de la autora, ese ponerse en el lugar de, de prestar su cuerpo, su cabeza, a otroas… Soy yo a través de ellos, de ahí ese flujo erótico, pienso… Esa es la paradoja. Para aquellos que se hayan quedado con más ganas de esta autora, pueden encontrarla en su blog personal: www.palincestos.blogspot.com

Guillermo Arroniz
El libre pensador

20 febrero 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza

No es la primera vez que leo una autora de “América Latina” expresando ideas sobre la libertad sexual, la realización del cuerpo, el deseo de ser en su deseo. Sin embargo la fuerza y el ardor de las mujeres de los relatos de Patricia de Souza no consumen la esencia ni la delicada literatura que vibra en ellos.
Los relatos, breves, exentos de acento dramático o desgarrador, pero intensos, auténticos, de una sinceridad en la voz que se agradece, parecen escenas extraídas aleatoriamente de la vida de una misma mujer que a veces podría creerse que es la propia autora en una autobiografía parcial o deformada por un espejo roto en muchos pedazos. Sin embargo quedan patentes los rasgos identificativos de esas protagonistas, rasgos que las diferencian, especialmente en sus historias, pues en los sentimientos no se muestran muy lejanas unas de otras. Hablan en primera persona de los apetitos sexuales, de sus preferencias, sus fantasías, su iniciación… y en ellas late un feminismo activo, a veces casi se diría que añorante de los hombres y de una libertad de culpa que se les (o nos) atribuye como género, valgan tres ejemplos: “Recuerdo que esa vez yo me estremecí de placer. Pero muy pronto comprendí que ese placer se me hacía sentir como una falta, algo sucio, como yo fuese un ser que carecía del órgano prominente que tenían los varones, y entonces empecé a sentir mucha frustración”.
El otro. Página 37.
“Para un hombre debe de ser lo mismo, con la diferencia de que ellos pueden sentirse menos afectados si separan el deseo del afecto. Están menos señalados por la sociedad y sienten menos culpa. En suma, siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto, pero ¿es siempre necesaria esa división? ¿Por qué de una maldita vez no podemos sentirnos unidas en el deseo? ¿Por qué no podemos vivir las cosas con libertad sin temer la mirada de los de más ni sus juicios? ¿Es un error querer aproximarse a una misma, aceptar las debilidades, los límites? Ésa ha sido mi gran pregunta y mi reclamo constante. Y siempre he sentido que hablaba en el vacío… ¡Ahhhh! Yo sé que me agota tratar de arrancarle a la vida lo que no te ofrece”.
El otro. Páginas 44 y 45.
“Se sentía culpable porque toda falta, toda carencia, nos hace, aunque no lo deseemos, responsables: culpables, culpables”.
El primer hombre. Páginas 60.
Además de esta necesidad por conquistar una libertad sexual y una realización del cuerpo y sus apetencias, que son la vida misma, la esencia de las historias, los personajes se quejan de los hombres, de su falta de compromiso, de su vacuidad, de su incapacidad para comprender el ánimo femenino, mucho más sutil, cambiante pero permanente, mucho más complejo: “Lo miró: no tenía nada de guapo, era una persona de físico insignificante, pero la mirada de su tía había despertado su deseo y construido una cierta mitología alrededor de aquel hombre que parecía ordinario: pocas ambiciones, ningún sueño. Se detuvo a mirar los estantes: vacíos, ni un solo libro, sólo revistas sobre autos o deporte”.
La habitación vacía. Página 24.
“Siempre me han hecho saber que soy muy atractiva, la mayoría de los hombres me estimaba por mi belleza más que por mis ideas, y era, la verdad, agotador. Gustar puede crear una esclavitud irreversible, puede ser una carga más que una liberación. Yo he estado atrapada en mi cuerpo, en la imagen de mujer atractiva que siempre me han impuesto, sin que pueda hacer nada. Un rostro es un rostro, pero un cuerpo… nadie sabe lo que es un cuerpo si no es a través de un rostro que lo contempla”.
Francisco y yo. Páginas 106 y 107.
Sin embargo los hombres y sus imperfecciones o virtudes no son el objeto central de la obra. Lo son las mujeres y su relación con el sexo y a través de este con la vida. Y en el desarrollo de sus ideas, de sus idas y venidas, de sus gustos literarios en lo erótico, de sus trabajos y las experiencias con sus amantes (mayores o más jóvenes que ellas según los casos), Patricia se nos revela como una escritora con una importante vena poética, cálida y húmeda como una flor en mitad de la selva, de un fuerte colorido que queda empañado por el vapor del mismo agua que la rodea: “Él llegó, hermoso como si fuese a una fiesta de bodas, o a un sacrificio. La camisa blanca marcaba sus músculos delgados y se había puesto una sortija en el dedo meñique”.
“Entonces imaginé una escena que siempre me ha acosado, la de Jacob en su lucha con el ángel, escena bíblica que para mí representaba la lucha que cada hombre (o mujer) tiene que librar contra su propio deseo; lucha que muchas veces exige ser valiente y perder el miedo a exponerse y entregarse”.
La escalera de Jacob. Página 77.
Por último, llama la atención la curiosidad de ver un Madrid de fondo en uno de los relatos, donde parece que la autora sitúa el antiguo ayuntamiento en la Plaza Mayor (quizá en realidad la Casa de la Panadería), lo que nos muestra una fisonomía de la ciudad subjetiva pero muy sugerente, pues es cierto que la fábrica no se diferencia demasiado de aquella de la Casa de la Villa: “Llegué antes de la hora y tuve que pasear bajo los soportales de la Plaza Mayor, observando a los vendedores de estampillas… No sé qué pudo suceder en aquel encuentro, pero mientras avanzaba para cruzar la plaza, un ruido agudo me atravesó los oídos, me hizo mirar la parte alta del ayuntamiento, como si algo me fuera a caer encima, produciéndome un sentimiento de pérdida y de vacío”.
La infancia. Página 110.
En resumidas cuentas una obra especial de pequeñas historias que nos hacen pensar sobre los deseos y el deseo de la mujer como algo siempre inexplorado y siempre inexplicado, incapaz de ser analizado bajo la luz de la lógica, sino de la carne y el ritmo, el alma y la apetencia. Una sucesión de relatos donde se defiende con rotundidad una forma y mil formas de situar el sexo en el corazón de la vida… de la mujer.

Guillermo Arroniz
El libre pensador


05 febrero 2009

Erótika, escenas de la vida sexual de Patricia de Souza

«Si no hay amor no hay muerte»

La autora peruana publica «Erótika. Escenas de la vida sexual»

Patricia de Souza es autora de «Electra en la ciudad» (2006) y «El ultimo cuerpo de Ursula» (2000), entre otras obras. Aunque le gusta el frances como caja de resonancia, escribe en castellano para transformar lo que vive en autoficcion, «y a ser posible en primera persona porque es la trascendencia de la propia experiencia». Practica la novela de la reflexion, de la experiencia interior, «con rigor y sin horarios -a la manera proustiana-: cierro las cortinas y empiezo a imaginar, a sentir, a escribir». A caballo entre Lima, Mexico y Paris. «La errancia es mi mejor estado», dice.

«Hablo del cuerpo y el deseo. De la sexualidad como forma de acercarse, con miedo 0 no, a los demas», aclara con conviccion Patricia de Souza a proposito de su octavo libro, «Erotika. Escenas de la vida sexual» (Barataria), que viene a ser algo asi como leer a Cavalcanti con el cuerpo humedo, en un intento de sentirlo todo y de todas las maneras posibles -«el mejor modo de libertad es ir contra los cliches»-. Narrado con lenguaje directo, nos sitúa ante un cuadro cuajado de escenas, y cada «frame verbal» nos acerca a mujeres que desean demasiado y «hombres desfasados con el nuevo rol femenino», deconstruyendo asi las leyendas gestadas en torno a una hembra, su cuerpo y su ansia de trascendencia. «Somos, las escritoras y los escritores, el chivo expiatorio de un conglomerado de personas -matiza- que hacen su particular travesia de indagacion carnal y existencial». Sexo-festivo, sexo-sacrificio, dominacion, sumision ... Todo para recordarnos que «si no se ama no se entra en contacto con la muerte». Soez y refinado, el deseo mueve y conmueve a sus protagonistas, «que lo disfrutan y lo temen», ellas, las hijas de la revolucion cultural que preconizara Simone de Beauvoir, las mismas que se atreven a «salir de su prision» para descubrir placer con desconocidos, dejarse seducir por amantes mayores y que consuman -y consumen- sexo como puente hacia el otro, «como sueño de la union, desde la consciencia de que somos seres separados que no llegamos a trascender esa soledad» ... «A fin de cuentas -resume-, el deseo es lo contrario a la restriccion». Toda la obra de De Souza gira en torno al analisis del discurso ejercido por mujeres y a la demolicion de los generos. Atravesada par influencias eclecticas -lecturas clasicas y modernas; paganas y profanas-, no se siente nieta del boom latinoamericano y si algo proxima a la literatura confesional francesa: «Aunque trato de afinar mi canto para poder entonar mi propia cancion». En esa clave de sol afina las paginas de «Erotika», donde el sexo es «ese gesto humano, trascendental, que mantiene algo salvaje que nos pone en contacto con estados arcaicos y remotos». Como un retorno a la caverna.

Ángeles López
La Razón